Pedro se removió en la cama y lentamente abrió los ojos. Se fijó en la
hora que marcaba el despertador, las seis de la mañana. Sonrió gustoso, ya que
todavía le quedaba una hora más de sueño antes de que, el ruido estrambótico de
ese cacharro sonara para recordarle que tenía obligaciones. Volvió a moverse,
con la intención de continuar con su letargo, pero algo le hizo cambiar de
opinión. Paula no estaba con él en la cama. Encendió la luz que tenía a su
lado, sobre la mesita de noche para observar con claridad lo que había
advertido en la oscuridad. Paula no estaba en la habitación. Enseguida se
levantó y fue a buscar a su chica. Estaba intranquilo. La noche anterior habían
hablado de Víctor y temía que Paula estuviera dándole vueltas al asunto y se la
encontrara en algún rincón del piso echa un paño de lágrimas. Se apresuró a
salir del cuarto, cuando la encontró, no estaba llorando, sino devorando un
sándwich en la cocina. Suspiró aliviado. Paula levantó la cabeza y le sonrió
alegremente.
-¿Qué haces aquí?-. Le preguntó acercándose a ella.
-Anoche no cenamos y tenía hambre-. Paula le dio un beso a sus labios dormidos.- ¿Te preparo algo?
-Ya lo hago yo, no te preocupes.
Se dirigió a la nevera a coger la mantequilla y algo de embutido. Sacó del armario el pan de molde y del cajón un cuchillo para expandir la mantequilla sobre el pan. Se puso al lado de su chica a prepararse el bocadillo. La veía bien, con esa camiseta suya que le tapaba la mitad de los muslos y engullendo el pobre bocata. Paula se levantó del taburete y dejó el plato y el vaso de jugo en el fregadero.
-¿Qué haces aquí?-. Le preguntó acercándose a ella.
-Anoche no cenamos y tenía hambre-. Paula le dio un beso a sus labios dormidos.- ¿Te preparo algo?
-Ya lo hago yo, no te preocupes.
Se dirigió a la nevera a coger la mantequilla y algo de embutido. Sacó del armario el pan de molde y del cajón un cuchillo para expandir la mantequilla sobre el pan. Se puso al lado de su chica a prepararse el bocadillo. La veía bien, con esa camiseta suya que le tapaba la mitad de los muslos y engullendo el pobre bocata. Paula se levantó del taburete y dejó el plato y el vaso de jugo en el fregadero.
-Pau, ¿estás bien?-. Preguntó Pedro, acariciando sus mejillas y
mirándola a los ojos.
-Si lo dices por lo que me contaste ayer, sí, estoy bien, de verdad-. Paula lo besó tiernamente.
Juntos se dirigieron al baño, a darse una ducha rápida para desprenderse de los restos aromáticos que tenían pegados en sus cuerpos desde la apasionada noche anterior.
-Si lo dices por lo que me contaste ayer, sí, estoy bien, de verdad-. Paula lo besó tiernamente.
Juntos se dirigieron al baño, a darse una ducha rápida para desprenderse de los restos aromáticos que tenían pegados en sus cuerpos desde la apasionada noche anterior.
Terminaron de acicalarse y bajaron directos a emprender un nuevo día.
Como cada mañana, Pedro dejó a Paula en la puerta de su trabajo y quedó en
pasar a recogerla a la hora acordada.
-Hola Antonio, buenos días-. Saludó ella.
-Buenos días, Pau, hoy te veo con mejor cara. Ese novio tuyo es un buen terapeuta ¿¿eh??- Paula sonrió.- Espera un segundo, ha vuelto a llegar un sobre para ti.
Paula se quedó esperando a que Antonio le entregara el sobre. Cuando lo tuvo en sus manos lo observó. Era igual que el del día anterior. Un sobre blanco, con su nombre escrito a máquina, frunció el ceño y allí, delante del conserje lo abrió. Sacó un papel idéntico al de ayer, blanco y en blanco, sin nada apuntado.
-Antonio, ¿quién te lo ha entregado?-. Preguntó Paula indicándole la nota.
-Tanto ayer como hoy ha venido el mismo chico, pero creo que no era de ninguna agencia de mensajería, no me ha dejado ningún albarán de entrega. Eso sí, los dos días ha venido a la misma hora, minutos antes de que tú llegaras. Me dejaba el sobre y se marchaba enseguida.
-¿Lo habías visto antes alguna vez?-. Preguntó ansiosa.
-No, ayer fue la primera vez que lo vi. ¿Pasa algo?-. Antonio preocupado, le acarició la mano.
-No, no pasa nada Antonio.
En ese momento entraron por la puerta sus dos compañeros y cómplices de cama, Helena y David. Paula se alegró de ver a Helena con mucho mejor aspecto. La abrazó y juntos subieron hasta la oficina.
- A ver si de una puñetera vez haces caso y no comes nada que no debas-. La regañó Paula.
-Vale, vale, no me sermoneéis más, por favor-. Se defendió Helena.- ¿Podemos comer juntas? Me gustaría contarte una cosa.
-Sí claro. ¿Va todo bien Helena?-. Su amiga afirmó, pero fue un sí matizado de preocupación.
Paula, al ver el rostro cabizbajo de su compañera, supo que algo no iba bien. No sabía si tenía algo que ver con la visita al hospital de ayer o bien había pasado algo con David, pero prefirió no preguntar y reservar su curiosidad para la hora de la comida. Sonó el móvil de Paula.
-¡Pau!-. Le gritó Raquel eufórica a través del auricular. Paula se separó un poco de él.
