lunes, 14 de octubre de 2013

Capitulo 11

El despertador de Paula sonó a su hora habitual, las siete de la mañana. Estaba adormilada cuando lo escuchó y rodó por encima del cuerpo de Pedro para poder apagarlo. Sintió el contacto de su piel con la suya, su olor…Era increíblemente bueno despertarse con él. Se quedó encima de él esperando a que abriera los ojos.
-Mmm...….-. Fue lo único que dijo cuando tocó el cuerpo de Paula.
-Buenos días, guapísimo-. Le dijo, besando a su chico. Pedro respondió ese beso con algo más de pasión y comenzó a manosearle el culo-. ¡Ah, no, no te animes!-. Paula rió, intentando escapar de los brazos de Pedro.
-Vamos, quédate aquí conmigo, sólo un ratito….-. Ronroneó Pedro que dejó libre a Paula para que empezara a vestirse.
-Pepe, eres insaciable-. Besó sus labios-. No puedo llegar tarde al trabajo. Voy a preparar café. Puedes quedarte aquí hasta que tengas que irte-. Paula se fue hacia la cocina y dejó a su chico allí, solo, en su cama y con una importante animación de su miembro.
-¡Eres mala!-. Le gritó Pedro desde la habitación.
Paula sonrió. Pedro se levantó de la cama, y desnudo fue hacia la cocina, plantándose delante de ella, avanzando sigilosamente hasta llegar a ella, abrazándola por la cintura, besando su cuello y frotándose contra su entrepierna.
-Venga, peque, uno rapidito….Dijo Pedro con voz lastimera.
-Pedro, ahí tienes el baño, así que date tú el gusto-. Paula le dio un beso en las mejillas y Pedro pudo ver como disfrutaba de aquello. Paula sacó de la cerradura unas llaves que le tendió a Pedro-. Te dejo mis llaves. Luego me las devuelves-. Paula se las dejó en la encimera y se fue hacia la puerta.
-Esta noche no te escapas. ¡Me las pagarás!-. La voz de Pedro sonó como una sensual amenaza. Paula, con una sonrisa en los labios, le guiñó un ojo y desapareció.
Pedro fue hacia el baño, a darse una ducha fría. No iba a hacer lo que ella le había propuesto, se reservaría mejor para la noche.
 

Paula llegó puntual a la oficina, y allí estaban todos e incluso Antonio, el portero, que había subido a dejar un sobre que había llegado para Javi.
-Buenos días, Paula. Hoy estás guapísima-. La saludó Antonio.
- Eso se debe a un fin de semana sexualmente activo-. Le sonrió su jefe.
 
-Buenos días, Antonio. No hagas caso de lo que dice, es envidia-. Le susurró al oído.
-Antonio, que la chica se nos ha enamorado. Ya no tenemos nada que hacer-. Javi se encaminó hacia su despacho.
-Vaya, pues me alegro mucho Paula. Conserva a ese chico que ha devuelto la alegría a tus ojos.
Y Antonio se marchó de vuelta a sus quehaceres. Paula pensó en que tenía razón. Se sentía plena con Pedro en su vida. Y esa mañana lo había dejado en aquellas condiciones…Sonrió al recordarlo.
 
-Vaya, veo que empezamos el lunes de buen humor-. Le dijo Helena, que la vio con esa sonrisa en su rostro y la hizo volver a la realidad.
-Quedamos para comer y te cuento-. Helena aceptó sin rechistar, ya que quería saber con todo lujo de detalles lo que había pasado en esos dos días.

Pedro llegó al colegio sonriendo. Había pasado el primer fin de semana junto a Paula y, aunque lo pasado con su hermana lo empañó un poco, el resto fue perfecto. Él, también se estaba acostumbrando a ella, o mejor dicho, se había acostumbrado a pasar todo el tiempo que podía con ella. En poco tiempo, Paula se había convertido en parte de su vida, en una parte tan esencial como respirar.
-¡Hola Pepe!-. Fran llegó a la sala y arqueó las cejas al ver la expresión bobalicona en la cara de su amigo-. ¿Me vas a contar porqué tienes esa cara de tonto?
Pedro le explicó detalladamente lo que ocurrió ese fin de semana, desde el sábado por la noche, cuando llegaron a casa de Paula después de ayudarle a él y a Raquel con el traslado hasta la noche anterior.
 
