Pedro seguía abrazado a ella cuando Paula se despertó. Tenía el brazo y
la pierna derecha a su alrededor. Era reconfortante levantarse por las mañanas
rodeada de ese cuerpo. Recordó lo que le dijo Raquel la noche anterior.
Por supuesto que me fijé en su cuerpo, era imposible no hacerlo. Mi chico es una completa amenaza para el género masculino. Pero aparte de lo que se ve, que es realmente estupendo, lo mejor de todo es lo que está debajo de todos esos músculos. Eso sí que es realmente precioso.
Le dio un suave beso en la mejilla, al que él respondió con un leve movimiento de su cuerpo y siguió durmiendo bocabajo. Por lo que Paula había visto, esa era una postura en la que le gustaba dormir. Se levantó de la cama, se vistió con unos pantalones de deporte, una sudadera y después de su visita al baño, fue a la cocina a preparar el desayuno. Abrió los armarios para ver qué podía acompañar al café y no vio nada apetecible, al menos para ella. Decidió entonces bajar a la pastelería y comprar algunos dulces. Dejó una nota sobre su almohada, al lado de su chico. Cogió su cartera, su nuevo llavero con las llaves de su nueva vivienda y salió, cerrando la puerta con mucho cuidado de no despertar a Pedro.
Por supuesto que me fijé en su cuerpo, era imposible no hacerlo. Mi chico es una completa amenaza para el género masculino. Pero aparte de lo que se ve, que es realmente estupendo, lo mejor de todo es lo que está debajo de todos esos músculos. Eso sí que es realmente precioso.
Le dio un suave beso en la mejilla, al que él respondió con un leve movimiento de su cuerpo y siguió durmiendo bocabajo. Por lo que Paula había visto, esa era una postura en la que le gustaba dormir. Se levantó de la cama, se vistió con unos pantalones de deporte, una sudadera y después de su visita al baño, fue a la cocina a preparar el desayuno. Abrió los armarios para ver qué podía acompañar al café y no vio nada apetecible, al menos para ella. Decidió entonces bajar a la pastelería y comprar algunos dulces. Dejó una nota sobre su almohada, al lado de su chico. Cogió su cartera, su nuevo llavero con las llaves de su nueva vivienda y salió, cerrando la puerta con mucho cuidado de no despertar a Pedro.
Aunque cerró con mucho sigilo, Pedro entreabrió los ojos al escuchar ese ruido. Cuando los tuvo abiertos comprobó que Paula no estaba con él y que ella era la causante de su desvelo. Desde que se había acostumbrado a dormir con ella, no le gustaba despertarse y ver que estaba solo. Observó que había una hoja de papel en el lugar que ella había ocupado. La cogió y la leyó. Sonrió.
“He bajado a la pastelería a comprar dulces para el desayuno. A ti, te reservo para el postre. Te amo.”
“¿Me reserva para el postre? ¿Tanto tengo que esperar?” Pedro salió de la cama con el pantalón del pijama puesto y con ganas de que llegara la hora de ese complemento que iba seguido de la comida. Habían quedado para comer en casa de los padres de Paula. Mientras la esperaba decidió preparar el café. Cogió el portátil y se dedicó a ojear las noticias y a revisar su horario para esa semana. De pronto, le vino a la mente la pregunta estúpida que le había hecho a Paula por la noche. Cuando supo que su amigo era el ex de su chica, no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. Y ese nudo era debido al miedo que tenía de perderla. Sabía que Paula se enamoró de Álvaro y no quería que ese sentimiento volviera a florecer. Le aterraba que eso pudiera suceder, no soportaría perderla. Pero sabía que eso no iba a pasar. Paula estaba con él, le había dicho que lo amaba, que no iba a dejarlo, pero joder, la angustia que le embargó el cuerpo, cuando, por un momento, por un milésimo instante, esa idea de no tenerla a su lado surgió de su mente, fue suficiente para que una oleada de pánico lo arrastrara hasta la oscuridad más profunda.
El sonido del timbre de la puerta lo devolvió a la realidad. Sería Paula y con una sonrisa se acercó a la puerta.
-Peque, ¿no has cogido tus llaves?-. Dijo gracioso-. ¡Papá, mamá!-. Dijo sorprendido, pues no los esperaba.
-Buenos días, hijo-. Su madre se acercó a él para besarle las mejillas-. ¿Esperas a alguien?
-A Pau, ha bajado a la pastelería.
-¿Ya vivís juntos?-. Preguntó su padre.
-Sí-. Contestó escuetamente-. ¿De dónde venís?
-¡Ay, hijo!-. Lo abrazó su madre-. Venimos del cementerio y he de decirte que el ramo que les has puesto a los abuelos es precioso.
-No he sido yo mamá-. Sus padres lo miraron extrañados-. Ha sido Pau. Pasamos el otro día por una floristería y compró las flores.
En ese momento se oyó el ruido de la cerradura y detrás de la puerta apareció Paula con una bolsa llena de pastelitos. Se quedó parada al ver a los padres de su chico, pues al igual que él, no los esperaba.