-Hola Raquel-. La saludó-. ¿A qué viene esos gritos?-. Esperaba que su amiga le contestara pero como respuesta obtuvo algunos sollozos.- Raquel, ¿estás llorando? ¿Qué pasa?
-Soy la mujer más feliz del mundo-. Respondió entre lágrimas.
-Coño, ¿y por eso lloras?
-Hola Antonio, buenos días-. Saludó ella.
-Buenos días, Pau, hoy te veo con mejor cara. Ese novio tuyo es un buen terapeuta ¿¿eh??- Paula sonrió.- Espera un segundo, ha vuelto a llegar un sobre para ti.
Paula se quedó esperando a que Antonio le entregara el sobre. Cuando lo tuvo en sus manos lo observó. Era igual que el del día anterior. Un sobre blanco, con su nombre escrito a máquina, frunció el ceño y allí, delante del conserje lo abrió. Sacó un papel idéntico al de ayer, blanco y en blanco, sin nada apuntado.
-Antonio, ¿quién te lo ha entregado?-. Preguntó Paula indicándole la nota.
-Tanto ayer como hoy ha venido el mismo chico, pero creo que no era de ninguna agencia de mensajería, no me ha dejado ningún albarán de entrega. Eso sí, los dos días ha venido a la misma hora, minutos antes de que tú llegaras. Me dejaba el sobre y se marchaba enseguida.
-¿Lo habías visto antes alguna vez?-. Preguntó ansiosa.
-No, ayer fue la primera vez que lo vi. ¿Pasa algo?-. Antonio preocupado, le acarició la mano.
-No, no pasa nada Antonio.
En ese momento entraron por la puerta sus dos compañeros y cómplices de cama, Helena y David. Paula se alegró de ver a Helena con mucho mejor aspecto. La abrazó y juntos subieron hasta la oficina.
- A ver si de una puñetera vez haces caso y no comes nada que no debas-. La regañó Paula.
-Vale, vale, no me sermoneéis más, por favor-. Se defendió Helena.- ¿Podemos comer juntas? Me gustaría contarte una cosa.
-Sí claro. ¿Va todo bien Helena?-. Su amiga afirmó, pero fue un sí matizado de preocupación.
Paula, al ver el rostro cabizbajo de su compañera, supo que algo no iba bien. No sabía si tenía algo que ver con la visita al hospital de ayer o bien había pasado algo con David, pero prefirió no preguntar y reservar su curiosidad para la hora de la comida. Sonó el móvil de Paula.
-¡Pau!-. Le gritó Raquel eufórica a través del auricular. Paula se separó un poco de él.
-Hola Raquel-. La saludó-. ¿A qué viene esos gritos?-. Esperaba que su amiga le contestara pero como respuesta obtuvo algunos sollozos.- Raquel, ¿estás llorando? ¿Qué pasa?
-Soy la mujer más feliz del mundo-. Respondió entre lágrimas.
-Coño, ¿y por eso lloras?
Pedro estaba en el vestuario, cambiándose de ropa para empezar su primera clase matinal con sus niños. Fran entró como un rayo y se sentó a su lado. Estaba pletórico. Lo agarró de los hombros y lo zarandeó.
-¡Joder tío, que me ha dicho que sí!-. Pedro lo miró confuso. Al final se le iluminó la bombilla.
-¡Enhorabuena Fran!-Pedro lo abrazó.- Después de aguantarte tanto tiempo ¿cómo iba a decirte que no?-. Bromeó.
-¡Estoy tan contento que hasta te daría un beso!-. Fran fue a acercarse a Pedro, pero lo paró.
-¡Eh, quieto bribón! Que corra el aire.-Fran sonrió.
-Me siento dichoso por tener a una persona como Raquel a mi lado. Es lo mejor de mi vida-. Se sinceró.
-Y encima se va a casar contigo. Pobre chica, no sabe dónde se mete-. Pedro le dio un codazo cariñoso a Fran.
-Sí, sí, tú ríete, pero ya caerás en las redes del matrimonio. Y estarás encantado cuando Paula te diga que quiere atormentarse el resto de su vida contigo.- Se mofó.- Por cierto, ¿hablaste con ella de Víctor?-. Pedro le contó.
-Vaya, nunca me imaginé que se lo tomaría de esa manera tan neutral.
-A mí también me sorprendió. Y por suerte acabamos bien la noche. Me dejó reventado. -Pedro sonrió al recordar el motivo de su cansancio.
-Eso huele a sesión nocturna de sexo-. Le insinuó su amigo.
-Me tiene agotado, no puedo parar con ella. No sé decirle que no.- suspiró.- Soy un picha floja.
-Lo que eres es un suertudo, como yo, que no nos merecemos a las mujeres que tenemos.
Pedro estaba de acuerdo con su amigo, tenían a unas chicas maravillosas con ellos.
El teléfono de Pedro sonó e interrumpió la conversación con Fran. Era David quien llamaba. Quería contarles algo y los animaba a comer juntos ese día. Ni Pedro ni Fran se lo pensaron dos veces para aceptar la invitación. No tenían ni idea de qué era lo que David tenía que contarles pero estaban dispuestos a escucharlo
.
Paula y Helena esperaban a Raquel en el bar de siempre. Habían tomado asiento en una mesa cuando de repente apareció una loca corriendo hacia ellas. Las dos chicas la miraron acojonadas, sin saber. La chica agarró en un abrazo a Paula y levantándola de su asiento comenzó a dar vueltas con ella en el bar, para asombro de todos los clientes.