-Mira que te has acostado con chicas, y una tenía que ser la hermana de tu novia, ¡ay que joderse! Pero vayamos a lo importante; le dijiste a Paula que estás enamorado de ella y ¿te contesto que….?-. Fran estaba de lo más intrigado
-Me contestó que ella también lo estaba. De mí, claro.-. Sonrió-. Cuando le conté lo de Alba y me dijo que me marchara, creí que la había perdido. A veces es tan frágil, que creo que va a desplomarse en cualquier momento. Cuando le dije que estaba enamorado de ella, se puso a llorar, y no sé por qué. Fran, tú sabes lo que le ha pasado, ¿verdad?-. Pedro preguntó, aunque conociendo a su amigo, sabía que no iba a decirle nada.
-Mira Pedro, puedo entender la reacción que Paula tuvo cuando le dijiste lo de Alba. ¿Cómo te sentirías tú si te enteraras de que Paula se ha acostado con tu hermano?-. Pedro solo se lo imaginó un segundo y aquella imagen le quemó las entrañas-. Y sí, sé lo que le ha pasado pero no soy la persona indicada para contártelo. Cuando Paula esté dispuesta, ella misma te lo contará-. Fran le dio un golpecito en el hombro a su compañero.

Paula había quedado con David a mediodía para ir al colegio a presentar el proyecto del gimnasio, y si no había ninguna objeción, y lo tiraban para adelante, en unos días empezarían las obras. Sonó su teléfono y cuando escuchó la voz de Raquel al otro lado de la línea, la invitó a comer con ella y con su compañera, así mataba dos pájaros de un tiro al explicar lo ocurrido el fin de semana. Raquel quedó en pasarse por allí a buscarlas. Llegó la hora de marcharse con David, recogió sus cosas y bajaron hacia el coche de él. Durante el camino, Paula le preguntó por su relación con Helena. No quería meterse donde no la llamaban, pero si quería asegurarse de que las cosas entre ellos dos iban en buena dirección. Y sí, los dos eran amigos suyos, pero no quería que hiciera sufrir a Helena, porque con el historial que tenía David… Y parecía que sus intenciones eran otras, totalmente diferentes. Tuvieron suerte de encontrar una plaza de aparcamiento cerca del centro escolar. Bajaron del coche y caminaron unos cien metros hasta llegar a su destino, pero sin dejar de hablar de lo que sentía David.
-Paula, estaba pensando en decirle a Helena que se venga a vivir conmigo. ¿Crees que querrá?
 
-¡¿Se puede saber que te has fumado que te ha dejado más tonto de lo normal?!-. Paula no podía creer que su amigo tuviera dudas-. ¡Pues claro que querrá!
-No sé Paula, estoy un poco asustado. Nunca me he sentido así.
-¿Así como, enamorado?-. Le preguntó Paula, que quería que David hablara abiertamente de lo que le pasaba.
-No-. David se paró delante de la puerta del colegio, mirando a Paula-. La quiero.
-Pues díselo, no tengas miedo. Estoy segura de que ella siente lo mismo por ti. ¡Ay, David, no sabes cómo me alegro!-. Paula abrazó a su amigo y ambos rieron.

-¿Se puede saber quién está abrazando tu hija?-. Preguntó Pedro a Ricardo, algo molesto por lo que estaba viendo. Ricardo no pudo más que sonreír ante esa pequeña escena de celos.
 
-Tranquilo, es David, su compañero del despacho. Vienen a lo del proyecto.
 
Pedro y Ricardo se acercaron hasta la puerta, donde al otro lado se encontraban Paula y David. Pasaron hacia el patio y Paula saludó a su padre al igual que su compañero y presentó a su novio a David. David y su padre iban hablando, mientras ella se acercaba a Pedro para darle un breve beso en los labios.
-¡Vaya porquería de beso! Venga, dame otro, que ese se me ha escapado-.Dijo él, poniendo morritos y cogiéndola de la cintura.
-No insultes mis besos o te quedarás sin ninguno más-. Paula sonreía, acariciándole los brazos.
-Venga, dame uno de esos que sólo tú sabes darme…-. Pedro suplicaba.
-¿Todavía andas cachondo?-. Paula parecía divertirse y notaba que la respuesta era sí.
 