-Buenos días Natalia, Nicolás-. Los saludó.
-Buenos días, Pau. Muchas gracias por las rosas-. Le susurró Nicolás al oído cuando se acercó a ella y la abrazó-.Por cierto, ¿cómo te encuentras? ¿Qué tal tu chichón?
-Mucho mejor, ya no me duele y apenas se nota-. Le contestó Paula agradecida por preguntar.
-A ver, déjame verlo-. Nicolás le inspeccionó el golpe de la cabeza-. Tienes razón, apenas se aprecia. ¿Mi hijo te ha cuidado bien?
-Ha sido la mejor medicina-. Paula le dedicó una tierna mirada a su chico.
-Hijo, ¿tienen planes para comer? Hemos quedado con tu hermano y Lorena-. Preguntó su madre.
-Vamos a comer a casa de los padres de Pau.
-Puedo llamar a mi madre y preguntarle si hay comida suficiente para alimentar cuatro bocas más-. Pau miró a sus tres acompañantes.- si les parece bien, claro.
-Es una idea estupenda. Por mí ningún problema-. Afirmó Nicolás.
Paula terminó de desayunar y llamó a su madre. María se alegró mucho de que pudieran estar todos juntos y estaba encantada de volver a ver a la familia de Pedro. Informó a los padres de Pedro de que estaban invitados a comer en casa de los suyos. Dejaron en el comedor a Nicolás y a Natalia y ellos dos se fueron a la habitación a cambiarse de ropa.
-Tu padre me ha dado las gracias por las rosas, ¿me explicas porqué?
-Las han visto y les he dicho que las habías comprado tú-. Le dijo Pedro mientras buscaba la ropa en el vestidor.
-Pero eso no es cierto, lo hicimos los dos.
-La idea fue tuya y tú las pagaste.
-¿De eso se trata? ¿Cómo pagué yo el ramo, lo compré yo?-. Pedro afirmó-. Mírame Pedro-. Paula le quitó el pantalón que tenía en las manos y agarró su rostro, obligándolo a fijar sus ojos en ella-. Mírame y escúchame bien. Somos una pareja y como tal, lo compartimos todo. Aquí no existe lo tuyo es tuyo y lo mío es mío. Esto no funciona así, ni tampoco lo tuyo es mío y lo mío es mío, como me acabas de insinuar. Entre nosotros lo tuyo es mío y lo mío es tuyo y si no lo ves así, pues he de decirte entonces que, mi culo es mío y no tuyo-. Paula acarició el pelo de su nuca con una sonrisa maliciosa.
-¡Joder Paula qué lío! pero lo del culo me ha quedado claro y he de decirte que eso ni lo sueñes pequeña. Todo esto-. Pedro señaló el cuerpo de Paula, que estaba entre sus brazos.- es todo mío y solo mío-. Le regaló un ardiente beso en los labios-. Perdóname, tienes razón.
-Claro que la tengo y cuando se te olvide, acuérdate de eso-. Con una sonrisa pícara.
Acabaron de vestirse y fueron a recoger a Bruno y a Lorena a su casa. Cuando llegaron, Pedro les explicó el cambio de planes y parecieron encantados con la velada que les aguardaba. Nicolás y Natalia iban en su coche y el de Pedro iba ocupado por él, Paula y compañía.
-Pau, ¿ya has vuelto a tu casa? -. Lorena le preguntó, sentada en el asiento trasero.
-Sí, ayer estuve recogiendo lo poco que quedó en pie, que se resume a mi ropa. No sé si vale la pena que vaya a poner la denuncia. No creo que me haya robado nada, aunque es difícil saberlo. Todo está roto.
-Tienes que ponerla, Pau. Esta tarde estoy en la comisaría, así que si quieres, vienes. No lo demores más.
-Gracias Lorena-. Paula le dedicó una sonrisa afectiva.
Se plantaron delante de casa de María y Ricardo una hora antes de la acordada para comer. Paula abrió la puerta. Toda su familia ya estaba allí.
-¡Hola Pau!-. Gritó entusiasmada Carla que fue corriendo hacia ella.
-¡Hola bombón!-. Paula la cogió en brazos y se abrazaron-. ¡joder, cómo pesas!
-No se dicen palabrotas-. Le dijo bajito Carla.
Paula la dejó en el suelo y su hermana pequeña se quedó mirando a las personas que la acompañaban. No los conocía a todos, pero a uno sí.
-Y tú, ¿porqué vienes a comer a mi casa?-. Le preguntó Carla, mirando fijamente a Pedro.
-¡Carla!-. Le regañó su madre-. Pedro viene a comer porque es el novio de Paula y puede venir siempre que quiera, ¿entendido?-. Después de la regañina, saludó a la familia de Pedro.
-¿Ahora eres el novio de mi hermana? ¿Ya no es fea?-. Carla seguía con la mirada fija en él.