-¡Raquel, Raquel, para! ¿¡Pero qué coño te has metido en la venas!?
-Pau, perdona, es que estoy alterada ¡si no me lo puedo creer!-Raquel se separó de Paula y le dio dos besos y un fuerte abrazo a Helena.
-Bueno, qué, suelta por esa boquita-. Dijo Helena, que las tenía a ella y a Paula impacientes.
Raquel mostro el anillo que le entregó Fran la noche anterior cuando le pidió matrimonio.
Paula y Helena esperaban a Raquel en el bar de siempre. Habían tomado asiento en una mesa cuando de repente apareció una loca corriendo hacia ellas. Las dos chicas la miraron acojonadas, sin saber. La chica agarró en un abrazo a Paula y levantándola de su asiento comenzó a dar vueltas con ella en el bar, para asombro de todos los clientes.
-¡Raquel, Raquel, para! ¿¡Pero qué coño te has metido en la venas!?
-Pau, perdona, es que estoy alterada ¡si no me lo puedo creer!-Raquel se separó de Paula y le dio dos besos y un fuerte abrazo a Helena.
-Bueno, qué, suelta por esa boquita-. Dijo Helena, que las tenía a ella y a Paula impacientes.
Raquel mostro el anillo que le entregó Fran la noche anterior cuando le pidió matrimonio.
-¡NOOOOOOOOOOOOOO!- Exclamaron ambas.
-¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!-. Exclamó Raquel.
Se volvieron locas. Comenzaron a gritar y suerte que el dueño del bar las conocía, sino las hubiera puesto de patitas en la calle. ¡Qué escándalo que formaron! Después del entusiasmo, llegó un poco de calma y le preguntaron por los detalles de la pedida. Raquel le explicó cómo había sido y se quedaron patidifusas al escucharla.
-¡Joder con Fran! No me lo imaginaba tan sensiblero. A ver si se le pega algo a Pepe-. Sonrió Paula.
-¡Te podrás quejar de tu novio! Si es un encanto y… ¡Oh! ¿Lo dices por lo de casarte con él?- La cotilla número uno y la cotilla número dos estaban al acecho.
-El otro día me dijo que quería casarse conmigo y formar una familia, pero que todavía no era el momento. Y estoy de acuerdo con él, pero nunca me imaginé que quisiera dar ese paso conmigo.
-¡Ya estamos otra vez con las gilipolleces! -. Raquel se puso histérica al oír a su amiga.
-Pau, Raquel tiene razón. Deja ya de pensar que no te mereces lo bueno que te pasa. Pepe te quiere con locura y es normal que quiera ir más allá en vuestra relación. Tú también quieres eso y ya verás como todo llegará.-Helena le habló con quietud. Paula sonrió.
-Tienen razón, chicas soy una completa estúpida y una miedosa. Todavía no me creo que Pepe sea real.
-¿Qué no es real? ¿¡Pues no me jodas que a quien te follas es a un espíritu!?- Soltó graciosa Raquel.
-Dejen mi vida sexual tranquila -. Sonrió-. Helena, ¿qué querías contarnos?-.Helena suspiró antes de contestar.
-¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!-. Exclamó Raquel.
Se volvieron locas. Comenzaron a gritar y suerte que el dueño del bar las conocía, sino las hubiera puesto de patitas en la calle. ¡Qué escándalo que formaron! Después del entusiasmo, llegó un poco de calma y le preguntaron por los detalles de la pedida. Raquel le explicó cómo había sido y se quedaron patidifusas al escucharla.
-¡Joder con Fran! No me lo imaginaba tan sensiblero. A ver si se le pega algo a Pepe-. Sonrió Paula.
-¡Te podrás quejar de tu novio! Si es un encanto y… ¡Oh! ¿Lo dices por lo de casarte con él?- La cotilla número uno y la cotilla número dos estaban al acecho.
-El otro día me dijo que quería casarse conmigo y formar una familia, pero que todavía no era el momento. Y estoy de acuerdo con él, pero nunca me imaginé que quisiera dar ese paso conmigo.
-¡Ya estamos otra vez con las gilipolleces! -. Raquel se puso histérica al oír a su amiga.
-Pau, Raquel tiene razón. Deja ya de pensar que no te mereces lo bueno que te pasa. Pepe te quiere con locura y es normal que quiera ir más allá en vuestra relación. Tú también quieres eso y ya verás como todo llegará.-Helena le habló con quietud. Paula sonrió.
-Tienen razón, chicas soy una completa estúpida y una miedosa. Todavía no me creo que Pepe sea real.
-¿Qué no es real? ¿¡Pues no me jodas que a quien te follas es a un espíritu!?- Soltó graciosa Raquel.
-Dejen mi vida sexual tranquila -. Sonrió-. Helena, ¿qué querías contarnos?-.Helena suspiró antes de contestar.
-¡Que está embarazada! ¡Vas a ser papi!-. Le gritaron Fran y Pedro a David cuando éste les dio la noticia.
-Sí, voy a ser papá. No lo habíamos planeado y no sé como ha pasado, pero estoy feliz de la noticia. Me encanta poder tener un hijo con Helena-. La sonrisa de David era radiante.
-¿Qué no sabes cómo ha pasado? Pues espera que te cuento, tú…
-Fran, creo que David sabe cómo ha ocurrido.- Lo cortó Pedrp.-. Y bien y ¿Helena como está?
