Pedro permanecía dormido, boca abajo en la cama de Paula. Abrió
lentamente los ojos y vio que la habitación estaba totalmente a oscuras. Recordó
donde estaba y sonrió tontamente. Giró la cabeza hacia el lado donde había
dormido Paula y alargó el brazo para tocar su cuerpo, pero no lo encontró en la
cama. Miró la hora en el despertador, las once de la mañana. Un suave aroma a
café impregnó sus fosas nasales y supo que su chica se encontraba en la cocina.
Se levantó de la cama, se acercó a la ventana y subió la persiana. Hacía un día
precioso, casi primaveral a pesar de que se encontraban en invierno. Se puso el
pantalón de deporte limpio que tenía en su mochila y nada más. Juraría que
cogió también una camiseta. Pero no la encontró. Sólo con el pantalón puesto,
se fue hacia el baño a asearse antes de encontrarse con Paula. Llegó a la
cocina y ¡allí estaba su camiseta!, puesta sobre los hombros de su chica,
cubriendo sus pechos. Tenía que reconocer que le quedaba mucho mejor a ella que
a él. No podía ver el conjunto completo, puesto que la barra de la cocina se lo
impedía y por eso se acercó hasta ella y le rodeó la cintura con sus brazos,
oprimiendo su pecho contra la espalda de ella.
-Buenos días pequeña-. Le dijo besando su cuello.
-Buenos días -. Dijo Paula.- ¿Quieres desayunar?
-Sólo un café. Pero dime antes una cosa, ¿qué clase de morbo les da a las chicas para ponerse la ropa de los chicos?
-Huele a ti-. Le dijo al darse media vuelta y quedar frente a él-. Ese es mi morbo y sólo me pongo tu ropa, pero si te molesta, me la quito- .Paula tiró de la camiseta a la vez que alzaba sus brazos y se desprendía de ella. Se la tiró a la cara y quedó desnuda ante él.
Pedro arrojó la camiseta al suelo, junto con sus pantalones y se lanzó a por su presa. Paula estaba apoyada en la encimera de la cocina cuando recibió a su cazador. Sus labios se taparon con besos ávidos, sus lenguas combatían en el ring de sus bocas, sin cansarse de luchar la una por la otra. Era la lucha más erótica que jamás habían experimentado. Pedro miró a Paula a los ojos, con una mirada de excitación que hacía arder el cuerpo de ella. Permanecían de pie, los dos, allí en la cocina y ella aferrada al cuello de él. Besó su mandíbula, bajó poco a poco por su garganta con besos sugerentes. Pasó sus labios por el pecho de Pedro, besando ardientemente cada centímetro de esa piel que ardía bajo cada una de sus caricias. Tenía un torso suave, delicioso y ya conocía su sabor. Paula iba deslizándose hacia abajo, por el cuerpo de Pedro. Sus manos abrazaban su espalda que bajaban a medida que lo hacía su boca. Pedro jadeaba, gruñía, gemía ante el acto que su chica le estaba ofreciendo. Era la primera vez que lo poseía de esa manera y había de decir que lo hacía de maravilla.
Pedro comenzó a acariciarlos suavemente con la yema de sus dedos, jugueteando con sus pezones.
-Eres tan preciosa…
Pedro acercó su lengua a los pechos de Paula, lamiéndolos lentamente, notando como sus pezones se endurecían con su contacto. Paula emitió un leve gemido que a Pedro le hizo encenderse de nuevo. Hizo la misma práctica con el otro pecho, esta vez algo más salvaje, ya que el deseo de ambos iba subiendo de grados. Paula retiró la cara de Pedro de sus pechos y se fundió con él en un beso desesperado. Mientras se besaban, una de las manos de Pedro bajó por el cuerpo de ella hasta llegar a su monte de Venus. Con dedos habilidosos fue tocando, poco a poco esa zona tan erógene que la hacía perderse en un mar de placer. Resbalaron un poco más sus dedos, hasta encontrar la apertura perfecta y allí se quedaron dos de ellos. Notaba que su interior estaba húmedo
-Pedro, quiero sentirte dentro de mí-. Le dijo Paula, apartando la mano de su interior.
-Sshhh, tranquila pequeña, eso luego. Tenemos todo el día-. Pedro volvió a meter sus dedos en ella.
-Eres cruel conmigo-. Dijo con un gruñido que iba acompañado de una sonrisa muy sensual.
Pedro le devolvió la misma sonrisa, pero tenía algo entre manos que requería toda su atención.
Los dedos de Pedro eran torturadores, se movían con gran maestría en su interior y a Paula le proporcionaban un placer enorme.
-No puedo más…. ¡Pedro, Pedro, Pedro….!-. Fue lo último que dijo antes de que los temblores le nublaran la razón.
-Me encanta levantarme contigo-. Le susurró al oído al incorporarse del suelo.
-Eres un pervertido-. Dijo ella sonriendo.
-¿Pervertido? ¿Yo? Perdona pequeña, pero has sido tú la que te has desnudado delante de mí, así que no pretendas que ante tal maravilla deje mis manos quietas-. Le dio un beso en el cuello.
Volvía a ganar. Esa mañana había sido ella la que lo había provocado, pero es que ¡era tan fácil provocarlo! Y a ella le encantaba. Le encantaba jugar con él, le encantaba ver como él respondía ante las necesidades de su cuerpo, le encantaba sentirse querida por él. Le encantaba él.
-Me debes un café-. Le dijo Pedro mientras estaban en el baño aseándose-. No hay mejor manera de empezar la mañana que con buen sexo y una buena taza de café-. Pedro vio la sonrisa de Paula reflejada en el espejo.
En ese momento sonó el timbre de casa de Paula.
-¿Esperas a alguien?-. Ella negó con la cabeza-. Ya abro yo- . Dijo Pedro y salió del baño.
Pedro se dirigió hacia la puerta, sólo con los pantalones puestos. La camiseta seguía en el suelo de la cocina y al verla, sonrió. Paula era una chica sorprendente. Fue a abrir con esa sonrisa tonta en los labios, que se desdibujó al ver a las personas que habían llamado.
-Buenos días Pepe.
-Buenos días, Ricardo. Buenos días, María-. Pedro, muerto de vergüenza se hizo a un lado para dejar pasar a los padres de Paula.
Carla no los acompañaba, ya que se había quedado a dormir en casa de una compañera de clase y quedaron en pasar a buscarla después de comer.
-¿Dónde está mi hija?-. Preguntó María, que se quedó embelesada mirando el torso de Pedro. Éste que se había dado cuenta, fue hacia la cocina a recoger su camiseta.
-¡Mamá, papá! ¿Qué hacen por aquí?-. Salió Paula de su habitación, vestida, ya que los había escuchado llegar. ¿A qué venían? ¡Dios, si llegan unos minutos antes…!
-Buenos días, hija. Habíamos pensado en invitarte a comer, pero no sabíamos que tenías compañía-. Su padre se le acercó y le dio un beso en la mejilla.