-Ven aquí -. La cogió Pedro en brazos-. Tu hermana no es fea, es la chica más guapa que he conocido nunca-. Le habló bajito en su oído, le dio un beso y la bajó al suelo.
-Pepe cariño, no le hagas caso-. María cogió a su hija pequeña de la mano-. Pasen y poneros cómodos. Enseguida comemos.
Entraron todos hacia el salón y Paula presentó a su hermana Alba a los padres de Pedro. A Marc ya lo conocían. Mientras esperaban a que llegara la comida, que había encargado María en el restaurante de su amigo, se prepararon unos vermuts para ir abriendo apetito. Charlaron sobretodo las madres, de las trastadas que hicieron sus hijos cuando éstos eran pequeños. Entre cotilleos y cotilleos, Pedro no dejaba de mirar a Carla, que bebía un zumo directamente del cartón con una cañita. La niña no dejaba de observarlo, con una expresión en los ojos que a Pedro le incomodaba.
-Oye, Pau ¿porqué tu hermana pequeña me mira de ese modo?- Le susurró al oído.
-¿De qué modo?- Se giró hacia él cuando le preguntó.
-Pues de esa forma tan…no sé, de ese modo.
-¡Ah, vale!, de ese modo...ya te entiendo. Creo que está tramando algo y tiene que ver contigo.- Paula lo miraba divertida.
-¿Conmigo? ¿Por qué?
En ese momento, Carla terminó su zumo, se levantó de su asiento y fue hacia la cocina a tirar el envase. Volvió enseguida y se acercó a lado de Pedro.
-Ven conmigo-. Le dijo extendiéndole su pequeña mano para que la cogiera. Pedro miró a Paula sin saber muy bien qué hacer. Su chica le hizo una señal con la cabeza para que acompañara a su hermana.
-¿A dónde me llevas?
-Voy a enseñarte mi cuarto.
Carla lo cogió de la mano y se perdió con él por el pasillo hasta llegar a las escaleras de la planta de arriba, donde estaban los dormitorios. La casa de sus padres era de dos plantas, la inferior donde había el comedor, la cocina y un baño y la superior con cuatro habitaciones y dos baños. La habitación de Carla era la que había más cerca de la de sus padres. Abrió la puerta y entró acompañada de Pedro. Era la primera vez que veía ese cuarto, y había de decir que era enorme. Las paredes estaban pintadas de blanco, decoradas con las letras del abecedario, número y algún que otro dibujo que apostaría que era hecho por Carla. Los muebles eran de una combinación de colores, no era la típica habitación rosa, sino que el tono naranja se combinaba con el amarillo y el blanco. Había dos camas, literas, una encima de la otra en posición horizontal y la otra en vertical. Se accedía a la cama de arriba a través de unas anchas escaleras que a la vez hacían de cajones. Disponía también de un escritorio alargado, junto a la pared opuesta, donde un armario hacia de esquinero. También vio un baúl enorme al otro lado y supo que era el rincón de los juguetes. Carla lo abrió y sacó un rompecabezas.
-¿Me ayudas a hacerlo?-. Le preguntó la niña, aunque no esperaba respuesta ya que sacó las piezas de la caja y las tiró al suelo.
-Claro, me encantan los puzzles-. Carla se sentó en plan indio en el suelo y Pedro la imitó. Cuando llevaban unos minutos allí sentados, mirando las piezas, Pedro creyó que la pequeña solo quería jugar con él. Pero estaba equivocado.
-Pepe, ¿mi hermana llora contigo?-. A Pedro se le cayó la ficha que tenía en la mano.
-¿Porqué me preguntas eso?-. Estaba realmente intrigado con esa niña.
-Cuando vivía con nosotros, lloraba por un señor mayor. Después volvió y lloraba por un novio, como tú. ¿Tú también le haces llorar?-. Pedro se había quedado a cuadros.
-No, conmigo no llora. Yo quiero muchísimo a tu hermana.- Le respondió con sinceridad.
-El otro novio también la quería y le hizo daño. ¿Tú le haces daño?-. Esta vez, Carla lo miró a los ojos cuando le hizo la pregunta. Pedro pudo ver en su mirada un amor incondicional por Paula.
-Nunca le haría daño a tu hermana. Es la niña que más quiero en el mundo-. Pedro sonrió.
-¿Me lo prometes? No quiero que vuelva a casa llorando.
-Te prometo que nunca voy a hacerle daño a Paula-. Pedro le acarició su mejilla-. La quieres mucho ¿verdad?-. Carla se acercó hasta él y se puso de rodillas a su lado.
-Un montón. Además juega muchas veces conmigo. A Alba también la quiero mucho, pero no juega tanto conmigo-. Pedro rió-. ¿Sabes una cosa?-. Pedro negó con la cabeza-. Me caes bien.
-¿Eso crees?-. Carla afirmó-. Muy bien, pues ahora vas a ver quién hace las mejores cosquillas del mundo-. Pedro la tumbó en el suelo, encima de una pequeña alfombra redonda de color naranja y empezó a hacerle cosquillas. Era igual que Paula, las tenía por todas partes.