-Pues sí, todavía estoy caliente y no sé cómo me lo voy a hacer para aguantar todo el día. Y encima te presentas aquí, jugando conmigo y abrazando a tu compañero.
-¿Estás celoso?-. Paula se lo estaba pasando cada vez mejor.
-Sí, estoy celoso y cachondo. Así que prepárate para esta noche, porque el que se va a reír voy a ser yo-. En ese momento Pedro cogió la cara de Paula entre sus manos y la besó apasionadamente.
-Vamos, chicos, que esto es un colegio, comportaros, por favor-. Les gritó Ricardo, señalando con la mano que se dieran prisa.
Se separaron algo avergonzados por el espectáculo que estaban ofreciendo y porque Ricardo tenía razón. Por suerte los niños a esa hora estaban en la última clase de la mañana y no se percataron de nada. Los cuatro entraron en la sala de reuniones y tomaron asiento. Paula y Pedro se sentaron uno al lado del otro. Y como estaba juguetona, cuando no la veía ni su padre ni su compañero, acariciaba el muslo de Pedro por encima de su pantalón. Éste se sobresaltaba cada vez que notaba la mano de Paula en su pierna. Era mala y disfrutaba haciéndolo sufrir. David permaneció de pie, exponiendo el proyecto del gimnasio. Era un diseño espectacular, novedoso y representaba el futuro en cada una de sus líneas. Tanto Pedro, cuando se recompuso un poco, como Ricardo estuvieron de acuerdo en llevarlo a cabo, y en un par de días, comenzarían las obras. El despacho se encargaría de contratar a la empresa constructora que ejecutaría el trabajo, ya que siempre lo hacían con las del cuñado de Javi, el hermano de Ana, y hacían un trabajo excelente.
 
-Gracias por todo David. Cuando sepas el inicio de las obras, me lo comunicas-. Comentó Ricardo.
-No te preocupes, yo te aviso-. David le tendió la mano para despedirse.
-Bien, Pedro, ha sido todo un placer conocerte, por fin. No sabes lo pesada que está Paula contigo-. Su compañero sonrió-. Te espero en el coche.
-Tienes que darme algo Pepe-. Le dijo Paula, todavía jugando.
-Y tú a mí también-. La voz de él era ronca.
-Me refiero a las llaves de mi casa.
-Ah, no, ni lo pienses, no voy a dártelas. Así me aseguraré de que esta tarde, cuando pase a buscarte por el trabajo, me estarás esperando. Tienes que acompañarme a comprar el regalo de cumpleaños de mi hermano. Y por cierto, no te lo he dicho, el miércoles vienes a cenar conmigo a su casa-. A Paula se le evaporó la sonrisa de los labios.
-¿Estoy invitada al cumpleaños de tu hermano? ¿Cuándo pensabas decírmelo?-. Paula había pasado de estar juguetona a nerviosa.
-Ya lo he hecho. Irán también mis padres, así los conoces-. Ahora se estaba divirtiendo Pedro, viendo la cara que ponía su chica.
 
-Te conozco, y esto es una venganza por lo de esta mañana-. Pedro no pudo evitarlo y rió.
-No es ninguna venganza, no soy tan malo como tú. En serio, no me acordé de comentártelo-. Pedro colocó un mechón de su corto pelo detrás de la oreja.
–Me voy que David me está esperando. Te espero a las siete en mi trabajo-. Paula le dio un beso.
Salió del colegio pensando en la invitación de cumpleaños. El miércoles era dentro de dos días, e iba a conocer al resto de su familia, puesto que ya conocía a su cuñada. Si la memoria no le fallaba, recordaba que Pedro le había contado que su padre era cirujano, su madre asistente social y su hermano bombero. ¡De ese no se podía olvidar! Todos eran personas con estudios, cultas, seguramente con un nivel de vida superior al de su familia. ¿Y si ella no estaba a la altura? ¿Y si pensaban que no era lo suficientemente buena para su hijo? A Pedro eso no le había importado, pero tenía miedo de la opinión que podían hacerse sus padres de ella. Entró en el coche de David, deshaciendo esas preguntas de su mente. Últimamente pensaba demasiado en cosas que antes no le importaban. Pero esta vez estaba Pedro de por medio y él, sí que le importaba. Ella y su compañero llegaron a la oficina casi para la hora de comer. David se metió en el despacho de Javi para comentarle que había sido todo un éxito el proyecto del colegio y que había que ponerlo en marcha. Sara se quedó en su escritorio cuando llegó Raquel.
-Hola Pau-. Su amiga se acercó y la abrazó – ¡Cómo te echo de menos!
-Anda, no exageres que seguro que has ganado con el cambio.
-Sí, Fran me da sexo, cosa que tú no me dabas. Pero hay cosas de las que no puedes hablar con tu chico, ya me entiendes-. Raquel le guiñó un ojo.
-Ya estoy aquí chicas, podemos irnos cuando queráis-. Helena se reunió con ellas.
-¡Helena, espera!-. La llamó David por el pasillo-. ¿Pensabas irte a comer sin despedirte de mí?-David acercó sus labios a los de su chica para besarla cariñosamente.
-¡Uau! ¿Y para nosotras no hay beso de despedida?, pero no en los morros, sino aquí-. Dijo Raquel dándose golpecitos en la mejilla.
-Son muy celosas chicas. Disfrutad de su comida de mujeres y procurar no criticarnos mucho-. David besó a Paula y a Raquel, que se fueron junto a Helena.
Encontraron una mesa libre en el restaurante al que habitualmente iban a comer. Miraron la carta y pidieron sus platos. Mientras comían, Raquel explicó como había pasado sus primeros días viviendo con Fran. La valoración era muy positiva, pero jugaba con la ventaja de que antes de vivir juntos, habían pasado muchos fines de semanas de convivencia.
 