- Buenos días, cariño-. Su madre también le dio otro beso-. No pasa nada, tú compañía puede venir a comer con nosotros.
-No, no, ustedes vayan a comer, yo ya me marcho-. Pedro no sabía dónde meterse.
-¡Ni hablar! Si eres capaz de pasar la noche con mi hija, también lo eres para comer con nosotros-. Soltó su madre-. Así que vístete que nos vamos-. Pedro miró a Paula, que le respondió alzando los hombros y una sonrisa.
Dejó a sus padres en la cocina, mientras acompañaba a Pedro a la habitación. Lo veía nervioso, casi avergonzado de que sus padres lo hubieran encontrado allí. Esa situación le parecía de lo más cómica.
-¿Cómo sabe tu madre que he pasado la noche aquí?- . Preguntó intrigado.
-Creo que es un sexto sentido que tienes las madres-. Paula le cogió la cara entre las manos-. Pepe, tranquilízate, mis padres saben que estamos juntos-. Le dio un beso en los labios para calmarlo.
-Peque, se que lo saben, pero una cosa es eso y la otra es que me encuentren en tu casa y encima, medio desnudo. Además tu padre es mi jefe-. Pedro estaba sofocado.
-¿Medio desnudo? ¡Dios, habría pagado por ver la cara de mi madre al verte!-. Rió Paula.
-¡Muy graciosa!-. Dijo Pedro sentándose en la cama.
-Pepe, no pasa nada, de verdad. Te prometo que al restaurante al que vamos sirven comida. Mis padres no van a comerte-. Volvió a reír.
-Así que esto te hace gracia… ¡Pues ahora verás!- .Pedro la cogió de la cintura y la tiró a la cama. Se colocó encima de ella y comenzó a hacerle cosquillas. Paula se revolvía entre las manos de Pedro, entre risas y gritándole que parara.
-¡Cariño!, ¿puedo prepararme un café?- . Escucharon la voz de María desde el salón.
-¡Ahora voy, mamá!-. Gritó riendo Paula.
Pedro dejó de hacerle cosquillas y se incorporó de la cama. Ayudó a Paula a levantarse, cogiéndola de las manos y quedando ambos frente a frente. Pedro le acarició el cuello con los pulgares y besó sus labios.
-Te dejo que te vistas mientras voy a prepararte ese café-. Paula se marchó hacia el encuentro con sus padres y la cafetera.
Pedro vio como Paula lo dejaba solo en su habitación. Cogió su mochila y la depositó encima de la cama. La abrió y sacó la ropa que iba a ponerse para salir a comer con ella y sus padres. Sabía que tarde o temprano tenía que pasar por esa fase, pero había sido demasiado pronto. Pero es que todo iba muy rápido entre Paula y él y si lo pensaba fríamente, no le importaba que fuera así. Era una persona adulta y tenía que actuar como tal. Estaba enamorado de ella como jamás lo había estado y ella valía la pena.
-Cariño, me gusta que tomes precauciones-. Le susurró su madre bebiendo el café.
-¿A qué te refieres?-. Preguntó Paula con curiosidad.
- A esto- . Su madre abrió el contenedor de la basura y le señaló el envoltorio del preservativo utilizado la noche anterior. Paula miró a su madre con los mofletes sonrojados.
-Mamá, ¿estás viendo mi basura?-. Ricardo, que estaba en el sofá, leyendo el periódico, giró la cabeza para ver a madre e hija.
-María, ¿qué has hecho?
-¡Yo, nada!, sólo he abierto el cubo de la basura para tirar el pañuelo de papel y….-. Se calló, pensando que era mejor no decirle nada a su marido-. Hija, solo digo que me gusta que tengas sexo seguro. No te sulfures, ¡por Dios! Además, no hablas conmigo de este tema y seguro que a tus amigas les cuentas todos los pormenores-. María sabía que el tono lastimero que había utilizado con su hija surtiría efecto.
-Puedes conmigo, mamá-. Dijo Paula derrotada-. Muy bien, ¿quieres que te cuente?, pues escucha, me encanta hacer el amor con él, cómo me hace sentir, cómo me toca. Y ayer por la noche lo hicimos y esta mañana también hemos tenido sexo, aquí, en la cocina, unos minutos antes de que llegarais. ¿Contenta?
-¿Aquí, en la cocina, en la encimera…?-. No terminó la frase, pues la mente de María fue recreando una imagen-. Tendré que proponérselo a tu padre-. Dijo, que rió junto con Paula.
Se dieron media vuelta y vieron que tanto Ricardo como Pedro estaban observándolas atónitos, tras escuchar las palabras de las dos mujeres que dejaron de reír enseguida.
-Es bueno saber que sólo nos quieren para el sexo-. Concluyó su padre.
María fue hacia su marido y le regaló un beso en los labios, con el cuál le quiso demostrar que no sólo lo quería para eso. Pedro fue en busca de ese café que esa mañana había demorado demasiado. Paula se lo ofreció, con una mirada de disculpa y una sonrisa contenida. Pedro la miraba perplejo y con semblante serio, no dejaba de pensar que estaba enamorado de una chica que era una fuente inagotable de sorpresas. Estaba tan preciosa cuando se sentía arropada por los suyos, cuando se relajaba, que no pudo contenerse y, dejando su café en la famosa encimera, besó a Paula con dulzura en los labios. No le importó que sus padres lo vieran, total, ya sabían que follaban, así que para qué esconder sus sentimientos.
Salieron los cuatro del piso de Paula en dirección al restaurante. Ricardo había hecho una reserva para tres, así que había tenido que llamar al encargado para comentarle que serían uno más. No había problema, ya que el restaurante al que se dirigían era regentado por un amigo de su padre. Quedaba un poco lejos de su casa, pero el día acompañaba a salir a pasear, y que mejor manera que hacerlo de la mano de Pedro, que cuando se la cogió no la apartó, sino todo lo contrario, la agarró con fuerza y la besó. Paula no podía sentirse mejor. Estaba completa con él, contenta, feliz. ¿Era un sueño lo que estaba viviendo o era real? ¿Podría romperse esa felicidad? Probablemente.