-No tan contenta como yo. Cuando nos lo dijeron ayer en el hospital se quedó a cuadros y yo me volví loco de contento, comencé a besarla, a decirle que la quería delante del médico, de las enfermeras… Y ella sin reaccionar. Luego en casa, algo más calmados, hablamos y me dijo que era pronto para aquello, que no estaba preparada para ser madre ¡Y quién lo está! Pero le dije que yo iba a estar a su lado, que no iba a dejarla, que quería ese niño, que la quería a ella y que seriamos felices los tres juntos. Creo que poco a poco se irá haciendo a la idea.
-¡Estamos completamente enamorados!- .Dijo Fran riendo-. Tú vas a tener un bebé, yo me caso y Pepe, que está enchochado, vive con su amorcito.
-¿Desde cuándo eres tan ñoña?-. Preguntó un Pedro sonriente.
-Estoy últimamente muy cursi, ¿verdad?-. Los dos amigos asintieron.- Pero ¿qué hace este tío aquí?-. Preguntó Fran sorprendido al ver a Álvaro acercarse a ellos.
-Me llamó esta mañana y me dijo que quería contarme algo. No le importó comer con nosotros, es más, me dijo que lo que tenía que decirme seguramente ustedes ya lo sabían-. Respondió Pedro a la pregunta de Fran.
Fran y David se miraron con pánico. Sabían qué iban a escuchar.
-No Pepe, no hagas esto, por favor-. Fran quiso advertir a su amigo, pero fue tarde.
-Hola chicos, me alegro de volver a verlos-. Álvaro los saludó.
-No podemos decir lo mismo-. Lo cortó David.
Pedro pudo notar cómo sus dos compañeros de mesa estaban tan inquietos que se podía cortar la tensión con un cuchillo. Existía una calma tensa. Ni en un millón de años se podía imaginar lo que la última persona en llegar a esa reunión de amigos, iba a contarle.
-Chicos, tranquilos. Álvaro ha venido a hablar conmigo, nada más.
-¿A hablar contigo? Permíteme que lo dude. Éste a lo que ha venido es a meterte mierda en la cabeza y seguro que tiene que ver con Paula ¿o me equivoco Alvarito?-. Fran estaba ofuscado.
-Mira Álvaro, si vas a contarme tu historia con Paula, te agradecería que no lo hicieras. No quiero escucharla-. Intervino Pedro con voz neutra.
-Pues vas a escucharme Pepe. Te interesa-. Dijo con rotundidad.
-¿Qué es lo que no entiendes de lo que te he dicho? No me interesa saber nada de tu pasado con mi novia. Nada.
-Pepe, si conoces el pasado entenderás el presente. Y si tu futuro es ella, podrás saber el porqué ella es como es, porqué está llena de temores. Yo tengo algo de culpa.- Álvaro habló apesadumbrado.
-¿Se puede saber qué cojones le hiciste?-. Pedro preguntó sobresaltado, alzando la voz.
Pedro, Fran y David se quedaron mirando a Álvaro, deseosos de oír la historia que iba a contarles. Pedro sentía que le temblaba todo el cuerpo. Su amigo, ese con el que había compartido tantas cosas juntos, era el causante de que Paula fuera tan débil.
-Conocí a Paula una tarde que vino al colegio con Raquel. Habían quedado con Fran para ir de fiesta esa noche y yo me apunté. He de decir que Paula no me gustó lo más mínimo cuando la vi esa primera vez, aunque claro, teniendo al bellezón de Raquel a su lado, quién iba a fijarse en ella-Álvaro giró noventa grados su cabeza-. Lo siento Fran, pero es verdad, tu novia está cañón-. Fran frunció el ceño-. Esa noche fuimos los cuatro a cenar y luego a la discoteca de su hermana. Paula y yo hablamos mucho esa noche y me cayó genial. Era una chica divertida, alegre, siempre con la sonrisa en los labios y podías hablar con ella de cualquier cosa. Ahí fue cuando supe que era la hija del director del colegio y tuve la asquerosa idea de utilizarla con el fin de conseguir la plaza de profesor de idiomas.
-¿La utilizaste?-. Pedro no podía creer lo que había oído.
-Sí, Pepe, me aproveché de ella. En todos los aspectos. Pero déjame que siga-. Álvaro continuó con su relato.- A partir de esa noche, Paula y yo nos fuimos viendo con más frecuencia, quedábamos para comer, para cenar, para salir...en fin, que nos hicimos novios. A mí seguía sin gustarme como mujer, me agradaba como amiga, pero nada más. Y llegó el día en que nos acostamos.
-No te recrees en eso, por favor-. Pedro no quería oír aquello, pero Álvaro siguió hablando.
-En nuestra primera noche, yo no estaba muy predispuesto a tener sexo con ella,pero tenía que hacer un esfuerzo por conseguir mi objetivo. Y ella quería así que, me lancé. Y fue el mejor sexo de mi vida. ¡Dios, es tremenda en la cama! ¡Te lo tienes que pasar pipa con ella!
-¡Vale! ¡Nos hacemos una idea tío, córtate un poquito!-. Lo increpó Fran, que al ver la cara de mala ostia de Pedro, tuvo miedo de que éste se la partiera a Álvaro.
-Vale, omito detalles-. Dijo Álvaro levantando las manos-. Estuvimos saliendo juntos casi un año, tiempo en el que Paula se enamoró de mí y yo, de ella no. Nunca se lo dije, nunca le dije que la quería, pues no era verdad y no me salía decírselo. Cuando ella me declaraba que estaba enamorada de mí o que me quería, yo me limitaba a asentir. La relación duró bastante más de lo que yo había pensado. Una vez conseguida la plaza, seguí un tiempo más con ella para no levantar sospechas. En todo ese período, le fui infiel infinidades de veces. Cada vez que salía de fiesta sin ella, alguna tía caía entre mis piernas. Pero fui incapaz de romper la relación. Me encantaba el sexo con ella y quería seguir teniendo ese placer con ella.