-¿Y tú que tal Helena? Por lo que he visto arriba, veo que tienes a David coladito-. Preguntó Raquel, que como siempre, estaba intentando cotillear.
-Nos va muy bien-. Sonrió tontamente-. Y sé que hace poco que salimos pero estaría encantada de seguir tus pasos e irme a vivir con él.
-¿Porqué no se lo pides? Estoy segura de que te dirá que sí-. Paula sonrió a su amiga.
-¿Porqué lo dices, te ha dicho algo?-. Preguntó Helena impaciente.
-Bueno…algo se le ha escapado...¡Pero no te he dicho nada!-. Paula se tapó los labios con un dedo. Vio que su a amiga le crecía una amplia sonrisa en su rostro.
-Pau, y tú ¿qué nos cuentas?-. Volvió a preguntar Raquel, curiosa como siempre.
Paula les explicó a ambas lo bien que lo había pasado esos dos días con Pedro a su lado. Cuando habló del tema de Alba y de Pedro, sus amigas se quedaron con los ojos bien abiertos, asombradas ante tal coincidencia, pero ninguna de ellas hizo ningún comentario y Paula lo agradeció.
 
-Raquel, ¿tú conoces a los padres de Pepe?-. Su amiga afirmó con la cabeza-. ¿Cómo son?-. Paula quería cuanto más información, mejor.
-Pues tienen una cabeza, dos brazos y dos piernas-. Le sonrió Raquel-. Vamos Pau, no te preocupes, les vas a caer bien, ya lo verás. Son unas personas encantadoras y Bruno, el hermano de Pedro, ¡está que te mueres de bueno! Y tiene un cuerpazo….
-¡Vale, vale, para!, que al final voy a pensar que me he equivocado de hermano-. Rieron a carcajadas.
Terminaron de comer y se despidieron de Raquel. Helena y Paula subieron al despacho, cada una de ellas pensando en sus cosas, o para ser más concreta, en sus chicos y lo concerniente a ellos. Paula esperaba impaciente que llegara la hora de salir y poder ver a Pedro. De mientras, pasaría el tiempo enfrascada en su montaña de papeles que tenía pendiente para la semana.
 

Pedro, por su parte, acabó de comer junto a otros profesores en el bar que había frente al colegio. Tenía clase a primera hora y a última, cosa que haría que, una vez acabadas, fuese a casa a ducharse y salir pitando para buscar a Paula. De camino a recogerla, pensaba en cómo hacerle pagar por lo que le había hecho esa mañana. Había sido, mala, muy mala, pero a él le volvía loco que lo fuera. Ella en sí lo volvía loco. Aparcó el coche en doble fila, delante del edificio de oficinas de Paula. Sacó el móvil y le envió un WhatsApp para decirle que la esperaba abajo. A los pocos minutos, Paula salió a la calle y entró en el coche.
-Qué ganas tenía de volver a verte peque-. Le dijo Pedro besando sus labios.
-Me gusta cuando me echas de menos. ¿A dónde vamos?-. Preguntó Paula.
-Vamos al centro comercial, compro el regalo y, si te apetece, te invito a cenar.
-Me parece un buen plan, pero podrías dejarme colaborar en el regalo de tu hermano, ya que me ha invitado…
-No, de eso nada-. La cortó Pedro-. Te ha invitado porque estás conmigo y el regalo será de los dos, sin importar quien lo pague-. El tono de su voz era tajante.
Y cuando Pedro hablaba en ese tono, mejor no contradecirlo. Era un chico muy alegre, amigo de las bromas, pero cuando estaba seguro de algo, mejor seguirle la corriente. Era de ideas fijas, obstinado y esa parte de su personalidad era la que a Paula le hacía sentirse segura, necesitaba esa seguridad que Pedro le regalaba cada día. Su mundo era un lugar más seguro desde que él apareció en su vida.
 
