miércoles, 18 de diciembre de 2013

Epilogo.

Había sido un día interminable. Agradable, bonito, lleno de sentimientos, pero largo de cojones. 
Paula todavía estaba recogiendo algunas pertenencias del baño y rellenando su neceser para dejarlo todo listo. Lo llevó junto a su maleta y sonrió feliz al ver el comedor lleno de las bolsas de viaje, preparadas para volar más de seis mil kilómetros. Miró su reloj que marcaba las once de la noche. Con el cuerpo agotado pero con una gran dicha enmarcando su rostro, se fue hacia el dormitorio.
Al llegar, se quedó parada en la puerta. La amplia sonrisa que se dibujó en sus labios la iluminó por completo. Contemplar aquella imagen que tenía delante de sus ojos, era lo más bello que había visto nunca. Y lo más tierno. Sobre la cama yacía Pedro, desde ese día, su marido, dormido relajadamente sobre el colchón y abrazado a un minúsculo cuerpecito de un año que descansaba sobre su pecho. Olivia dormía plácidamente con su padre y, es que, eran idénticos. La pequeña, gracias a dios, había salido como su padre, pero tenía los ojos y la sonrisa de su madre. Era una niña tranquila, igual que él, pero con mucho carácter y cabezona como la que más, hasta que no conseguía lo que quería, no paraba. Igualita a su padre.
 
La llegada de Olivia los había pillado por sorpresa, completamente desprevenidos, no la esperaban, pero fue la mejor noticia que recibieron después de todo lo que pasó Paula. Mientras se recuperaba de sus últimas heridas, la vida de su hija iba creciendo y formándose en su interior. Iba haciéndose más real. Y cuando nació, comprendió que ahora ella tenía una familia. Una verdadera familia. Su familia.
 
Pedro no se separaba de ellas ni un segundo. Paula volvió a trabajar después de su permiso de maternidad, pero llegó a un acuerdo con Javi para que por las tardes pudiera trabajar desde casa y así cuidar de su princesa. Al igual que Helena, que con su pequeño Pablo, acudía al despacho solo por las mañanas. Pero Paula solo disfrutaba de su niña hasta que aparecía el papá por casa. Salía del trabajo escopeteado para ocuparse de Olivia, jugaba con ella, la bañaba, le daba la cena y se dormía con ella. Y la pequeña, encantada con su papi. Tenían un vínculo especial, algo que Paula no había visto nunca, ni siquiera con su hermana Carla. Y es que los dos se entendían con solo mirarse. Pedro enseguida sabía que le pasaba a su hija, que era lo que quería y así la mimaba y consentía                                                        Se acercó hasta la cama y besó despacio los labios de su marido.
 
-Mmmmm-. Respondió abriendo pesadamente los ojos.
-Hola-. Paula le dedicó una bonita sonrisa-. Voy a llevar a Oli a su cuarto.
-Ya la llevo yo, tú acuéstate y descansa.
 
Pedro se levantó con mucho cuidado de no despertar a la pequeña y se fue con ella, dormida en su regazo hasta su habitación. Paula no podía hacer desaparecer de sus labios esa sonrisa que llevaba acompañándola todo el día.
 
-Por fin solos-. Dijo Pedro al volver a la cama, estrechando a su mujer entre sus brazos.
-Todavía no me puedo creer que te hayas casado conmigo.
-Bueno, es que hoy no tenía nada mejor que hacer-. Respondió gracioso, mordiéndole el cuello.
 
-Vaya, veo que sigo siendo tu distracción-. Contestó Paula que quería parecer ofendida.
-Y espero que sigas siéndolo todos los días de mi vida-. Besó sus labios con suavidad-. Y tú ¿por qué te has casado conmigo?
-Porque así me llevas de viaje-. Sonrió maliciosa.
-¿No te llevo de viaje?-. Preguntó sorprendido, a lo que ella negó con la cabeza-. ¿Te apetece hacer uno ahora?-. Insinuó acariciando los pechos de su mujer por debajo del pijama. Ella gimió y él se encargó de atrapar sus labios con los suyos en un beso apasionado, cargado de deseo…que se rompió cuando oyeron una voz deliciosamente conocida. Abrieron los ojos de sopetón, sin creérselo.
-Papi.
-¿Se puede saber cómo te has bajado de la cama?-. Preguntó su padre dulcemente sorprendido. A modo de respuesta, la niña le regaló una sonrisa traviesa, una sonrisa que a Pedro lo derretía. Se bajó de la cama y la cogió en brazos-. ¿Quieres ir con mami?
La pequeña alargó los brazos para que su madre la cogiera y la tumbara junto a ella.
-Ven aquí -. La llamó cariñosamente cogiéndola en brazos y dándole un beso en los mofletes.
 
Paula la puso a su lado y Pedro se unió a ellas en la cama. Las rodeó con su cuerpo en un abrazo especial, un abrazo que le permitía abarcar todo lo que tenía en la vida y que, sin darse cuenta, había conseguido mucho más de lo esperado. Tenía una familia, pero una familia compuesta por dos mujeres que lo traían de cabeza. Pero eran sus mujeres y haría cualquier cosa por ellas.
 
Volvió a besar a su mujer en los labios y a su hija la premió con un pequeño beso en la cabeza.
-¿No ibas a acompañarme a hacer un viaje?-. Susurró ardientemente Paula.
-Olivia, a tu cama-. Dijo Pedro cogiendo a la pequeña en brazos, que protestó.
 
-Ni papi ni leches, te vas a dormir a tu camita y ni se te ocurra volver a bajarte, ¿entendido?
Paula vio como su marido se iba con la niña a cuestas, advirtiéndola de que se quedara quietecita en su habitación. Le hablaba como si la pobre pudiera entender lo que le decía. Rio.
-Como vuelva a aparecer por aquí, la ato a la cama-. Dijo cuando regresó.
-Uy, pronto le vas a enseñar los juegos de sus papis-. Ronroneó Paula en su oreja, lamiéndola.
Pedro se estremeció y desnudó a Sara. Le quitó el pijama de verano, las odiosas braguitas y besó despacio todo su cuerpo, sin dejarse ni un solo centímetro por acariciar con sus labios.
 
-Pedro, te he mentido.
-¿Sobre qué?-. Dejó de besarla y alzó su rostro hasta que encontró los ojos de su mujer.
-No me he casado contigo por el viaje, sino porque te amo.
Pedro vio en los ojos de Paula una sinceridad abrumadora, una luz que llevaba iluminándola desde que salió del hospital y había adquirido una belleza interior que la hacía todavía más preciosa por fuera. Era una mujer increíblemente hermosa. Y era su mujer. Era completamente suya. Y de Olivia.
 
-¡Ah eso!, ya lo sabía-. Dijo en tono chulesco.
-Te crees muy listo ¿verdad?
-Hago lo que puedo.
Volvió a utilizar su chulería antes de sumergirse en el cuerpo de su mujer, llenándolo de besos, de caricias, de amor, de sexo.
 
Cuando sus cuerpos quedaron exhaustos y totalmente satisfechos, Pedro descansó sobre su lado de la cama, pero sin dejar de abrazar a su mujer. La rodeó por la cintura y enterró su rostro en el cuello de ella, inhalando su aroma, relajándose junto a ella.
 
-Te amo Paula.
-¡Ah eso, ya lo sabía! 


                                              
                                                                                                                            Fin.
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Termino, como pulseras rojas(? Ah nada que ver JAJAJA

Gracias  y Noe por siempre comentar :)

GRACIAS POR LEER! 

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