Llegaron al restaurante y se sentaron en la mesa que tenían preparada. El restaurante ofrecía todas las noches cena con espectáculo, magia, monólogos y los fines de semana, a la hora de comer, actuaba un grupo de jazz. Por eso el local, estaba dividido en varios comedores, uno con espectáculo y el otro algo más íntimo. Ellos estaban colocados junto al grupo de música. Llegó el camarero y les entregó la carta con el menú. Pidieron los platos; una ensalada de queso parmesano con nueces y vinagre de modena de ternera con salsa de setas. Y para beber, un vino de la casa. Durante la comida, la charla que mantuvieron fue bastante correcta y cordial. Hablaron del proyecto del gimnasio, que al día siguiente Paula tenía que enseñárselo a su padre para que diera el visto bueno, o no, de cómo Pedro decidió hacerse profesor, de cómo sus padres se conocieron, revelando que Ricardo no era el padre biológico de Paula. Pedro dejó que María le explicara prácticamente todo lo que su chica le había contado días antes, pero no pregunto nada, no hizo ningún comentario al respecto. No quería que ninguno de allí se sintiera incómodo por una confesión como aquella. Actuó igual que cuando Paula se sinceró, sólo estaba allí como un espectador. Terminaron de comer y pasaron al postre, a un delicioso pastel de chocolate. Cuando dejaron de saborearlo y antes del café, Paula se levantó para ir al baño, dejándolos a los tres en la mesa y esperando que Pedro no se sintiera molesto por su escapada. Para llegar hasta el baño, tenía que pasar por el pasillo que daba al otro comedor. Vio a una pareja que creyó conocer, al menos a la chica. Ésta la vio, y se levantó de la silla para saludarla.
-¡Hola Pau!-. Le dijo Alba al abrazarla.
-¡Hola Albi! ¿Qué haces aquí? Y ¿quién es ese? –. Señaló Paula al acompañante de su hermana.
-Se llama Marc y bueno, estamos saliendo. ¿Y tú, con quién has venido?
-¡Mala hermana, no me lo has contado! Pero ya me darás detalles. Estoy aquí con papá y mamá…..y con Pedro.
-¿Pedro? ¿Ahora quien es la mala hermana?-. Rieron. Alba le hizo una señal a su chico para que se acercara a ellas. Le presentó a Paula y mientras ésta iba al baño, Alba y Marc se fueron al otro comedor a saludar a sus padres.
-¡Hola pa, hola María!
-¡Hola hija, qué sorpresa!- . Dijo Ricardo besándola en ambas mejillas.
María se levantó para darle un abrazo y poder tener mejor vista del chico que la acompañaba. También era muy guapo, con el pelo algo largo para su gusto, rubio, con los ojos azules y una sonrisa preciosa. Era bastante alto y se veía musculoso. Sus padres lo saludaron. Pedro se había levantado de la silla sin poder creer lo que veía. Esas dos personas, la hermana de Paula y su novio. No podía ser verdad.
-¡Pedro, amigo, no esperaba verte aquí!-. Lo saludó Marc estrechando su mano.
-¡Pedro, cuánto tiempo!-. A Alba le había costado un poco reconocerlo, pero cuando lo hizo, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.
-¿Se conocen?-. Preguntó Paula que había vuelto del baño y había visto toda la escena.
-Si, Pedro y yo somos amigos desde hace muchos años-. Aclaró Marc.
-Marc, te presento a Paula-. Dijo Paula.
-Nos ha presentado Alba. Así que tú eres la famosa Paula. Pedro me ha hablado muchísimo de ti-. Marc le dio dos besos de nuevo.
-Alba ¿de qué lo conoces tú?-. Preguntó María muerta de curiosidad
-Eeee, pues…..de nuestra época universitaria. Marc, será mejor que nos vayamos-. Alba no sabía cómo salir de aquello, así que optó por despedirse y marcharse de allí.
Ricardo, María y Paula se quedaron asombrados ante las prisas de su hija y hermana respectivamente. Esa respuesta que les había dado era un tanto escueta y a la vez sospechosa. A Paula no le gustó nada y sabía que ahí había algo escondido. Las universidades en las que ambos habían estudiado no estaban precisamente en el mismo campus. Y recordó que Raquel le había hablado de relaciones que su chico tuvo durante los años universitarios. Miró a Pedro de reojo, parecía contrariado y bastante sorprendido por saber que Alba era su hermana. Aunque hacía poco que se conocían, sabía muy bien cuando algo lo torturaba. Sus ojos se encontraron los de Paula y ésta le acarició su mano por debajo de la mesa, con un gesto tranquilizador. Su mente iba a mil por hora, pensando, imaginando de qué se conocían realmente. ¿Era tan malo como para que su hermana contestara así? Salieron del restaurante, no sin antes su padre abonar la cuenta. Fueron los cuatro hasta el piso de Paula, donde sus padres tenían el coche aparcado. Se despidieron de ellos y se marcharon a buscar a Carla. Ella y Pedro subieron a su casa. Durante todo el camino él no abrió la boca, a no ser que alguien le hubiera preguntado alguna cosa.
-Pedro, ¿qué te pasa?-. Preguntó Paula preocupada.
Pedro se sentó en el sofá y se tapó la cara con las manos. Paula se arrodilló delante de él y se las separó. Las apoyó sobre sus rodillas, mientras Pedro tenía la cabeza agachada y los ojos cerrados. Paula cogió su barbilla con una mano y lo obligó a mirarla.
-Mírame Pedro, por favor-. Alzó la cabeza, abrió los ojos y la miró-. Dime, que es lo que ocurre. ¿Qué ha pasado entre mi hermana y tú?
Tenía que decirle la verdad, no podía ocultárselo y qué mejor que se enterara por él y no por terceras personas. Él siempre decía que para que una relación funcionara tenía que haber respeto y sinceridad, aunque nunca había tenido nada serio, lo creía así. Y si quería empezar bien con Paula tenía que ser honesto con ella, al igual que ella lo fue con él.
-Paula-. Carraspeó-. Tu hermana y yo estuvimos juntos hace años-. Soltó de carrerilla.
-¿Qué quieres decir exactamente con estuvimos juntos?- . La voz de Paula era temblorosa.
-Nos conocimos en una fiesta universitaria cuando todavía estudiábamos. Y a partir de esa noche pues….
-¿Pues qué?, continúa.
-¡Joder Paula!-. Dijo Pedro levantándose del sofá alterado-. ¿De verdad quieres saberlo?-. Ella afirmó con la cabeza, pero con un nudo que le oprimía el estómago-. Vale, está bien, quieres saber más, pues ahí va. Esa misma noche nos acostamos. En principio sólo tenía que ser eso, sexo, pero un día por casualidad nos volvimos a encontrar en otra fiesta y volvimos a acostarnos. A partir de ahí, nos fuimos viendo más a menudo, nos fuimos conociendo mejor y quedábamos para ir a cenar, ir a las fiestas juntos y todo eso. Duró unos meses, hasta que nos dimos cuenta de que éramos más bien amigos que otra cosa. Amigos con derecho a roce, si quieres llamarlo así. Después llegó la época de exámenes y entre unas cosas y otras, dejamos de vernos y perdimos el contacto. Y no he vuelto a verla hasta hoy.
Ambos se quedaron en silencio. Pedro miraba a Paula, quería interpretar la expresión de su cara. Ella se había quedado sin saber qué decir.
¡Para qué he preguntado!
La cabeza le daba vueltas, imaginándose a su novio y a su hermana acostados, compartiendo cama, teniendo sexo juntos, desnudos, tocándose, él dentro de ella, haciéndole las cosas que le hacía a ella…. ¡Sácate toda esa mierda de la cabeza o te volverás loca! Paula no pudo evitar dejar brotar una lágrima.
-No pienses esas cosas, peque, por favor-. Le dijo Pedro que sabía lo que estaba pensando. Se sentó junto a ella y secó esa lágrima con un beso. La abrazó por los hombros y la atrajo hacia sí.
-¿Nunca te enamoraste de ella? ¿No hubo nada más que amistad, sexo?
-Ni yo me enamoré de Alba ni ella de mí. Nos llevábamos muy bien, teníamos cosas en común y nos agradaba estar el uno con el otro. Pero sólo como amigos, aun habiendo sexo de por medio. No te voy a negar que tu hermana es una chica muy atractiva, y seguro que más de uno ha perdido la cabeza por ella, pero yo no soy uno de ellos. De la única mujer de la que me he enamorado es de ti-. Paula enterró la cara entre su hombro y su cuello, sollozando.
-Pedro, ¿te importaría dejarme sola?-. Le dijo con los ojos clavados en él.
A Pedro le sorprendió aquella pregunta, y temió al oírla. Si dejaba sola a Paula sería capaz de comerse la cabeza con ideas absurdas que sólo servirían para atormentarla y alejarla de él. Pero era lo que ella le había pedido, así que no iba a oponerse. Se levantó del sofá y fue hacia la habitación de Paula a recoger su mochila. Antes de irse, rodeó a Paula con sus brazos para que supiera que él estaba allí, con ella. Y salió de su casa. Al encontrarse sola, Paula se derrumbó en el sofá y empezó a llorar. Sus lágrimas resbalaban por su rostro, ahogando sus sollozos entre los cojines. No sabía cómo se sentía ni qué sentía en ese momento. Cierto era que Pedro no la había engañado, que eso ocurrió hacía muchos años y además le había explicado cómo fue, pero ella se sentía dolida. ¿Dolida? ¿Por qué? ¡Dios, estaba hecha un lío! ¿Por qué se comía la cabeza de aquella manera? Su mente volvía otra vez a las imágenes anteriores…de ellos dos, ahí, dale que te pego… ¿Y si pensaba en su hermana cuando hacía el amor con ella? Le había molestado más saber que Pedro había estado con Alba que enterarse de que había sido todo un ligón. ¿Es que no podía tener una relación normal? Claro que la tenía, con Pedro. Él era un chico increíble, excepcional y no podía permitirse el lujo de perderlo por algo que pasó hacía mucho tiempo. El problema era ella, que tenía que asimilarlo e iba a hacerlo, pero con él a su lado. Decidida, cogió su móvil para llamarlo, pero antes sonó el timbre de la puerta. Se secó las lágrimas con la manga de la camiseta y se sorbió la nariz antes de abrir.
-Hola Pau, ¿podemos pasar?-. Preguntó Alba, que venía acompañada por Marc. Paula los invitó a entrar.
-¿No está Pedro contigo?-. Paula negó con la cabeza-. ¿Estás bien?-. Paula afirmó con la cabeza. Alba vio que su hermana había estado llorando.
-Quería hablar contigo de lo que ha pasado hoy.
-No tienes que explicarme nada. Pedro me lo ha contado.
-Pero, tenía la necesidad de venir y contarte lo que pasó. Marc también lo sabe, así que he preferido venir con él y hablar claro. No sé bien que es lo que te ha dicho Pedro, pero aquello pasó hace mucho y créeme cuando te digo que nunca estuvimos enamorados, que no nos rompimos el corazón ni nada parecido. Quizás suene mal, pero sólo fue sexo con un gran amigo, nada más. Pero no podía decirlo allí, delante de todos, y menos de papá y mamá. Tenía que respetaros a ustedes dos. Y mírate Paula como estás, hecha un paño de lágrimas-. Alba abrazó a su hermana-. ¿Qué ha pasado entre Pepe y tú cuando lo has sabido?
-Él me ha dicho lo mismo que tú. ¿Y qué ha pasado?, pues que he sido una tarada, como siempre. Al saberlo, mi imaginación ha ido a su rollo y ha empezado a…bueno, a eso….ya sabes…
-¡¿Te has estado imaginando a Pedro y a mí en plena faena?!-. Alba no pudo contener la risa y comenzó a estallar en carcajadas.
Marc y Paula se miraron con cara de no entender nada. Alba seguía riendo, pero cuando los miró a ambos, serios, su sonrisa se fue cerrando hasta que finalmente su boca se selló.
-No tiene gracia, nena-. Le dijo Marc-. Pau, ¿puedo decirte una cosa?-Paula le dijo que sí-. Sé que no nos conocemos, pero intenta quitarte esa imagen de la cabeza, no es sano. Pedro es la mejor persona que he conocido nunca y no sabes hasta qué punto está enamorado de ti. Así que si quieres un consejo, olvida lo que ha pasado entre ellos y vive la vida a su lado-. A Paula no le extrañaba nada que Marc fuera amigo de Pedro, hablaban igual, con esa serenidad que ella encontraba encantadora.
-Será mejor que nos vayamos-. Dijo Alba a su chico-. Paula, arregla las cosas con Pedro y haz el favor de no pensar en cosas que no tienen sentido.
Alba abrazó de nuevo a su hermana y besó sus mejillas para despedirse. Marc también la besó y ambos abandonaron el piso. Cogió de nuevo su móvil y marcó el número de Pedro. Esperó hasta cinco tonos y cuando salió el buzón de voz, colgó. Pensó en enviarle un Line, resumiendo lo que quería decirle.
“Siento haberte pedido que te marcharas. Te echo de menos. Me he acostumbrado a ti, a dormir contigo y me siento vacía sin ti”.
Ya está, ya lo había enviado y ahora tocaba esperar a que él contestara. Pasaron varios minutos, y otros más y nada, no había respuesta de Pedro. No había contestado a su llamada, ni a su mensaje.
¡Mierda, mierda, mierda! ¡Joder, he metido la pata pero bien!
Sin respuestas de Pedro, entendía que se había enfadado con ella y que no quería hablar. Paula se estaba poniendo nerviosa y respiraba con dificultad. Volvieron a bajar lágrimas por sus mejillas cuando el timbre de su casa sonó. Paula fue hacia la puerta, importándole bien poco que quien estuviera detrás la viese con ese aspecto.
-Hola peque.
-Pepe-. Paula se abalanzó sobre él, abrazándolo por el cuello. Pedro la acogió en sus brazos, entrando en su casa y cerrando la puerta con un golpe de pie.
-Lo siento Pepe, lo siento muchísimo-. Paula seguía llorando, pero esta vez sus lágrimas eran de alivio.
-No tienes que pedirme perdón por nada, sólo deja de llorar, por favor, me estás poniendo perdido- .Dijo Pedro sonriendo, contagiando a Paula. Cogió su cara con las manos para mirarla-. ¿Me prometes que queda zanjado este tema y que no vas a volver a pensar cosas raras?-. Paula afirmó. Pedro cubrió sus labios con un beso tierno y se fundieron en un cálido abrazo. Paula estaba completamente relajada y notó que él también lo estaba.