-¡Serás hijo de puta!-. Lo insultó Pedro, que a cada palabra que oía, se encendía más.- ¡Hablas de Paula como si fuese algo de usar y tirar!
-Pedro, espera, por favor, necesito contártelo todo-. Álvaro agarró a Pedro del brazo cuando éste hizo el amago de levantarse.- Un día decidí romper con ella, pero no sabía cómo hacerlo. Entonces apareció una de las profesoras con la que le puse los cuernos a Paula. Me traía unas fotos de Paula con un chico, saliendo de un local. En la foto no había nada destacable, simplemente el chico estaba apoyado en los hombros de Paula, parecía un poco mareado y la utilicé como colchón para romper con ella. La llamé y vino a mi casa. Le enseñé la foto y no le di la oportunidad de que se explicara, al fin y al cabo, me daba igual, tenía que salir de esa relación. Le dije de todo menos bonita, que era una zorra que se iba con el primero que se le cruzaba por el camino. Y encima, para rematar, llevé a mi casa a dos chicas para tirármelas y quise que ella lo viera. Sí, que fuera testigo de lo que supuestamente ella me había hecho.
-¡Basta! ¡Cállate!-. Dijo un enfurecido Pedro.- Sal conmigo a la calle, ¡ahora!
Fran y David no daban crédito. Tenían delante de sí a un Pedro completamente furioso, fuera de sí y con esa amenaza de la calle, no se auguraba nada bueno. Decidieron salir detrás de ellos para evitar males mayores. Una vez en la calle, Pedro cogió a Álvaro de la pechera y lo empotró contra la pared. Tenía el rostro descompuesto y no era para menos.
-Eres un miserable, el ser más despreciable que he conocido. Un auténtico hijo de puta y un pedazo de cabrón. ¿Cómo fuiste capaz de hacerle todo eso? No tienes corazón, solo piensas en ti mismo y no te importa nada ni nadie, solo tú. ¿No pensaste ni un momento en el daño que le harías? No, tú que cojones vas a pensar si solo piensas en meterla en caliente. ¿Sabes lo destrozada que estaba cuando la conocí? ¿El miedo que tenía de empezar una relación conmigo? ¿Lo que me cuesta que confíe en mí, en que estoy enamorado de ella, en que la quiero más que a mi propia vida? A diferencia de ti, yo sí siento todo eso por Paula y no me supone ningún esfuerzo decírselo porque es cierto. Paula es una persona preciosa y no has sabido verlo. Así que te agradecería que no te vuelvas a acercar a ella, no la mires, ni le hables, porque si me entero de que has tenido el más mínimo contacto con ella, juro por dios que te reviento.- Pedro le habló con una rabia que no había sentido nunca.
-Pedro, déjalo ya-. Le dijo David intentando separarlos.
-Me alegra saber que sientes eso por Paula. Ella se merece a alguien como tú, que la quiera de verdad. Y, aunque no lo creas, siento mucho haberle hecho tanto daño.- Álvaro se colocó bien el jersey una vez Pedro se separó de él y se marchó.
Pedro se quedó allí mirando cómo se iba. Si las miradas matasen, su amigo habría caído fulminado en ese momento. Estaba completamente enfurecido, poseído por un odio irreconocible en él. Su amigo, el que él consideraba uno de sus mejores amigos, lo había traicionado. Jamás pensó que Álvaro sería de esa clase de hombres que utiliza a las mujeres a su antojo y que después se desprendía de ellas como si fueran un kleenex usado. No podía perdonarlo lo que le había hecho a Paula. Ahora entendía todo, ahora sabía el motivo de sus terrores, el porqué tenía su alma deshecha.
-Ey, ¿estás bien?-. Preguntó Fran preocupado.
-¿Ustedes conocían la historia?-. Pedro se giró hacia sus dos amigos con la mirada encendida.
-Nos la contó Paula-. Respondió David.
-Estoy hasta las narices de ser el último que se entera de las cosas -.Pedro se pasó las manos por el pelo en un intento de calmarse.
-Pepe, tranquilízate. Si Paula no te lo ha contado será porque no quería que pasara esto, que te enemistaras con Álvaro. No se lo tengas en cuenta-. Fran quería poner un poco de paz en la mente de su amigo-. Tenemos que volver al colegio. Venga vámonos.
Pedro llegó a la puerta del colegio y durante todo el trayecto no dejó de pensar en lo ocurrido en la comida. Álvaro no había tenido ninguna delicadeza al contarle aquellas cosas allí, delante de sus amigos y en un sitio concurrido de gente. ¡Y encima no se había cortado ni un pelo! Escuchar cómo una persona en quien confías, a la que conoces de toda la vida, era capaz de hacer todo eso a alguien y que, por casualidades del destino, ese alguien acababa convirtiéndose en tu chica, te dejaba completamente planchado. Ella no se merecía aquel desplante ni aquella humillación.
-Pero mira quién acaba de llegar ¡A mis brazos, papi!-. Le gritó Paula cuando vio entrar a David. Se levantó de su silla y fue a darle un agradable abrazo.- Enhorabuena.
-Gracias peque-. Se mofó él, dándole un beso en la mejilla.