Llegaron al parking del centro comercial y subieron a la primera planta, donde estaban ubicados todos los establecimientos. Entraron en una tienda de deporte para comprarle a Bruno un reproductor de mp3 acuático, ya que practicaba la natación y siempre era más ameno hacer brazadas con música. Paula se escandalizó cuando vio el precio. Valía algo más de cien euros y su chico no escatimaba en gastos, no como ella, que había meses que tenía que hacer malabarismos para llegar a fin de mes. Suerte que siempre podía contar con sus padres, pero nunca les había pedido ayuda económica, por mucho que su madre insistiera. Salieron de la tienda y subieron a la segunda planta, donde estaba todo lo relacionado con la restauración. Decidieron entrar en un restaurante turco, donde pidieron unos durums de pollo con patatas fritas y bebida. Paula se enfadó con Pedro cuando no dejó que pagara la cena. Durante el camino que los separaba del coche, ella no abrió la boca, con la intención de que él se diera cuenta de que estaba molesta.
-Vamos, Pau, ¿qué te pasa? ¿Estás enfadada porque no te he dejado pagar la cena?-. Le dijo con sarcasmo.
-No me has dejado pagar el regalo a medias y tampoco la cena. Puedo permitirme ciertos lujos-. Pedro captó el mensaje oculto de sus palabras.
-Pau, no lo he hecho por eso y siento si así te lo ha parecido, no era mi intención. Te he invitado a cenar porque me apetecía hacerlo-. Pedro posó su frente contra la de ella y acarició su rostro-. Escúchame peque, me importa una mierda el dinero. Mi sueldo me permite vivir bien, pagar hipoteca, invitar a mi chica a cenar y llevarla al fin del mundo si me lo pidiera. Así que no quiero que te moleste nada de lo que haga por ti, porque lo hago encantado, porque tú eres todo lo que tengo.
Paula se aferró a los labios de Pedro con una deliciosa ternura. Paula respondió a ese beso de la misma manera, pero fue aumentando de tierno a salvaje. Se dejaron llevar, allí en el parking, por ese deseo que sentía el uno por el otro desde esa misma mañana.
 
-Pepe, para…-. Éste le estaba lamiendo el cuello-. Vámonos a mi casa.
-Creo que ahora mismo no puedo entrar en el coche-. Se señaló su entrepierna, un tanto abultada.
 
Paula sonrió y se apartó un poco de su cuerpo. Se quedaron con los ojos clavados en el otro. Aunque sus cuerpos transmitían calor, sus ojos decían algo más profundo que nada tenía que ver con el deseo. Podía leerse el cariño, el amor en sus miradas, sus sentimientos se iban desnudando poco a poco. Paula dio media vuelta y se fue hacia el otro lado del coche y se sentó en el asiento del acompañante. Pedro, resignado, también se introdujo en su asiento y puso el coche en marcha, camino a casa de Paula.
 
Finalmente llegaron al edificio  y cogieron el ascensor. Cuando llegaron al piso de Paula se desató la tormenta sexual que llevaba todo el día azotándolos
.
-Peque, debería ir a casa a cambiarme. ¿Te vienes a dormir?-. Preguntó Pedro cuando salió del baño. Ella afirmó y una sonrisa se dibujó en los labios de su chico.
 