-¿Te quedas a dormir conmigo?-. Preguntó Paula sin separarse del abrazo.
-Es lo que me has pedido, ¿no? Además no pienso irme a ningún sitio sin ti-. Pedro la cogió en brazos y se la llevó a la cama.
-Buenos días pequeña-. Le dijo besando su cuello.
-Buenos días -. Dijo Paula.- ¿Quieres desayunar?
-Sólo un café. Pero dime antes una cosa, ¿qué clase de morbo les da a las chicas para ponerse la ropa de los chicos?
-Huele a ti-. Le dijo al darse media vuelta y quedar frente a él-. Ese es mi morbo y sólo me pongo tu ropa, pero si te molesta, me la quito- .Paula tiró de la camiseta a la vez que alzaba sus brazos y se desprendía de ella. Se la tiró a la cara y quedó desnuda ante él.
Pedro arrojó la camiseta al suelo, junto con sus pantalones y se lanzó a por su presa. Paula estaba apoyada en la encimera de la cocina cuando recibió a su cazador. Sus labios se taparon con besos ávidos, sus lenguas combatían en el ring de sus bocas, sin cansarse de luchar la una por la otra. Era la lucha más erótica que jamás habían experimentado. Pedro miró a Paula a los ojos, con una mirada de excitación que hacía arder el cuerpo de ella. Permanecían de pie, los dos, allí en la cocina y ella aferrada al cuello de él. Besó su mandíbula, bajó poco a poco por su garganta con besos sugerentes. Pasó sus labios por el pecho de Pedro, besando ardientemente cada centímetro de esa piel que ardía bajo cada una de sus caricias. Tenía un torso suave, delicioso y ya conocía su sabor. Paula iba deslizándose hacia abajo, por el cuerpo de Pedro. Sus manos abrazaban su espalda que bajaban a medida que lo hacía su boca. Pedro jadeaba, gruñía, gemía ante el acto que su chica le estaba ofreciendo. Era la primera vez que lo poseía de esa manera y había de decir que lo hacía de maravilla.
Pedro comenzó a acariciarlos suavemente con la yema de sus dedos, jugueteando con sus pezones.
-Eres tan preciosa…
Pedro acercó su lengua a los pechos de Paula, lamiéndolos lentamente, notando como sus pezones se endurecían con su contacto. Paula emitió un leve gemido que a Pedro le hizo encenderse de nuevo. Hizo la misma práctica con el otro pecho, esta vez algo más salvaje, ya que el deseo de ambos iba subiendo de grados. Paula retiró la cara de Pedro de sus pechos y se fundió con él en un beso desesperado. Mientras se besaban, una de las manos de Pedro bajó por el cuerpo de ella hasta llegar a su monte de Venus. Con dedos habilidosos fue tocando, poco a poco esa zona tan erógene que la hacía perderse en un mar de placer. Resbalaron un poco más sus dedos, hasta encontrar la apertura perfecta y allí se quedaron dos de ellos. Notaba que su interior estaba húmedo
-Pedro, quiero sentirte dentro de mí-. Le dijo Paula, apartando la mano de su interior.
-Sshhh, tranquila pequeña, eso luego. Tenemos todo el día-. Pedro volvió a meter sus dedos en ella.
-Eres cruel conmigo-. Dijo con un gruñido que iba acompañado de una sonrisa muy sensual.
Pedro le devolvió la misma sonrisa, pero tenía algo entre manos que requería toda su atención.
Los dedos de Pedro eran torturadores, se movían con gran maestría en su interior y a Paula le proporcionaban un placer enorme.
-No puedo más…. ¡Pedro, Pedro, Pedro….!-. Fue lo último que dijo antes de que los temblores le nublaran la razón.
-Me encanta levantarme contigo-. Le susurró al oído al incorporarse del suelo.
-Eres un pervertido-. Dijo ella sonriendo.
-¿Pervertido? ¿Yo? Perdona pequeña, pero has sido tú la que te has desnudado delante de mí, así que no pretendas que ante tal maravilla deje mis manos quietas-. Le dio un beso en el cuello.
Volvía a ganar. Esa mañana había sido ella la que lo había provocado, pero es que ¡era tan fácil provocarlo! Y a ella le encantaba. Le encantaba jugar con él, le encantaba ver como él respondía ante las necesidades de su cuerpo, le encantaba sentirse querida por él. Le encantaba él.
-Me debes un café-. Le dijo Pedro mientras estaban en el baño aseándose-. No hay mejor manera de empezar la mañana que con buen sexo y una buena taza de café-. Pedro vio la sonrisa de Paula reflejada en el espejo.
En ese momento sonó el timbre de casa de Paula.
-¿Esperas a alguien?-. Ella negó con la cabeza-. Ya abro yo- . Dijo Pedro y salió del baño.
Pedro se dirigió hacia la puerta, sólo con los pantalones puestos. La camiseta seguía en el suelo de la cocina y al verla, sonrió. Paula era una chica sorprendente. Fue a abrir con esa sonrisa tonta en los labios, que se desdibujó al ver a las personas que habían llamado.
-Buenos días Pepe.
-Buenos días, Ricardo. Buenos días, María-. Pedro, muerto de vergüenza se hizo a un lado para dejar pasar a los padres de Paula.
Carla no los acompañaba, ya que se había quedado a dormir en casa de una compañera de clase y quedaron en pasar a buscarla después de comer.
-¿Dónde está mi hija?-. Preguntó María, que se quedó embelesada mirando el torso de Pedro. Éste que se había dado cuenta, fue hacia la cocina a recoger su camiseta.
-¡Mamá, papá! ¿Qué hacen por aquí?-. Salió Paula de su habitación, vestida, ya que los había escuchado llegar. ¿A qué venían? ¡Dios, si llegan unos minutos antes…!
-Buenos días, hija. Habíamos pensado en invitarte a comer, pero no sabíamos que tenías compañía-. Su padre se le acercó y le dio un beso en la mejilla.
- Buenos días, cariño-. Su madre también le dio otro beso-. No pasa nada, tú compañía puede venir a comer con nosotros.
-No, no, ustedes vayan a comer, yo ya me marcho-. Pedro no sabía dónde meterse.
-¡Ni hablar! Si eres capaz de pasar la noche con mi hija, también lo eres para comer con nosotros-. Soltó su madre-. Así que vístete que nos vamos-. Pedro miró a Paula, que le respondió alzando los hombros y una sonrisa.
Dejó a sus padres en la cocina, mientras acompañaba a Pedro a la habitación. Lo veía nervioso, casi avergonzado de que sus padres lo hubieran encontrado allí. Esa situación le parecía de lo más cómica.
-¿Cómo sabe tu madre que he pasado la noche aquí?- . Preguntó intrigado.
-Creo que es un sexto sentido que tienes las madres-. Paula le cogió la cara entre las manos-. Pepe, tranquilízate, mis padres saben que estamos juntos-. Le dio un beso en los labios para calmarlo.
-Peque, se que lo saben, pero una cosa es eso y la otra es que me encuentren en tu casa y encima, medio desnudo. Además tu padre es mi jefe-. Pedro estaba sofocado.
-¿Medio desnudo? ¡Dios, habría pagado por ver la cara de mi madre al verte!-. Rió Paula.
-¡Muy graciosa!-. Dijo Pedro sentándose en la cama.
-Pepe, no pasa nada, de verdad. Te prometo que al restaurante al que vamos sirven comida. Mis padres no van a comerte-. Volvió a reír.
-Así que esto te hace gracia… ¡Pues ahora verás!- .Pedro la cogió de la cintura y la tiró a la cama. Se colocó encima de ella y comenzó a hacerle cosquillas. Paula se revolvía entre las manos de Pedro, entre risas y gritándole que parara.
-¡Cariño!, ¿puedo prepararme un café?- . Escucharon la voz de María desde el salón.
-¡Ahora voy, mamá!-. Gritó riendo Paula.
Pedro dejó de hacerle cosquillas y se incorporó de la cama. Ayudó a Paula a levantarse, cogiéndola de las manos y quedando ambos frente a frente. Pedro le acarició el cuello con los pulgares y besó sus labios.
-Te dejo que te vistas mientras voy a prepararte ese café-. Paula se marchó hacia el encuentro con sus padres y la cafetera.
Pedro vio como Paula lo dejaba solo en su habitación. Cogió su mochila y la depositó encima de la cama. La abrió y sacó la ropa que iba a ponerse para salir a comer con ella y sus padres. Sabía que tarde o temprano tenía que pasar por esa fase, pero había sido demasiado pronto. Pero es que todo iba muy rápido entre Paula y él y si lo pensaba fríamente, no le importaba que fuera así. Era una persona adulta y tenía que actuar como tal. Estaba enamorado de ella como jamás lo había estado y ella valía la pena.
-Cariño, me gusta que tomes precauciones-. Le susurró su madre bebiendo el café.
-¿A qué te refieres?-. Preguntó Paula con curiosidad.
- A esto- . Su madre abrió el contenedor de la basura y le señaló el envoltorio del preservativo utilizado la noche anterior. Paula miró a su madre con los mofletes sonrojados.
-Mamá, ¿estás viendo mi basura?-. Ricardo, que estaba en el sofá, leyendo el periódico, giró la cabeza para ver a madre e hija.
-María, ¿qué has hecho?
-¡Yo, nada!, sólo he abierto el cubo de la basura para tirar el pañuelo de papel y….-. Se calló, pensando que era mejor no decirle nada a su marido-. Hija, solo digo que me gusta que tengas sexo seguro. No te sulfures, ¡por Dios! Además, no hablas conmigo de este tema y seguro que a tus amigas les cuentas todos los pormenores-. María sabía que el tono lastimero que había utilizado con su hija surtiría efecto.
-Puedes conmigo, mamá-. Dijo Paula derrotada-. Muy bien, ¿quieres que te cuente?, pues escucha, me encanta hacer el amor con él, cómo me hace sentir, cómo me toca. Y ayer por la noche lo hicimos y esta mañana también hemos tenido sexo, aquí, en la cocina, unos minutos antes de que llegarais. ¿Contenta?
-¿Aquí, en la cocina, en la encimera…?-. No terminó la frase, pues la mente de María fue recreando una imagen-. Tendré que proponérselo a tu padre-. Dijo, que rió junto con Paula.
Se dieron media vuelta y vieron que tanto Ricardo como Pedro estaban observándolas atónitos, tras escuchar las palabras de las dos mujeres que dejaron de reír enseguida.
-Es bueno saber que sólo nos quieren para el sexo-. Concluyó su padre.
María fue hacia su marido y le regaló un beso en los labios, con el cuál le quiso demostrar que no sólo lo quería para eso. Pedro fue en busca de ese café que esa mañana había demorado demasiado. Paula se lo ofreció, con una mirada de disculpa y una sonrisa contenida. Pedro la miraba perplejo y con semblante serio, no dejaba de pensar que estaba enamorado de una chica que era una fuente inagotable de sorpresas. Estaba tan preciosa cuando se sentía arropada por los suyos, cuando se relajaba, que no pudo contenerse y, dejando su café en la famosa encimera, besó a Paula con dulzura en los labios. No le importó que sus padres lo vieran, total, ya sabían que follaban, así que para qué esconder sus sentimientos.
Salieron los cuatro del piso de Paula en dirección al restaurante. Ricardo había hecho una reserva para tres, así que había tenido que llamar al encargado para comentarle que serían uno más. No había problema, ya que el restaurante al que se dirigían era regentado por un amigo de su padre. Quedaba un poco lejos de su casa, pero el día acompañaba a salir a pasear, y que mejor manera que hacerlo de la mano de Pedro, que cuando se la cogió no la apartó, sino todo lo contrario, la agarró con fuerza y la besó. Paula no podía sentirse mejor. Estaba completa con él, contenta, feliz. ¿Era un sueño lo que estaba viviendo o era real? ¿Podría romperse esa felicidad? Probablemente.
Llegaron al restaurante y se sentaron en la mesa que tenían preparada. El restaurante ofrecía todas las noches cena con espectáculo, magia, monólogos y los fines de semana, a la hora de comer, actuaba un grupo de jazz. Por eso el local, estaba dividido en varios comedores, uno con espectáculo y el otro algo más íntimo. Ellos estaban colocados junto al grupo de música. Llegó el camarero y les entregó la carta con el menú. Pidieron los platos; una ensalada de queso parmesano con nueces y vinagre de modena de ternera con salsa de setas. Y para beber, un vino de la casa. Durante la comida, la charla que mantuvieron fue bastante correcta y cordial. Hablaron del proyecto del gimnasio, que al día siguiente Paula tenía que enseñárselo a su padre para que diera el visto bueno, o no, de cómo Pedro decidió hacerse profesor, de cómo sus padres se conocieron, revelando que Ricardo no era el padre biológico de Paula. Pedro dejó que María le explicara prácticamente todo lo que su chica le había contado días antes, pero no pregunto nada, no hizo ningún comentario al respecto. No quería que ninguno de allí se sintiera incómodo por una confesión como aquella. Actuó igual que cuando Paula se sinceró, sólo estaba allí como un espectador. Terminaron de comer y pasaron al postre, a un delicioso pastel de chocolate. Cuando dejaron de saborearlo y antes del café, Paula se levantó para ir al baño, dejándolos a los tres en la mesa y esperando que Pedro no se sintiera molesto por su escapada. Para llegar hasta el baño, tenía que pasar por el pasillo que daba al otro comedor. Vio a una pareja que creyó conocer, al menos a la chica. Ésta la vio, y se levantó de la silla para saludarla.