-Creo que pasas demasiado tiempo con el guapísimo de mi novio-. Sonrió Paula-. Por cierto, ¿qué tal la comida?
-Algo movidita-. Contestó algo incómodo-. ¿Dónde está Helena?
-En su despacho-. David iba a alejarse de Paula cuando lo cogió del brazo-. David, mímala mucho.
Paula vio cómo David entraba en el despacho de Helena con una gran sonrisa. Se lo veía mucho más que feliz con el hecho de ser papá, todo lo contrario que su chica, que estaba acojonada. Durante la comida, tanto ella como Raquel intentaron transmitirle entusiasmo por la nueva vida que crecía en su interior, que sería una madre maravillosa, que David sería un padre completamente entregado a su familia, pero ni con esas. Se puso a llorar como una descosida y, cuando entró en el bar una madre con su hijo de la mano, aquello parecía un río desbordado. Estuvo a punto de llamar a Bruno para que las sacara de allí. ¡Madre del amor hermoso, qué manera de llorar! Conclusión, las hormonas de Helena acampaban por doquier. Al menos esperaba que David apaciguara su llanto.
Pedro, montado en su coche, fue a buscar a Paula al trabajo. Tenía un lío en la cabeza monumental. Había hablado con Fran en el colegio, pero no conseguía aclararse. ¿Tenía que decirle que lo sabía? ¿Tenía que enfadarse con ella por no contárselo? ¿Tenía que escuchar su versión? ¿O solo dedicarse a quererla y no pensar en el tema? No, no podía olvidarse del tema y menos tratándose de Paula. ¿Cómo era capaz de aguantar tanto dolor? Primero su padre, luego el que era su novio. Realmente había gente mala a su alrededor. Pedro estaba tan inmerso en sus pensamientos que no se dio cuenta de que el semáforo había cambiado de color hasta que el coche que le seguía tocó el claxon y lo hizo volver a la tierra. Arrancó el coche con las ideas más claras. Hablaría con ella sobre el asunto.
Llegó unos minutos más tarde de las siete a la oficina de Paula. Salió del coche y la saludó con la mano desde la otra acera. Estaba hablando con sus tres compañeros y, como siempre, estaba preciosa. Hablaban de algo que a Paula le hizo reír muchísimo. Esa sonrisa suya era muy contagiosa aparte de sensual. Pedro sonrió al verla descojonarse. Seguía sin entender los motivos por los que su ex-amigo la había herido de aquella manera. Vio como ella se acercaba hasta él con esa gracia tan característica al caminar.
-Hola guapísimo-. Paula se enrolló entre su cuerpo con un abrazo.
-Hola preciosa-. Pedro aceptó ese abrazo encantado. Tenerla así, rodeada entre sus brazos lo tranquilizaba. La estrechó más fuerte.
-Pepe, ¿pasa algo?-. Preguntó Paula preocupada por ese recibimiento.
-Tenía muchas ganas de verte pequeñuja-. Pedro besó sus labios.
-¿Qué ha pasado en la comida? Me ha dicho David que ha sido un poco agitada.
-Hablamos en casa ¿de acuerdo?
Esa fue la breve contestación de Pedro cuando subieron al coche camino de casa. Paula intentó sacarle a su chico alguna pista pero no daba su brazo a torcer, era más terco que una mula. No dijo ni pio. Sabía que había ido a comer con David y con Fran y lo único que podían haberle contado era que el primero iba a ser papá y el segundo su próxima boda. ¿Qué otra cosa había sucedido? Viendo que Pedro no soltaba prenda, Paula dejó de insistir y se mordió la lengua hasta que llegaron a su hogar.
-Pau, quiero hablarte de lo que ha pasado en la comida, pero quiero que me prometas que vas a ser sincera conmigo-. Pedro tomó a Paula por sus manos y la acompañó a sentarse en el sofá.
-Pepe, no quiero hablar más de Víctor-. Era la única idea que se le pasaba a una Paula desconcertada.
-No vamos a hablar de él, sino de Álvaro-. Paula lo miró sin entender qué tenía que ver su ex en esa conversación. Pedro se lo explicó-. Esta mañana, Álvaro ha venido a comer con nosotros y me ha contado la relación que tuvo contigo. Quiero escuchar ahora tu versión, quiero que me cuentes qué pasó.
Había llegado el momento de tener esa conversación, la conversación que Paula no quería mantener con Pedro. Ya sabía el final de aquello.
-¿Qué qué pasó? Bueno, pues pasó que nos conocimos, empezamos a salir, nos enamoramos, o mejor dicho, yo me enamoré de él y luego me dejó y se fue con una profesora del cole.- Paula se sentía incómoda contándole a su novio su relación con su ex. Era surrealista. Al final iba a estar equivocada, los hombres también eran unos marujos. ¡Qué daño estaban haciendo los programas del corazón!
-Vamos Paula, me has contado la versión light, la infantil y yo quiero oír la versión extendida, la apta para adultos.
Paula se levantó de su asiento y se paseó por el comedor, nerviosa, sin saber qué hacer con sus manos, se las refregaba, se tapaba la cara con ellas, se secaba el sudor de sus palmas con el pantalón. Pedro, que la veía agitada y que comenzaba a respirar con más rapidez, abandonó el sofá y con un cálido abrazo intentó relajarla.
-Siéntate Pedro, por favor-. Paula se separó del abrazo con una cierta brusquedad que Pedro notó. Él sentado y ella de pie, comenzó con su versión.