-¿Qué es este jaleo que hay aquí montado?-. Dijo Paula apoyada en el marco de la puerta. Vio que Pedro le decía algo al oído de su hermana y los dos se levantaron del suelo, con una cómplice sonrisa.
-¡A por ella!-. Gritó Carla y los dos se fueron directos hacia Paula para continuar con las cosquillas, pero esta vez, con ella.
Pedro cogió a Paula por la cintura y la tumbó en el suelo, justo donde antes había estado su hermana pequeña. Paula estaba indefensa ante ellos dos, que no paraban de hacerle cosquillas y ella se revolcaba por el suelo, intentando zafarse de ellos, pero no podía.
-¡Paren, por favor!-. Gritaba Paula entre risas, pero ninguno de los dos le hacía caso.
-¡Chicos, la comida ya está preparada!-. Les gritó María desde abajo, en el comedor.
-¡Vamos a comer paella!-. Exclamó Carla, que dejó a su hermana tranquila y ya no le hacía cosquillas. Pedro también paró y ayudó a Paula a levantarse del suelo.
-Eres un mentiroso, si que haces llorar a mi hermana-. Le dijo Carla a Pedro señalando a Paula, que tenía alguna lagrimilla resbalando por sus mejillas. Carla le sonrió y se fue hacia las escaleras.
-¿A qué ha venido eso?-. Preguntó Paula.
-Cosas nuestras-. Y Pedro le dio un beso a su chica y fueron hacia abajo a comer.
Ya estaban todos alrededor de la mesa, listos para comer. Carla quiso sentarse entre Pedro y Marc, que se miraron con un cierto temor por lo que podría pasarles estando rodeados de esa niña tan guapa y a la vez tan peligrosa. Físicamente se parecía mucho a Alba, era alta, delgada y rubia, con sus ojos azules, pero tenía las facciones de Paula, su misma nariz, su sonrisa y seguramente también su descaro. La velada pasó apaciblemente, sin altercados por parte de la pequeña de la familia, aunque eso sí, miraba a los dos intensamente, como si estuviera evaluándolos. También se fijó mucho en Bruno, en lo parecido que era con su hermano, pero claro, sin pelo. Cuando terminaron de comer, llegó el momento del postre.
-Tú aquí, no te muevas-. Le dijo Ricardo a su mujer-. Ustedes han puesto
la mesa, ahora la recogemos nosotros-. Los cinco hombres se levantaron con las
manos ocupadas en dirección a la cocina. Carla decidió acompañarlos retirando
su plato y su vaso.
-Miedo me da ver cómo me van a dejar la cocina. Menos mal que está Carla con ellos para poner orden-. Dijo María a lo que todas rieron.
-Paula, Pedro me ha contado cómo se conocieron, que por lo que he entendido fue en la discoteca de tu hermana ¿no?-. Preguntó Natalia a lo que Paula afirmó-. Tengo una curiosidad, ¿se acostaron esa primera noche?-. Paula no se acababa de creer lo que le había preguntado su suegra. Tierra trágame.
-¿Eso te ha dicho tu hijo?-. Preguntó con voz incrédula
-Pedro no me ha contado nada y se piensa que soy tonta, pero no lo soy para nada. Mi hijo no nos ha presentado nunca a ninguna chica y sé que todo este tiempo ha estado liado con ellas. Es un hombre y como tal, tiene sus necesidades, igual que nosotras.
-Claro que se acostaron la primera noche y ¡repitieron!-. Aclaró María por si las dudas.
-Hay que probar primero el producto antes de comprarlo-. Soltó Alba y rieron.
-Pues he de decir que me alegro de que lo probaras-. Le dijo Natalia a Paula con una sonrisa cariñosa en los labios-. Me atrevería a decir que se enamoró de ti esa primera noche-. Natalia acarició la mano de Paula.- Me encanta que estés con mi hijo, lo veo contento y no sé qué es lo que tienes, lo que le das, pero está feliz a tu lado. Espero que no te importe que se haya ventilado a todas esas chicas.
Paula, que estaba un poco acalorada por el tono tomate que había adquirido su cara, iba a contestar a la madre de su chico, pero en ese momento aparecieron los hombres para sacarla del aprieto. Joder, que mal rato he pasado.
-Pau ¿te encuentras bien?, estás muy sonrojada-. Pedo se sentó a su lado y le tocó suavemente las mejillas con los nudillos. Ella asintió.
-Creo que será mejor que nos vayamos-. Dijo Lorena a Bruno.- Dentro de una hora comienza mi turno.
-Nosotros también nos vamos. Me voy a pasar por la comisaría para poner la denuncia del robo.
Salieron de casa de los padres de Paula no sin antes despedirse de los que se quedaron allí. Carla se acercó hasta Pedro y le dio un beso en la cara y le hizo una confesión, que aunque Marc era más guapo, él le caía mucho mejor. Pedo no pudo remediar sonreír. Una vez en el coche, fueron hacia la comisaría. Pedro los dejó allí a los tres, mientras buscaba aparcamiento. Lorena entró hacia los vestuarios para cambiarse y colocarse el uniforme y Bruno se quedó en la sala de espera con Paula.
-No estés nerviosa, ya verás cómo no es nada.
Bruno intentaba tranquilizarla pero a Paula no le gustaba nada estar en ese sitio. Recordaba las veces que había acudido a esa misma comisaría. Y una de esas veces, creyó que no saldría de allí. Se acercó un poco más a Bruno y dejó descansar la cabeza sobre uno de sus hombros.
-¿Otra vez ligando con mi hermano?, no puedo despistarme ni un momento-. Dijo Pedro con una sonrisa y sentándose a su lado.
-Pero mira que llegas a ser celoso-. Paula acarició su rostro.
En ese momento apareció Lorena para llevarse a Paula hacia su mesa. Iba vestida con el traje de policía, que intimidaba un poco y Paula la respetaba un poco más, sobre todo ahora que era parte de la familia. Lorena se sentó en su silla e invitó a Paula a sentarse en la que había enfrente. Lorena comenzó a hacerle preguntas sobre el día del robo.
-Lorena, ¿tuviste alguna otra denuncia de robo por el barrio?
-No ninguna. Hacía tiempo que en tu zona no se cometía este tipo de delito-. Paula se quedó en silencio. Un silencio que Lorena conoció enseguida debido a su trabajo.
-Pau, ¿qué pasa? ¿Sabes quién pudo entrar en tu casa?
-No estoy segura, es solo que tengo una leve sospecha de quién puede haber sido.
-¿Quién?-. Lorena quería que su cuñada le dijera lo que sabía.
-Creo que… ha sido Víctor-. A Paula le tembló la voz.
-¿Víctor?-. Lorena la miró asombrada-. ¿Sabes algo de él? ¿Lo has visto?
-No, nada de eso, ya te digo que es solo un presentimiento, nada más. No sé porqué lo tengo, pero me asusta que sea cierto.
-No estés asustada Pau. Voy a averiguar si Víctor tiene algo que ver con todo esto-. Lorena se levantó de su asiento y se colocó frente a Paula-. No te preocupes por nada, no voy a permitir que te haga daño.
-Hablas igual que Pepe-. Sonrió Paula -. Gracias por todo, Lorena.
Una vez puesta la denuncia, Lorena acompañó a Paula hasta la sala de espera, donde se encontraban Pedro y Bruno. Se despidieron de la policía y salieron a la calle. Pedro dejó a su hermano en su casa y ellos se fueron a la suya.
-¿Te apetece que te prepare un baño?-. Le preguntó Pedro a Paula, a lo que ella contestó afirmativamente.
Ya con el baño preparado y ellos dos dentro de la bañera, disfrutando del agua calentita y de sus cuerpos, se dejaron llevar por la pasión. Pedro besaba los labios de Paula con desesperación, como si fuera la última vez que los besara. Sus manos se deslizaban por el cuerpo mojado de ella, rozando cada poro de su piel, deteniendo sus manos en sus nalgas y alzándola hasta quedar sobre su sexo. Paula gimió con ese simple roce.
-Pepe, vámonos a la cama-. Le pidió Paula con deseo.
Pedro la cogió en brazos y se la llevó a la habitación. No dejaron de besarse en ningún momento, sus labios no cesaron de acariciarse y sus lenguas seguían bailando al compás de la música de sus sentimientos. Depositó en el suelo a Paula y se desprendieron de la única prenda que cubría sus cuerpos. Paula se sentó sobre el colchón y se quedó mirando a su chico, acariciando su pecho.
-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
-¿Tú te has visto?-. La pregunta de Paula sonó con un tono apetitoso.
-¿Qué me pasa?-. Pedro se echó una rápida mirada.
-Qué estas buenísimo te mire por donde te mire.
Pedro no pudo reprimir una
grata carcajada, feliz de que su chica lo viera así. La empujó por los hombros
hasta dejarla tumbada sobre la cama, toda disponible para él. Bajó la cabeza y
de nuevo encontró los sabrosos y delicados labios de ella, impacientes por
volver a sentir el calor de los suyos. Aquella boca era una verdadera perdición
y todo su cuerpo era una tormenta a punto de estallar. Notó la excitación de
Paula cuando una de sus manos fue en busca de su sexo y se topó con la humedad
que lo cubría. Cómo le gustaba provocarla de esa manera, era tan sexy verla en
ese estado de fogosidad que sus dedos buscaron la apertura de su vagina para
introducirse en ella. Paula dejó escapar un gemido tan erótico que apartó la mano
de Pedro de su interior, por miedo a no durar más de un minuto. Pero la miró
con una sonrisa malvada pues sabía el motivo de la separación de su mano. Pedro
emitió un gruñido carnal y tomó su boca en un beso posesivo. -Miedo me da ver cómo me van a dejar la cocina. Menos mal que está Carla con ellos para poner orden-. Dijo María a lo que todas rieron.
-Paula, Pedro me ha contado cómo se conocieron, que por lo que he entendido fue en la discoteca de tu hermana ¿no?-. Preguntó Natalia a lo que Paula afirmó-. Tengo una curiosidad, ¿se acostaron esa primera noche?-. Paula no se acababa de creer lo que le había preguntado su suegra. Tierra trágame.
-¿Eso te ha dicho tu hijo?-. Preguntó con voz incrédula
-Pedro no me ha contado nada y se piensa que soy tonta, pero no lo soy para nada. Mi hijo no nos ha presentado nunca a ninguna chica y sé que todo este tiempo ha estado liado con ellas. Es un hombre y como tal, tiene sus necesidades, igual que nosotras.
-Claro que se acostaron la primera noche y ¡repitieron!-. Aclaró María por si las dudas.
-Hay que probar primero el producto antes de comprarlo-. Soltó Alba y rieron.
-Pues he de decir que me alegro de que lo probaras-. Le dijo Natalia a Paula con una sonrisa cariñosa en los labios-. Me atrevería a decir que se enamoró de ti esa primera noche-. Natalia acarició la mano de Paula.- Me encanta que estés con mi hijo, lo veo contento y no sé qué es lo que tienes, lo que le das, pero está feliz a tu lado. Espero que no te importe que se haya ventilado a todas esas chicas.
Paula, que estaba un poco acalorada por el tono tomate que había adquirido su cara, iba a contestar a la madre de su chico, pero en ese momento aparecieron los hombres para sacarla del aprieto. Joder, que mal rato he pasado.
-Pau ¿te encuentras bien?, estás muy sonrojada-. Pedo se sentó a su lado y le tocó suavemente las mejillas con los nudillos. Ella asintió.
-Creo que será mejor que nos vayamos-. Dijo Lorena a Bruno.- Dentro de una hora comienza mi turno.
-Nosotros también nos vamos. Me voy a pasar por la comisaría para poner la denuncia del robo.
Salieron de casa de los padres de Paula no sin antes despedirse de los que se quedaron allí. Carla se acercó hasta Pedro y le dio un beso en la cara y le hizo una confesión, que aunque Marc era más guapo, él le caía mucho mejor. Pedo no pudo remediar sonreír. Una vez en el coche, fueron hacia la comisaría. Pedro los dejó allí a los tres, mientras buscaba aparcamiento. Lorena entró hacia los vestuarios para cambiarse y colocarse el uniforme y Bruno se quedó en la sala de espera con Paula.
-No estés nerviosa, ya verás cómo no es nada.
Bruno intentaba tranquilizarla pero a Paula no le gustaba nada estar en ese sitio. Recordaba las veces que había acudido a esa misma comisaría. Y una de esas veces, creyó que no saldría de allí. Se acercó un poco más a Bruno y dejó descansar la cabeza sobre uno de sus hombros.
-¿Otra vez ligando con mi hermano?, no puedo despistarme ni un momento-. Dijo Pedro con una sonrisa y sentándose a su lado.
-Pero mira que llegas a ser celoso-. Paula acarició su rostro.
En ese momento apareció Lorena para llevarse a Paula hacia su mesa. Iba vestida con el traje de policía, que intimidaba un poco y Paula la respetaba un poco más, sobre todo ahora que era parte de la familia. Lorena se sentó en su silla e invitó a Paula a sentarse en la que había enfrente. Lorena comenzó a hacerle preguntas sobre el día del robo.
-Lorena, ¿tuviste alguna otra denuncia de robo por el barrio?
-No ninguna. Hacía tiempo que en tu zona no se cometía este tipo de delito-. Paula se quedó en silencio. Un silencio que Lorena conoció enseguida debido a su trabajo.
-Pau, ¿qué pasa? ¿Sabes quién pudo entrar en tu casa?
-No estoy segura, es solo que tengo una leve sospecha de quién puede haber sido.
-¿Quién?-. Lorena quería que su cuñada le dijera lo que sabía.
-Creo que… ha sido Víctor-. A Paula le tembló la voz.
-¿Víctor?-. Lorena la miró asombrada-. ¿Sabes algo de él? ¿Lo has visto?
-No, nada de eso, ya te digo que es solo un presentimiento, nada más. No sé porqué lo tengo, pero me asusta que sea cierto.
-No estés asustada Pau. Voy a averiguar si Víctor tiene algo que ver con todo esto-. Lorena se levantó de su asiento y se colocó frente a Paula-. No te preocupes por nada, no voy a permitir que te haga daño.
-Hablas igual que Pepe-. Sonrió Paula -. Gracias por todo, Lorena.
Una vez puesta la denuncia, Lorena acompañó a Paula hasta la sala de espera, donde se encontraban Pedro y Bruno. Se despidieron de la policía y salieron a la calle. Pedro dejó a su hermano en su casa y ellos se fueron a la suya.
-¿Te apetece que te prepare un baño?-. Le preguntó Pedro a Paula, a lo que ella contestó afirmativamente.
Ya con el baño preparado y ellos dos dentro de la bañera, disfrutando del agua calentita y de sus cuerpos, se dejaron llevar por la pasión. Pedro besaba los labios de Paula con desesperación, como si fuera la última vez que los besara. Sus manos se deslizaban por el cuerpo mojado de ella, rozando cada poro de su piel, deteniendo sus manos en sus nalgas y alzándola hasta quedar sobre su sexo. Paula gimió con ese simple roce.
-Pepe, vámonos a la cama-. Le pidió Paula con deseo.
Pedro la cogió en brazos y se la llevó a la habitación. No dejaron de besarse en ningún momento, sus labios no cesaron de acariciarse y sus lenguas seguían bailando al compás de la música de sus sentimientos. Depositó en el suelo a Paula y se desprendieron de la única prenda que cubría sus cuerpos. Paula se sentó sobre el colchón y se quedó mirando a su chico, acariciando su pecho.
-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
-¿Tú te has visto?-. La pregunta de Paula sonó con un tono apetitoso.
-¿Qué me pasa?-. Pedro se echó una rápida mirada.
-Qué estas buenísimo te mire por donde te mire.
-Pepe, hazme el amor, por favor-. Le pidió desesperadamente.
Y Pedro que era muy obediente, hizo lo que le pidió. Se separó de ella para coger del cajón un preservativo y una vez colocado, la embistió. Se introdujo en ese lugar tan placentero de una sola estacada a lo que ambos respondieron con sollozos de satisfacción. Cada vez que hacía el amor con Paula, era como si fuera la primera vez que la sentía. Cada vez era diferente, era más intenso, más pasional y brotaban nuevos sentimientos que ni siquiera sabía que existían en su interior. Estaba enamorado de ella, la deseaba, la quería, la amaba, estaba completamente loco por ella y todo eso escapaba del fondo de su ser cuando la poseía. Se sentía incapaz de controlar aquello, indefenso ante todo lo que le ofrecía Paula, ante tanto amor desatado. Se estaba perdiendo ante la magnitud de lo que sentía.
-Eres deliciosa Paula.
Paula acunó su rostro entre las manos y lo acercó a sus labios para besarlos. Pedro manoseaba las curvas de su chica hasta que llegó a sus preferidas, las que se formaban donde la espalda perdía su nombre. Sin separarse de su interior, Pedro se puso de rodillas sobre el colchón y tomó con ambas manos las suaves nalgas de Paula y las atrajo hacia su cuerpo, separándolas de la cama. Paula quedó arqueada por su espalda. Su cabeza reposaba sobre la almohada, sus manos se sujetaban con fuerza a la sábana que estaba bajo su cuerpo y sus pies se enlazaron alrededor de la cintura de Pedro y él hizo lo mismo pero con sus manos, manteniéndola firme y de manera dominante en esa postura mientras que seguía balanceándose dentro de ella. Disfrutaba tanto de ella que enseguida reconoció esa sensación que le estaba haciendo que perdiera la razón y, no pudo contenerse y la dejó libre.
-¡Oh, Paula!-. Exclamó Pedro en un orgasmo violento.
Paula se encontraba al borde del abismo después de ver a su chico satisfecho y no estaba para esperar mucho más, y menos cuando notó que Pedro sujetaba su cuerpo con una sola mano y que con la otra, y en concreto con sus dedos, buscaba, encontraba y deleitaba su excitadísimo clítoris, así que dejó que el orgasmo invadiera todo su ser. Paula se relajó, soltando el trozo de tela que tenía entre las manos.
Pedro, que notó cómo su chica había caído en sus redes, volvió a sujetarla con las dos manos y la dejó descansar en la cama, instante en el que él se deshizo del contacto que los mantenía unidos. Se quedó de rodillas frente a ella y guiando su cara hacia su cuerpo, comenzó a besarla despacio, con pequeños y tímidos besos que fueron ascendiendo desde su estómago hasta llegar a sus labios. Cuando regresó del baño, volvió a ponerse a su lado.
-Me encanta la cara que pones cuando te corres-. Le dijo Paula sonriendo.
-¿Qué cara pongo?
-De relajación y te sale esa sonrisita de tonto que me vuelve loca.
-¿Así que te parezco tonto cuando me corro?-.Preguntó Pedro con esa misma sonrisa tonta-. Pues ahora vas a saber cómo se las gasta este tonto.
Y comenzó a morderle el cuello y como no, ha hacerle cosquillas por todo el cuerpo. Paula no podía dejar de revolcarse en la cama y no podía dejar de reír. Pedro la seducía constantemente con sus manos, o bien para hacerla sonreír o para hacerla sentir especial. Cuando el señor se cansó de torturarla, le agarró de las muñecas y se las colocó a ambos lados de la cabeza. Los dos se miraban alegres mientras que la respiración de Paula iba acompasándose a un ritmo normal.
-Eres lo que siempre he soñado, pero mucho mejor-. Pedro la besó suavemente.