-¡Hola Pau!-. Le dijo Alba al abrazarla.
-¡Hola Albi! ¿Qué haces aquí? Y ¿quién es ese? –. Señaló Paula al acompañante de su hermana.
-Se llama Marc y bueno, estamos saliendo. ¿Y tú, con quién has venido?
-¡Mala hermana, no me lo has contado! Pero ya me darás detalles. Estoy aquí con papá y mamá…..y con Pedro.
-¿Pedro? ¿Ahora quien es la mala hermana?-. Rieron. Alba le hizo una señal a su chico para que se acercara a ellas. Le presentó a Paula y mientras ésta iba al baño, Alba y Marc se fueron al otro comedor a saludar a sus padres.
-¡Hola pa, hola María!
-¡Hola hija, qué sorpresa!- . Dijo Ricardo besándola en ambas mejillas.
María se levantó para darle un abrazo y poder tener mejor vista del chico que la acompañaba. También era muy guapo, con el pelo algo largo para su gusto, rubio, con los ojos azules y una sonrisa preciosa. Era bastante alto y se veía musculoso. Sus padres lo saludaron. Pedro se había levantado de la silla sin poder creer lo que veía. Esas dos personas, la hermana de Paula y su novio. No podía ser verdad.
-¡Pedro, amigo, no esperaba verte aquí!-. Lo saludó Marc estrechando su mano.
-¡Pedro, cuánto tiempo!-. A Alba le había costado un poco reconocerlo, pero cuando lo hizo, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.
-¿Se conocen?-. Preguntó Paula que había vuelto del baño y había visto toda la escena.
-Si, Pedro y yo somos amigos desde hace muchos años-. Aclaró Marc.
-Marc, te presento a Paula-. Dijo Paula.
-Nos ha presentado Alba. Así que tú eres la famosa Paula. Pedro me ha hablado muchísimo de ti-. Marc le dio dos besos de nuevo.
-Alba ¿de qué lo conoces tú?-. Preguntó María muerta de curiosidad
-Eeee, pues…..de nuestra época universitaria. Marc, será mejor que nos vayamos-. Alba no sabía cómo salir de aquello, así que optó por despedirse y marcharse de allí.
Ricardo, María y Paula se quedaron asombrados ante las prisas de su hija y hermana respectivamente. Esa respuesta que les había dado era un tanto escueta y a la vez sospechosa. A Paula no le gustó nada y sabía que ahí había algo escondido. Las universidades en las que ambos habían estudiado no estaban precisamente en el mismo campus. Y recordó que Raquel le había hablado de relaciones que su chico tuvo durante los años universitarios. Miró a Pedro de reojo, parecía contrariado y bastante sorprendido por saber que Alba era su hermana. Aunque hacía poco que se conocían, sabía muy bien cuando algo lo torturaba. Sus ojos se encontraron los de Paula y ésta le acarició su mano por debajo de la mesa, con un gesto tranquilizador. Su mente iba a mil por hora, pensando, imaginando de qué se conocían realmente. ¿Era tan malo como para que su hermana contestara así? Salieron del restaurante, no sin antes su padre abonar la cuenta. Fueron los cuatro hasta el piso de Paula, donde sus padres tenían el coche aparcado. Se despidieron de ellos y se marcharon a buscar a Carla. Ella y Pedro subieron a su casa. Durante todo el camino él no abrió la boca, a no ser que alguien le hubiera preguntado alguna cosa.
-Pedro, ¿qué te pasa?-. Preguntó Paula preocupada.
Pedro se sentó en el sofá y se tapó la cara con las manos. Paula se arrodilló delante de él y se las separó. Las apoyó sobre sus rodillas, mientras Pedro tenía la cabeza agachada y los ojos cerrados. Paula cogió su barbilla con una mano y lo obligó a mirarla.
-Mírame Pedro, por favor-. Alzó la cabeza, abrió los ojos y la miró-. Dime, que es lo que ocurre. ¿Qué ha pasado entre mi hermana y tú?
Tenía que decirle la verdad, no podía ocultárselo y qué mejor que se enterara por él y no por terceras personas. Él siempre decía que para que una relación funcionara tenía que haber respeto y sinceridad, aunque nunca había tenido nada serio, lo creía así. Y si quería empezar bien con Paula tenía que ser honesto con ella, al igual que ella lo fue con él.
-Paula-. Carraspeó-. Tu hermana y yo estuvimos juntos hace años-. Soltó de carrerilla.
-¿Qué quieres decir exactamente con estuvimos juntos?- . La voz de Paula era temblorosa.
-Nos conocimos en una fiesta universitaria cuando todavía estudiábamos. Y a partir de esa noche pues….
-¿Pues qué?, continúa.
-¡Joder Paula!-. Dijo Pedro levantándose del sofá alterado-. ¿De verdad quieres saberlo?-. Ella afirmó con la cabeza, pero con un nudo que le oprimía el estómago-. Vale, está bien, quieres saber más, pues ahí va. Esa misma noche nos acostamos. En principio sólo tenía que ser eso, sexo, pero un día por casualidad nos volvimos a encontrar en otra fiesta y volvimos a acostarnos. A partir de ahí, nos fuimos viendo más a menudo, nos fuimos conociendo mejor y quedábamos para ir a cenar, ir a las fiestas juntos y todo eso. Duró unos meses, hasta que nos dimos cuenta de que éramos más bien amigos que otra cosa. Amigos con derecho a roce, si quieres llamarlo así. Después llegó la época de exámenes y entre unas cosas y otras, dejamos de vernos y perdimos el contacto. Y no he vuelto a verla hasta hoy.
Ambos se quedaron en silencio. Pedro miraba a Paula, quería interpretar la expresión de su cara. Ella se había quedado sin saber qué decir.
¡Para qué he preguntado!
La cabeza le daba vueltas, imaginándose a su novio y a su hermana acostados, compartiendo cama, teniendo sexo juntos, desnudos, tocándose, él dentro de ella, haciéndole las cosas que le hacía a ella…. ¡Sácate toda esa mierda de la cabeza o te volverás loca! Paula no pudo evitar dejar brotar una lágrima.
-No pienses esas cosas, peque, por favor-. Le dijo Pedro que sabía lo que estaba pensando. Se sentó junto a ella y secó esa lágrima con un beso. La abrazó por los hombros y la atrajo hacia sí.
-¿Nunca te enamoraste de ella? ¿No hubo nada más que amistad, sexo?
-Ni yo me enamoré de Alba ni ella de mí. Nos llevábamos muy bien, teníamos cosas en común y nos agradaba estar el uno con el otro. Pero sólo como amigos, aun habiendo sexo de por medio. No te voy a negar que tu hermana es una chica muy atractiva, y seguro que más de uno ha perdido la cabeza por ella, pero yo no soy uno de ellos. De la única mujer de la que me he enamorado es de ti-. Paula enterró la cara entre su hombro y su cuello, sollozando.