-No sé que es realmente lo que Álvaro te ha contado pero quieres que sea sincera, así que lo seré, a sabiendas lo que ello comporta-. Cerró los ojos y respiró profundamente antes de continuar-. Álvaro llegó al colegio a cubrir la baja de uno de los profesores de idiomas. Una noche, Raquel y yo quedamos con Fran para tomar unas copas y Álvaro apareció. Era la primera vez que lo veía y he de decir que me gustó nada más verlo. Cómo Fran y Raquel, para ese entonces ya eran pareja, no nos quedó más remedio a Álvaro y a mí que hacernos compañía. Comenzamos a hablar y nos caímos muy bien, era un tipo encantador, divertido, además de guapo. A partir de esa noche, empezamos una relación. Yo no había salido nunca con un chico, así que no sabía muy bien cómo funcionaba eso, lo único que sabía era que me gustaba estar con él, que me gustaban sus besos, sus caricias. Me había enamorado de él. Todo iba genial entre nosotros y yo, cada vez, estaba más enganchada a él. Estuvimos saliendo juntos casi un año, hasta que una noche me llamó y me dijo que quería verme, que tenía que hablar conmigo. Me presenté en su casa, con una idea estúpida en la cabeza sobre lo que me quería decir. Como estaban cerca las vacaciones de verano, creí, tonta de mí, que quería pasarlas conmigo, que iba a pedirme que nos perdiéramos en algún lugar, solos, él y yo. Pero nada más lejos de la realidad. Cuando me abrió la puerta de su casa estaba furioso como jamás lo había visto antes. Me enseñó una foto de mí con un chico, un chico que estaba borracho y al que yo estaba intentando ayudar metiéndolo en un taxi. No me dio la opción de explicarme, me sentenció a muerte aquella noche. Me dijo que era una zorra, que me iba con cualquiera que calentara mi entrepierna, que era una calientabraguetas, que le daba asco, que me merecía todo lo malo que pudiera pasarme y que no merecía ser feliz. Y por si eso fuera poco, si con eso no se quedó a gusto, había traído a su casa a dos chicas. Me dijo que podía unirme a la orgía, o podía quedarme y observar. Decidida a irme de allí, pues no podía soportar más humillación, cuando alcancé la puerta, él me retuvo y me ató a una silla y me obligó a mirar cómo se follaba a esas dos.
-Dios mío, Pau-. Pedro se levantó boquiabierto, necesitaba tenerla entre sus brazos, pero Paula dio un paso hacia atrás.
-Si me tocas no podré continuar-. La voz de Paula fue áspera y su mirada fría. Pedro se espantó ante esa apatía y volvió a su asiento-.No sé el tiempo que estuve atada en esa silla, pero fue una eternidad. No podía dejar de llorar y solo oía los gemidos de ellos tres. Cuando acabaron, las chicas se fueron y Álvaro me soltó. Me dijo que me lo merecía, que merecía sentir lo mismo que él había sentido cuando vio la foto. Entonces fue cuando también me dijo que nunca le había gustado, que no me había querido nunca, que me había utilizado para conseguir la plaza, que me había metido los cuernos con todas las tías que había querido y más y que estaba saliendo con la profe de historia. Me hizo saber que sentía un tremendo alivio al deshacerse de mí, que no quería volver a verme en la vida. En ese momento, salí de su casa y de su vida para siempre. Con el tiempo, entendí todas sus palabras, sus gestos, sus desplantes. Y vi claro que yo había sido la única que había apostado por esa relación-.Paula se calló una vez concluida su aventura con Álvaro.
Pedro la había escuchado sin dar crédito a sus palabras. Si le hubieran cortado un brazo en ese momento, no se habría enterado. Estaba helado, la sangre no le corría por las venas. Lo único que sentía era una repugnancia excesiva por lo que le había hecho Álvaro. Seguía sin poder articular palabra cuando Paula, al parecer, no había acabado.
-Todavía te falta por saber qué papel juega esa foto en todo esto-. Paula tomó aire y lo expulsó en un intento de encontrar las fuerzas para proseguir-. Cuando tenía veinte años, empecé a trabajar en un club de chicas de compañía. Era el mismo en el que mi madre trabajaba por las mañanas, limpiando, y yo iba de noche. En esa época, yo ya no vivía con mi madre, tenía un piso alquilado y vivía sola y necesitaba unos extras para llegar a fin de mes. Durante el día trabajaba en una tienda de zapatos y cuando oscurecía, iba a mi otro empleo. Empecé trabajando como camarera, y con el tiempo me fui convirtiendo en bailarina de barra y, finalmente en chica de compañía. Lo de bailarina pasó fugazmente por mi vida, pues una noche vino un hombre al local y digamos que me compró para que fuera su compañía durante el tiempo que estuviera en la ciudad. Me ofreció una suma de dinero muy suculenta por pasar un mes con él. Al principio tenía mis prejuicios, pero ese dinero me iba pero que muy bien, así que acepté. Lo acompañaba a fiestas, a cócteles, a reuniones…y a la cama.
-¿Te convertiste en su ligue particular?-. Preguntó Pedro desolado al escuchar cómo su chica se había vendido por dinero.
-Es una manera muy sutil de decir que fui su puta particular, pero sí-. Paula encontró gracioso que Pedro no la llamara como ella se había nombrado. Hasta en eso era un cielo-. Cuando terminó el mes y él regresó a su casa, yo volví a desempeñar el trabajo de camarera. Así hasta que él volvió y cada vez que volvía estábamos juntos. Estuvimos así un tiempo, hasta que un día, sin más desapareció y no volví a verlo. Me pasé un año siendo simplemente una camarera de ese local. Pasaron los años y mi madre conoció a mi padre, nació Carla y yo encontré el trabajo en el despacho de Javi. Una noche, mientras servía copas, un chico que era nuevo en el club, me propuso tener sexo con él. Esa noche lo rechacé, pero siguió viniendo, noche tras noche, hasta que caí. Volví a pensar en el dinero que me ofrecía y que podía ayudar a mi madre con esos billetes. Carla era pequeña y mi madre había dejado de trabajar en el club. Le empezó a rondar por la cabeza la idea de montar la librería, pero solo con el sueldo de mi padre no podía levantar su sueño. Quería devolverle a mi madre todo el sacrificio que había hecho por mí desde que nací y no quería que se perdiera nada de la vida de Carla, quería que la viera crecer, algo que no pudo hacer conmigo. Así que, otra vez, estaba metida en la cama de otro tío por pasta. Pero, en este caso, salí muy mal parada. Como cada noche que venía, yo tenía que estar disponible para él, pero una noche, estaba especialmente raro y comenzó a beber hasta que pilló una buena borrachera. Llamé a un taxi y lo acompañé a casa. De aquí la famosa foto. Cuando llegué a su casa, lo tumbé en la cama y me marché. Al día siguiente lo llamé por teléfono para saber cómo estaba, pero no me contestó. Días después, se presentó en mi casa la policía para detenerme por su asesinato. Me llevaron a comisaría, me interrogaron y me encerraron en el calabozo. Los vecinos me habían visto con él la noche de su muerte y todo estaba en mi contra. Mis padres se enteraron de lo ocurrido, absolutamente de todo. Mi padre intentaba mantener la compostura e intentar entender el porqué había hecho algo semejante, pero mi madre estaba completamente enloquecida. No podía mirarla a la cara, me sentía tan avergonzada y la había humillado tanto, que desee morirme. Pasé la noche en comisaría, pero a la mañana siguiente pude volver a casa. Dijeron que habían encontrado no sé qué pruebas que me alejaban como sospechosa. Y aquí tienes al hombre que mató Víctor-. Paula respiró profundamente-. Mi padre quiso que volviera a casa con ellos, al menos una temporada, pero no pude, quería quedarme en mi piso sola y pensar en lo mal que había actuado, en lo mala hija que fui, en el daño tan espantoso que le había causado a mi familia. Pero quedarme sola fue lo peor que hice. Empecé a comerme la cabeza con lo ocurrido y quise terminar con eso. Intenté suicidarme. Me tomé algunos tranquilizantes de más, pero apareció mi madre en mi casa y me salvó. Otra vez. Cuando salí del hospital, las tardes las tenía ocupadas con Raquel y las noches las pasaba en casa de mis padres. Me encantaba el ambiente tan familiar que se respiraba y sobretodo, pude contemplar como Carla crecía y se convertía en un terremoto. Me di cuenta de que había estado a punto de perder todo eso, de perder a mi familia, y entendí realmente el significado de esa palabra. No iba a olvidarlo-. Paula suspiró-. Bueno, ya lo sabes todo sobre mi patética vida.
Pedro se levantó de su asiento, e importándole bien poco lo que Paula le dijera, la abrazó con toda su alma.
-Dios, Paula, lo siento, lo siento muchísimo. No tenía ni la más mínima idea de todo por lo que has pasado-. Pedro tenía los ojos empañados por las lágrimas. Ella se dejó envolver por ese reconfortante abrazo.
-Tú no tienes la culpa, solo yo.
Se quedaron un rato así, abrazados, sin expresar ninguno de los dos cómo se sentían. Paula sabía que se había quitado un peso de encima al contarle todo aquello a Pedro, pero sabía que eso era el final de su relación con él. Por su parte, Pedro, no sabía cómo encajar todo esa historia, que su novia hubiera sido una chica que había tenido sexo a cambio de dinero, que había intentado suicidarse… todo eso lo superaba, tenía que digerir esa información. Paula supo que aquel silencio reinante entre ellos, era mala señal. Se separó del abrazo y alzando la cabeza, buscó su mirada.
-Pepe, no te pido que entiendas lo que hice, pero por favor, no me juzgues.
-Paula, no lo hago. Te quiero y me duele lo que he oído y no puedo ni imaginar el daño que te has hecho, pero necesito asimilarlo-. Pedro acarició sus mejillas.
-Entonces, me juzgas-. La voz de Paula sonó llena de pena
-Pau no, no te juzgo, simplemente no me gusta lo que hiciste. A ningún hombre le gusta que su chica…
-Haya sido una zorra, ya puedes decirlo-. Dijo enojada.
-Paula, no quería decir eso-. Pedro quiso acercarse de nuevo a ella, pero ésta se lo impidió.- No pienso discutir contigo. Vámonos a la cama, mañana será otro día y veremos todo esto de otra manera.
-Vete tú, yo no tengo sueño.
Pedro miró sus ojos entristecidos y su semblante serio. Le apetecía mucho quedarse allí con ella, pero sabía que si lo hacía, estaban condenados a una absurda pelea en la cual él, no quería participar.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Chan!
Horas y vemos a la familia Alfonso Chaves en lo de la tía Su(? asdfghgfdsasdfghgfds :')
Wow!!!!!!!!!!!!! Qué cap + intenso!!!!!!!!!!! Qué bien escribís!!!!!!!!!!!!
ResponderBorrarwow que intenso,ojala lo solucionen!!!
ResponderBorrar