-Háblame de tus sueños-. Le susurró Paula, acariciando su pelo.
-¿Mis sueños?, pues qué puedo contarte…Desde pequeño me ha gustado el deporte y creo, que tanto mi hermano como yo, hemos practicado la mayoría de ellos pero no hemos servido nunca para ninguno como para dedicarnos profesionalmente.- Sonrió-. Pero he de decir a nuestro favor que siempre se nos dio bien correr e ir en bici. Recuerdo que los domingos por la mañana, cuando mi padre no trabajaba, nos íbamos los cuatro al campo con nuestras bicis y pasábamos el día. Y supe que de mayor quería tener una profesión vinculada al deporte, pero no sabía exactamente cuál. Fue un año, en el colegio, cuando llegó un profesor nuevo de educación física que me incliné por esa carrera. Me encantaba aquel profesor, la manera que tenía de tratarnos, de educarnos y nos enseñó mucho más que deporte. Nos enseñó a compartir, a ser competitivos en la vida pero sin pisotear a nadie, a ayudarnos cuando alguno de nosotros caía. Pensé que de mayor quería ser como aquel maestro e intento inculcar a mis alumnos esas mismas bases.
-Y lo haces y he de decir que muy bien-. Paula besó sus labios.
- Así que de pequeño tenía ese sueño y lo he cumplido. Y ahora, de mayor, quería conocer a una chica especial, que me llenara en todos los aspectos de la vida y poder casarme con ella y formar una familia. Y lo he conseguido, al menos lo de la chica-.Pedro acarició su dulce rostro.
-¿Quieres casarte conmigo y que tengamos hijos?-. Paula lo miraba asombrada y a la vez ilusionada.
-Sí, pero todo a su debido momento, pequeña-. Las palabras de Pedro eran una completa declaración.
A Paula no se le había pasado por la cabeza llegar hasta ese punto. Ninguno de los dos lo había mencionado, por tanto, nunca habían hablado del tema, pero si era sincera consigo misma, era un plan maravilloso, un plan que no sabía si llegaría a cumplirse. Y, otra vez, ese pensamiento negativo, esa sensación de derrota, se instaló en su ser.
-Y tú, ¿Qué me dices de tus sueños?-. Preguntó Pedro.
-No tengo sueños, intento vivir el día a día sin mirar más allá-.Contestó Paula algo triste.
-Vamos Pau, tienes que tener algún sueño. Es bueno tener sueños, te ayudan a vivir, así puedes conseguirlos-. Pedro la miraba con cariño, acariciando su hombro.
¿Cómo iba Paula a explicarle que el único sueño que había tenido siempre era ver su muerte en manos de aquel hombre? ¿Cómo iba a decirle que, desde que lo conocía, tenía el sueño de estar a su lado? ¡Qué utopía!
-No vale de nada tener sueños inalcanzables-. Dijo ella con su tristeza.
-No hay nada inalcanzable, sólo lo es si uno mismo se pone límites. Cualquier persona puede conseguir aquello que desee. -Pedro hablaba con mucha seguridad.
-Por tus palabras, entiendo que consigues todo lo que quieres.
-Lucho por lo que quiero. Tengo mucha fuerza de voluntad y no me rindo fácilmente. Exprimo al máximo todas mis posibilidades, hasta el final. Tú tendrías que hacer lo mismo. Vales mucho, Paula, más de lo que te imaginas. Lo que pasa es que no sabes verlo, no te valoras, no te quieres.
-¿Y tú qué sabes? -Paula le apartó las manos de la cara. Le había molestado que la conociera tan bien.
-Vamos peque, no te enfades-. Le cogió las manos-. La otra noche me hablaste de tus miedos, de tus muchos miedos y esa es la barrera de lo inalcanzable que se hacen tus sueños. Échala abajo, destrúyela, yo estaré contigo-. A Paula le empezaron a escocer los ojos por las lágrimas contenidas y se abrazó a Pedro.
-¿Por qué haces que todo parezca tan sencillo?-. Le susurró al oído. Pedro sonrió y plantó sus labios sobre los de ella, ofreciéndole un suave beso.
-Me rompe el corazón verte llorar, no me gusta verte así, no lo soporto-. Pedro la sujetó y la colocó encima de él abrazándola fuertemente contra su pecho.
Paula abrazó el dulce pecho de su chico, oliendo el agradable aroma de su cuerpo. Calmó los sollozos que la habían invadido y recuperó la compostura. Acarició el torso de Pedro con su mano y lo miró a los ojos.
-Lo siento Pepe.
-Shhh, no digas nada, solo cálmate. Estoy aquí contigo y es lo único que has de sentir-. Pedro besó sus labios y acomodó la cabeza de Paula junto a su pecho.
Pasaron unos minutos acariciándose mutuamente hasta que cayeron rendidos y sus ojos dejaron de ver el amor en los ojos del otro.
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Wow qué buen cap!!!!!!!!!
ResponderBorrarme encanto el capítulo,buenísimo!!!
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