-Pedro, ¿te importaría dejarme sola?-. Le dijo con los ojos clavados en él.
A Pedro le sorprendió aquella pregunta, y temió al oírla. Si dejaba sola a Paula sería capaz de comerse la cabeza con ideas absurdas que sólo servirían para atormentarla y alejarla de él. Pero era lo que ella le había pedido, así que no iba a oponerse. Se levantó del sofá y fue hacia la habitación de Paula a recoger su mochila. Antes de irse, rodeó a Paula con sus brazos para que supiera que él estaba allí, con ella. Y salió de su casa. Al encontrarse sola, Paula se derrumbó en el sofá y empezó a llorar. Sus lágrimas resbalaban por su rostro, ahogando sus sollozos entre los cojines. No sabía cómo se sentía ni qué sentía en ese momento. Cierto era que Pedro no la había engañado, que eso ocurrió hacía muchos años y además le había explicado cómo fue, pero ella se sentía dolida. ¿Dolida? ¿Por qué? ¡Dios, estaba hecha un lío! ¿Por qué se comía la cabeza de aquella manera? Su mente volvía otra vez a las imágenes anteriores…de ellos dos, ahí, dale que te pego… ¿Y si pensaba en su hermana cuando hacía el amor con ella? Le había molestado más saber que Pedro había estado con Alba que enterarse de que había sido todo un ligón. ¿Es que no podía tener una relación normal? Claro que la tenía, con Pedro. Él era un chico increíble, excepcional y no podía permitirse el lujo de perderlo por algo que pasó hacía mucho tiempo. El problema era ella, que tenía que asimilarlo e iba a hacerlo, pero con él a su lado. Decidida, cogió su móvil para llamarlo, pero antes sonó el timbre de la puerta. Se secó las lágrimas con la manga de la camiseta y se sorbió la nariz antes de abrir.
-Hola Pau, ¿podemos pasar?-. Preguntó Alba, que venía acompañada por Marc. Paula los invitó a entrar.
-¿No está Pedro contigo?-. Paula negó con la cabeza-. ¿Estás bien?-. Paula afirmó con la cabeza. Alba vio que su hermana había estado llorando.
-Quería hablar contigo de lo que ha pasado hoy.
-No tienes que explicarme nada. Pedro me lo ha contado.
-Pero, tenía la necesidad de venir y contarte lo que pasó. Marc también lo sabe, así que he preferido venir con él y hablar claro. No sé bien que es lo que te ha dicho Pedro, pero aquello pasó hace mucho y créeme cuando te digo que nunca estuvimos enamorados, que no nos rompimos el corazón ni nada parecido. Quizás suene mal, pero sólo fue sexo con un gran amigo, nada más. Pero no podía decirlo allí, delante de todos, y menos de papá y mamá. Tenía que respetaros a ustedes dos. Y mírate Paula como estás, hecha un paño de lágrimas-. Alba abrazó a su hermana-. ¿Qué ha pasado entre Pepe y tú cuando lo has sabido?
-Él me ha dicho lo mismo que tú. ¿Y qué ha pasado?, pues que he sido una tarada, como siempre. Al saberlo, mi imaginación ha ido a su rollo y ha empezado a…bueno, a eso….ya sabes…
-¡¿Te has estado imaginando a Pedro y a mí en plena faena?!-. Alba no pudo contener la risa y comenzó a estallar en carcajadas.
Marc y Paula se miraron con cara de no entender nada. Alba seguía riendo, pero cuando los miró a ambos, serios, su sonrisa se fue cerrando hasta que finalmente su boca se selló.
-No tiene gracia, nena-. Le dijo Marc-. Pau, ¿puedo decirte una cosa?-Paula le dijo que sí-. Sé que no nos conocemos, pero intenta quitarte esa imagen de la cabeza, no es sano. Pedro es la mejor persona que he conocido nunca y no sabes hasta qué punto está enamorado de ti. Así que si quieres un consejo, olvida lo que ha pasado entre ellos y vive la vida a su lado-. A Paula no le extrañaba nada que Marc fuera amigo de Pedro, hablaban igual, con esa serenidad que ella encontraba encantadora.
-Será mejor que nos vayamos-. Dijo Alba a su chico-. Paula, arregla las cosas con Pedro y haz el favor de no pensar en cosas que no tienen sentido.
Alba abrazó de nuevo a su hermana y besó sus mejillas para despedirse. Marc también la besó y ambos abandonaron el piso. Cogió de nuevo su móvil y marcó el número de Pedro. Esperó hasta cinco tonos y cuando salió el buzón de voz, colgó. Pensó en enviarle un Line, resumiendo lo que quería decirle.
“Siento haberte pedido que te marcharas. Te echo de menos. Me he acostumbrado a ti, a dormir contigo y me siento vacía sin ti”.
Ya está, ya lo había enviado y ahora tocaba esperar a que él contestara. Pasaron varios minutos, y otros más y nada, no había respuesta de Pedro. No había contestado a su llamada, ni a su mensaje.
¡Mierda, mierda, mierda! ¡Joder, he metido la pata pero bien!
Sin respuestas de Pedro, entendía que se había enfadado con ella y que no quería hablar. Paula se estaba poniendo nerviosa y respiraba con dificultad. Volvieron a bajar lágrimas por sus mejillas cuando el timbre de su casa sonó. Paula fue hacia la puerta, importándole bien poco que quien estuviera detrás la viese con ese aspecto.
-Hola peque.
-Pepe-. Paula se abalanzó sobre él, abrazándolo por el cuello. Pedro la acogió en sus brazos, entrando en su casa y cerrando la puerta con un golpe de pie.
-Lo siento Pepe, lo siento muchísimo-. Paula seguía llorando, pero esta vez sus lágrimas eran de alivio.
-No tienes que pedirme perdón por nada, sólo deja de llorar, por favor, me estás poniendo perdido- .Dijo Pedro sonriendo, contagiando a Paula. Cogió su cara con las manos para mirarla-. ¿Me prometes que queda zanjado este tema y que no vas a volver a pensar cosas raras?-. Paula afirmó. Pedro cubrió sus labios con un beso tierno y se fundieron en un cálido abrazo. Paula estaba completamente relajada y notó que él también lo estaba.
-¿Te quedas a dormir conmigo?-. Preguntó Paula sin separarse del abrazo.
-Es lo que me has pedido, ¿no? Además no pienso irme a ningún sitio sin ti-. Pedro la cogió en brazos y se la llevó a la cama.
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Espero que les guste! :)
Wowwww, qué cap intenso. Pensé que se peleaban. Menos mal que se aclaró todo. Buenísimo!!!!!!!!!!!!
ResponderBorrarbuenísimo el capítulo,seguí subiendo...
ResponderBorrarme encanta la novela,MUY BUENO EL CAP
ResponderBorrarGracias por leer! :) <3
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