Recogió algo de ropa para el día siguiente, sus cosas de aseo y se marcharon. Lo primero que hizo Pedro, cuando llegaron a su casa fue preparar un baño caliente. Como la otra vez que probó esa enorme bañera, ella se sentó apoyada en el pecho de él. Pedro creyó que era un buen momento para preguntarle por lo del incendio.
-Pau, cuéntame lo que pasó el día del incendio-. Pedro le acariciaba los brazos
-¿El incendio de la oficina?-. Él afirmó-. Pues pasó hará cosa de año y medio. Recuerdo que fue el último día de trabajo antes de las vacaciones de verano. Mis compañeros se habían marchado y quedamos para cenar y despedirnos hasta la vuelta en septiembre. Estaba sola en la oficina, terminando unas cosas cuando de repente todo se llenó de humo. Me quedé un momento paralizada, sin saber qué hacer, pero algo me hizo reaccionar, el instinto de supervivencia tal vez, e intenté salir de allí. Por suerte nos hicieron varios simulacros de cómo actuar ante un incendio y gracias a eso logré llegar al descansillo, pero allí el humo era más denso, más negro y respirar era casi imposible. El fuego venía de la oficina que había al lado de la mía. Arrastrándome por el suelo, alcancé la puerta cortafuegos, la abrí y salí al rellano. Me quedé allí unos minutos, intenté tranquilizarme, pero cuando me dispuse a bajar, caí rodando por las escaleras. Cuando dejé de rodar me quedé allí, tirada en el suelo, las fuerzas me habían abandonado y no podía moverme. Recuerdo que fue una sensación aterradora y pensé que no tenía nada que perder si moría en ese lugar. Luego perdí el conocimiento y lo siguiente que recuerdo es que estaba en el hospital.
-Oh, peque, siento que tuvieras que pasar por eso-. La voz de Pedro era de profunda tristeza. Se acercó más a ella y la abrazó con fuerza, besando su hombro-. ¿Por qué pensaste en morir allí, en que no tenías nada que perder?- . Pedro le susurró esa pregunta con un tono tembloroso.
Paula encogió sus rodillas hasta su pecho y se las abrazó con las manos. Pedro pasó sus dedos por sus brazos y la rodeó con ellos. Supo que Paula estaba llorando al notar cómo se agitaba su cuerpo con cada sollozo. Con un leve movimiento, Pedro la giró para poder mirarla mientras hablaba. Paula intentaba secarse las lágrimas, pero Pedro se le adelantaba y las recogía con sus pulgares.
-Pedro, mi vida no ha sido fácil, he tenido temporadas horribles, momentos en los que cuando creía que estaba en la superficie, pasaba algo que me hundía. Y cuando pasó lo del incendio, pues no era mi mejor momento, pero aún así, me las apañé para salir con vida.-. Paula le regaló una leve sonrisa.
-Y no sabes cuánto me alegro de que quisieras vivir-. Pedro besó esos labios con cariño-. No quiero ni pensar en qué habría sido de mí si llegas a morir en ese incendio. No te habría conocido, no me habría enamorado de ti y eso me asusta, porque mi vida estaría vacía sin ti. Eres una parte de mí, la más importante y la que más quiero.
 
-¿Tú me quieres?-. La voz de Paula, al igual que su cara, era de una tremenda sorpresa.
-Sí, Pau. Te quiero-. Y volvió a besarla.
 
Paula podía hundirse ahora en el agua de la bañera, podía ahogarse en ese mar de miedos y contradicciones que era su vida, que tenía a Pedro para salvarla. Lo había conseguido, tenía al hombre más maravilloso del mundo a su lado, y se sentía tan protegida cuando la abrazaba, cuando la besaba, que no temía por nada, todos sus terrores se desvanecían.
 
-Recuérdame que le dé las gracias a mi hermano por haberte sacado de allí y salvarte la vida- . Pedro le sonrió y acarició su pelo-. Sabes una cosa, aunque tengas los ojos enrojecidos y los labios hinchados por el llanto, sigues siendo preciosa.
Y Paula, que ya no podía más, no podía escuchar más halagos, más palabras bonitas, se hundió en el refugio que le ofrecía el cuello de Pedro y dejó brotar todas las lágrimas que quisieron salir de sus ojos. Pedro sólo podía abrazarla, apaciguar su llanto con ternura.
 
-¿Qué te ha pasado Paula? ¿Qué te han hecho?- .Pedro acunaba el cuerpo de Paula.
Ella se separó unos centímetros de él, enjugándose las lágrimas derramadas. Cogió su rostro y se fundió en sus labios con un beso íntimo, lleno de sentimientos que no era capaz de expresar. 

-Te quiero Pepe.- le dijo pasados unos minutos, creyendo que dormía.
-Yo también te quiero, peque.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Perdón por no haber subido estos días, espero que les guste el capitulo :) 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario