sábado, 2 de noviembre de 2013

Capitulo 14

-¡Mierda de alarma!-. Gritó Paula, cogiendo su móvil y apagando el ruido que la hizo despertar.
-Eh, para el carro, ¿Qué es esa boca de buena mañana?-. Susurró Pedro, que se había despertado por los gritos de Paula y no por la alarma.
 
-Perdona Pepe, no quería despertarte-. Le dijo saliendo de la cama.
 
Paula se fue hacia al baño y se sentó en el inodoro para hacer sus necesidades.  Estaba agotada, llevaba noches sin dormir y sentía que no tiraba de su cuerpo. Se levantó del inodoro y se lavó la cara con agua fría para intentar espabilarse un poco. Lo único que la espabilaría sería dormir diez horas seguidas, pero era algo imposible. Por el momento. Salió del lavabo y fue hacia la habitación a buscar su ropa. Encontró su ropa colgada de una y las botas a su lado. Lo había colocado todo de forma para que no se arrugase. Cogió su ropa y empezó a vestirse.
 
Mientras Paula había estado en el baño, Pedro aprovechó para vestirse, pues tenía clase a primera hora y preparar el desayuno. Había preparado tostadas y le quedaba acabar de hacer el café cuando Paula entró en la cocina.
-Buenos días-. La saludó con una sonrisa en los labios.
-Buenos días-. Contestó, mirándolo de una forma extraña.
 
-¿Qué pasa? ¿Porqué me miras así?-Preguntó Pedro curioso.
Paula le dio un sorbo a su café y un bocado a su tostada antes de contestarle. Ese desayuno no le hacía efecto.
-¿Tú que comes? ¿Por qué estás siempre de tan buen humor por las mañanas?-. La voz de Paula era de completa frustración.
 
Pedro no pudo evitar reírse a carcajadas. Esa chica iba a acabar con él.
 
-¡Ay, peque, eres imposible!-. Pedro besó sus labios y sujetó su cabeza entre las manos, mirándola a los ojos-. ¿Sabes por qué siempre estoy contento?, porque todas las mañanas me despierto contigo, porque estoy feliz de tenerte a mi lado, porque te has hecho realidad, porque puedo tocarte, porque puedo besarte, porque puedo sentirte y porque eres mía. Y, por muy cansado que esté, eso no cambia nada.
Paula se acercó a sus labios y los besó con ternura. ¿De dónde sacaba todas esas palabras tan sinceras? ¿Se cansaría algún día de escucharlas? Jamás. Él sabía colmar su vida de sentido, de amor. Y ella lo aceptaba encantada.
-Siempre haces que mis días sean mejores y no me imagino mi vida sin ti. Te quiero, Paula-. Ella volvió a besarlo, arropándolo por la nuca con sus brazos.
-Yo también te quiero, Pepe-. Le dijo con una sonrisa cuando se separaron del beso-. ¿Sabes qué vamos a hacer esta tarde? vas a venir a buscarme al trabajo y nos vamos a venir a tu casa a dormir doce horas seguidas. ¿Te parece buen plan?
-Me parece que es el mejor plan que has tenido nunca. Dormiremos en nuestra casa-.Contestó Pedro, poniendo énfasis en las palabras nuestra casa.
Terminaron de desayunar, recogieron sus cosas y se marcharon camino al parking, a buscar el coche de Pedro. El de Paula llevaba varios días aparcado en la calle y eran los mismos días que hacía que no lo cogía. Últimamente siempre la dejaba Pedro en el trabajo, claro que también pasaba las noches con él, en su casa. Tenía que hacer algo con ese tema de ir de arriba para abajo con la ropa a cuestas, de un lado para otro. No podía ser tan malo el hecho de vivir juntos y Pedro tenía razón, se pasaban la mayoría de las horas libres juntos. Así que no tenía nada que perder y muchísimo que ganar. Lo pensaría seriamente y tal vez ese fin de semana sería el ideal para trasladarse.
 
Subieron al coche y Pedro sacó el tema de la cena de la noche anterior, le preguntó por su estómago, aunque era una pregunta tonta después de ver el desayuno que se había pegado. Paula le comentó que se lo había pasado muy bien en la cena, y que, aunque conocía a su familia de tratar con ellos en la librería, les había caído genial. Llegaron al trabajo de Paula y ésta le dijo a su chico que, cuando la recogiera a la hora de salir, tenía que pasarse por su casa a buscar algo de ropa. Ningún problema, Pedo la acompañaría y se despidieron hasta esa tarde.
 
Pedro arrancó el coche cuando Pula entró en el edificio y se quedó pensando en esa última conversación. Paula no le había hecho ninguna alusión al tema de vivir juntos ¿Por qué tenía que pensárselo tanto? Estaban bien juntos, se querían, habían compartido intimidades y no sólo sexuales, pero seguía sin entender qué tenía que pensar. Intentaré sacar el tema esta tarde, sin parecer muy desesperado e intentaré no forzarla. A ver cómo me las apaño.
Paula llegó a su oficina justo en el momento en que se encontró a Javi saliendo de ella. Llegaba tarde a una cita, cita que no había recordado hasta que llegó al trabajo esa mañana. Saludó brevemente a Paula y tomó el ascensor que ella había dejado libre en la planta. Entró en el despacho y se encontró a David y a Helena hablando en la sala de reuniones. Los saludó con la mano y pudo ver que comentaban algo sobre un proyecto nuevo. Se colocó en su silla y puso en marcha el ordenador. Miró su agenda, ojeó los documentos pendientes de redactar y se puso manos a la obra con ellos. Pero estuvo poco rato, ya que sus compañeros salieron de la sala de reuniones y se acercaron hasta ella, para cotillear, más que nada, sobre la cena de anoche.
-Buenos días, Paula, ¿cómo fue la cena? Y los padres de Pepe, ¿qué tal?-. Saludó y preguntó Helena con su chico al lado.
-Buenos días, chicos. Pues la verdad es que fue bastante bien. Además, ya los conocía. Son clientes habituales de la librería y su padre fue quien operó a mi madre de apendicitis.
 
-¡Joder!, resulta que nos conocíamos todos excepto nosotros dos-. Observó David-. ¿Vienes a tomar un café?
-¡Claro!, no le digo yo que no a un buen café y menos si lo paga la empresa.
Y los tres se fueron hacia la cocina a tomarse su pequeño descanso.

Pedro dejó su mochila en el vestuario de los profesores y se dirigió hacia el gimnasio. Ese sería el último día que daría su clase en esa instalación, ya que al día siguiente, comenzarían las obras. Añoraría ese espacio, donde tan buenos ratos había pasado con sus chicos, pero si era realista, necesitaba una buena rehabilitación y con las reformas quedaría perfecto. Una hora más tarde, se fue hacia la ducha y pensó en llamar a su cuñada para quedar esa tarde y hablar de lo que le preocupaba. Salió de debajo del agua, se secó el cuerpo, se vistió y salió de allí para dirigirse a la sala de profesores y hablar con Lorena. Sabía que a esa hora no había nadie en esa habitación, así que podía hablar con total libertad.
 
-Hola Pepe, ¿cómo estás?
-Hola Lorena. ¿Te pillo en mal momento? ¿Estás trabajando?
-No, estoy en casa. Tengo horario de tarde. ¿Sucede algo?
-No, nada, no te preocupes. Quería hablar contigo sobre un tema relacionado con Paula.
-¿Está metida en algún lío?
-No, claro que no. Luego te cuento. ¿Puedo pasarme por comisaría cuando salga del colegio y hablamos?-. Pedro no quería parecer desesperado por hablar con ella.
-Por supuesto, allí estaré. Pero Pepe, ¿seguro que no pasa nada? Mira que te conozco y te noto inquieto-. A su cuñada no se le escapaba una.
-Quería saber algo más sobre el incendio y por algo que pasó años atrás. Pero luego te lo cuento con más detalle-. Pedro no quería hablarle de ese tema por teléfono-. Escucha Lorena, he de dejarte. Luego nos vemos y te lo cuento todo. Un beso. Ah y muchas gracias.
-Un beso Pepe. Te espero-. Y Lorena colgó.
Pedro se quedó algo más tranquilo al saber que esa tarde podía hablar con su cuñada y así saber más sobre ese canalla. Pero no las tenía todas consigo hasta que no supiera realmente donde se encontraba. “Espero que se esté pudriendo en la cárcel.”
La hora de comer se acercaba y el estómago de Pedro, que era como un reloj, se encargaba de recordárselo. Javi había vuelto de su cita olvidada algo enfadado consigo mismo por no haberse acordado, pero satisfecho de la reunión mantenida con los directores de ese encuentro. Sonó el timbre de la puerta del despacho y Paula fue a abrir.
-¡Hola Alba! Qué sorpresa. ¿Qué haces por aquí?-. Dijo Paula sorprendida al encontrarse con Alba, a la que saludó con dos besos.
-Hola Pau ¿puedo pasar?
 
-Sí, claro. Iba a salir a comer en unos minutos, ¿te apetece acompañarme?
-¡Iba a proponerte lo mismo!-.Sonrió Alba-. Paula, ¿cómo va tu relación con Pedro? Desde el fin de semana que no hablamos y no me gustaría…-Su hermana no la dejó terminar.
-Está todo arreglado-. Contestó Paula para zanjar ese tema-. Y estoy encantada de tenerlo a mi lado. Si es que no me lo merezco.
-Claro que te lo mereces, no seas tonta. Pepe es un chico fantástico y tú la mejor hermana del mundo-. Alba abrazó a su hermana para que ésta creyera sus palabras.
-¡Uy!, no digas eso, que como se entere Carla, la tenemos liada-.Ambas rieron.
 
-Buenos días, Alba. ¡Estás guapísima!-.La alabó Javi, que venía seguido por David y Helena.
-Buenos días. Ya que están todos aquí, les dejo unas invitaciones para que vengan el sábado por la noche al décimo aniversario de la discoteca-.Alba entregó una a David, otra a Helena, y dos a Javi, una para su mujer y para él.
-¿Ya hace diez años que tienes la disco? ¡Dios, cómo pasa el tiempo!-.Argumentó Paula.
-Pues sí, ya ves, y espero conservarla como mínimo, unos diez años más. Ten, tus entradas, una para ti, otra para Pedro y dos más, para que se las des a Fran y a Raquel.
-Bien, pues vámonos a comer y lo celebramos-.Sentenció Javi.
Bajaron los cinco a comer y Paula le preguntó a su hermana por su relación con Marc. Llevaban medio año saliendo juntos y hacía un par de semanas que él se había mudado a casa de ella. ¡Será posible!, todas las parejas que conozco viven juntas y yo todavía pensándomelo. Pero de hoy no pasa. Me muero de ganas de ver la cara de Pedro cuando se lo diga.
 

Pedro había terminado de darle el último bocado a su bocadillo de lomo cuando su compañero Fran entró en la sala de profesores. Le había costado horrores poder acabarse ese bocata que se había comprado en el bar de enfrente del colegio. Tenía cerrado el estómago por los nervios de hablar esa tarde con Lorena.
 
-Gracias por esperarme para comer-. Le dijo gracioso su amigo.
-Perdona Fran, es que no sabía si comías aquí o habías quedado-. El tono de Pedro era de disculpa.
-Eh, no pasa nada. ¿Qué te ocurre? Te noto nervioso.
-No dejo de darle vueltas a lo que le sucedió a Paula. Así que he llamado a mi cuñada para hablar con ella. Quiero saber dónde está ese hijo de puta. Necesito saberlo.
 
-¿De verdad sólo quieres saber eso?-.Fran se había quedado pasmado ante lo que acababan de oír sus oídos-. ¿O quieres saber algo más?
-¿Saber algo más? ¿A qué te refieres? Quiero saber dónde está ese tipo para asegurarme de que no volverá a acercarse a Paula.
-¿Y si en esa investigación descubres algo que Paula no te ha contado?-.Preguntó Fran con cautela.
-Mira que estás misterioso. ¿Qué intentas decirme? Anda, suéltalo-.Pedro miraba a su amigo intrigado.
-No, no quiero decir nada, sólo que creo que sería conveniente que le contaras a Paula lo que vas a hacer.
-No, no pienso decírselo. Y tú tampoco le vas a decir una palabra de esto. Primero quiero saber a qué atenerme con ese hombre.
-Pepe, te vas a meter en un lío con ella por culpa de esto. Debe saberlo. Si ese cabrón está por ahí, tiene que estar prevenida-. Fran le hablaba con total sinceridad.
-No pienso asustarla sin motivos. Y si descubro que ese hombre está en la calle, no voy a preocuparla. Voy a protegerla.
-¿Y cómo piensas protegerla?-.Preguntó Fran asustado, pues nunca había visto así a su amigo.
-Con mi propia vida si es necesario. No voy a perderla, no puedo. Y voy a asegurarme de que ese desgraciado no vuelva a ponerle las manos encima-. La respuesta de Pedro era rotunda.
-Vale, está bien. Estás decidido a luchar por tu pequeña, ¿eh? -. Fran le sonrió-. Si necesitas ayuda, no tienes más que pedírmela. Y Pepe, descubras lo que descubras, no dejes de querer a Paula. Ella te necesita. Y ten mucho cuidado con ese hombre, es muy peligroso. Ah y otra cosa, hazme caso, díselo a tu chica. Como se entere por terceras personas que estás investigando su vida, va a pillar un cabreo monumental contigo. Y entonces sí que lo tendrás complicado. ¡No sabes cómo se las gasta Paula cuando se enfada!
-Gracias Fran, pero creo que sé cómo es mi chica enfadada.
Eso que le había dicho Fran de averiguar algo sobre la vida de Paula… ¿qué quería decir con eso? ¿Qué era lo que iba a encontrar?
 

Paula había subido a la oficina con sus compañeros y se habían despedido de Alba hasta el sábado por la noche, confirmando su invitación al aniversario de su local. Paula le pidió dos entradas más a su hermana, una para Bruno y otra para Lorena. No sabía si podrían ir o si les apetecería acudir, pero se las pidió igualmente. Todavía no tenía por la mano el horario de clases de Pedro, así que como no sabía si se encontraría en una de ellas, le envió un Line para que avisara a su hermano sobre los planes para el sábado.
“Hola guapísimo. Mi hermana me ha dado unas entradas para tu hermano y Lorena para el sábado noche. Convéncelos para que vengan. Luego te cuento. Te quiero”.
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“Hola preciosa. ¿Qué pasa el sábado? ¿Te habrá dado entradas para mí también, no? Espero impaciente a que me lo cuentes. Luego nos vemos. Recuerda que yo también te quiero.”
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Pedro guardó su móvil con una sonrisa en los labios y se dispuso a recoger sus cosas para ir a la comisaría y finalmente hablar con Lorena. No podía demorarse mucho con ella, ya que tenía que ir a buscar a Paula y no quería hacerla esperar. Salió del colegio en dirección a su coche. Subió y se enfrascó en el denso tráfico de la ciudad, la hora punta. La comisaría quedaba en el otro extremo y Pedro tuvo que tomárselo con calma. Tardó algo más de veinte minutos en llegar a su destino. Y luego tardó otros tantos en encontrar aparcamiento, bajo tierra, ya que tuvo que dejar el vehículo en el parking de un supermercado que quedaba a tres manzanas del trabajo de Lorena. Llegó exhausto, ya que las tres manzanas las había recorrido corriendo. Entró en la oficina y habló con la recepcionista. Su cuñada lo estaba esperando.
-Hola Pepe, te veo sofocado-.Le dijo, dándole dos besos.
-Hola Lorena. Sí es que he tenido que dejar el coche cinco cuadras atrás-. Contestó él, relajando su respiración.
-Vale, tranquilo, siéntate-.Lorena le señaló la silla que había frente a ella, en la otra parte del escritorio. Ella también se sentó y cruzó sus manos-. Bien, cuéntame Pepe, soy toda oídos.
-Verás, es que….estoy preocupado por Paula. Me contó lo del incendio de la oficina y también me dijo que cuando tenía catorce años la secuestraron-. Lorena no pudo evitar taparse la boca con la mano, horrorizada-. Pues bien, el causante de ambos hechos fue su padre, el biológico. Y ella cree, no, no cree, está completamente convencida, de que ese hombre intentará matarla otra vez y que no parará hasta conseguirlo. Por eso estoy aquí, Lorena, necesito saber dónde está ese mal nacido, si está en la cárcel, si está en la calle, o si está muerto. Cualquier cosa que me ayude a protegerla de él-.Pedro le había hablado con total sinceridad y con tono sereno.
-¡Dios mío, pobre Paula! Ha debido pasarlo fatal.
-La verdad es que sí y todavía arrastra algunas secuelas. Sigue muy asustada y está decidida a aceptar lo que ese hombre le tenga preparado. Y yo no voy a permitírselo.
 
-Debe de ser muy duro que alguien de tu propia sangre intente matarte varias veces. Pero por suerte ha dado contigo y sé que la ayudaras con sus problemas. Pero vayamos a lo importante, quieres saber dónde se encuentra ese tipo, ¿cierto?-. Pedro afirmó con la cabeza-. Bien, haré todo lo posible para obtener toda la información sobre ese hombre, pero te advierto que quizás lo que encuentre no sea lo quieres.
-¿Qué quieres decir con eso? -. Preguntó Pedro alarmado.
-Pepe, tranquilízate. Llevo muchos años en esto y a veces, las noticias que doy no son precisamente lo que se quiere oír. Me refiero a que tú, seguramente quieres que te diga que ese hombre está en prisión y quizás no sea así. Es posible que esté en la calle-. Le habló su cuñada pausadamente.
 
-Lo siento Lorena, perdona, tienes razón. Es que todo esto me tiene intranquilo. No paro de pensar en ello y lo peor de todo es que Paula piensa que se merece todo lo malo que le ha pasado. Aunque la veas como una chica normal, que hace su vida como cualquier otra persona, por dentro está destrozada. Intento, cada día, que vea que ella no es la causante de lo que le ocurrió, intento que se vea como una persona muy especial, muy importante para todos los que la queremos y a veces creo que lo consigo. Pero es como un castillo de naipes, al mínimo roce, se desmorona.
-Oye Pepe-. Su cuñada cogió sus manos-. Ya verás como todo sale bien. Déjame unos días para que recopile todos los datos y te digo algo-.Lorena le sonrió.
-De acuerdo, pero una última cosa, no le digas nada de esto a Paula, por favor.
-¿No le has dicho lo que estás haciendo?, no creo que…..-.Lorena se calló ante la expresión rotunda de los ojos de Pedro-. Está bien, no le contaré nada.
-Gracias. Tengo que irme a buscarla. Cuando tengas algo, me avisas-. Pedro se levantó de la silla y besó en las mejillas a su cuñada-. Ah, por cierto, Paula me ha comentado que tiene unas invitaciones para ustedes. Son para ir a la discoteca de su hermana el sábado noche. Espero que puedan venir.
-Lo comentaré con tu hermano, seguro que estará encantado de ir.
-Perfecto, pues ya quedaremos. Adiós Lorena, y gracias.
-Adiós Pepe.
Lorena se quedó de pie, mirando como su cuñado se alejaba. No sabía donde se estaba metiendo Pedro, pero lo veía decidido a llegar hasta el final. Siempre había sido una persona muy tenaz y ahora que la vida de Paula parecía estar en juego, no iba a hacer una excepción. Lo único que ella sabía era que ese hombre, el padre de Paula, era una persona muy peligrosa. Y lo que no iba a hacer era dejar a sus cuñados solos ante ese depravado. Para algo estaba la familia y la policía ¿no?

Paula estaba recogiendo sus cosas para marchar de la oficina y sólo tenía en mente llegar a casa de Pedro y espachurrarse en la cama con él. Y dormir. Dormir hasta la mañana siguiente. El día siguiente era viernes, y lo podía aprovechar para volver a dormir horas y horas seguidas. Esa semana había sido agotadora mental y físicamente. Le había contado a Pedro cosas de su pasado, lo había visto preocupado por ella, se había sincerado con él, le había pedido vivir juntos, había conocido a su familia...uf, una semana completita. Y todavía no había acabado. Se acercaron sus compañeros hasta ella y salieron juntos del despacho.
 
-Este fin de semana me mudo a casa de David-. Dijo Helena cuando subieron en el ascensor.
-¡Eso está muy bien!-. Se alegró Javi. Y tú Pau qué, ¿para cuándo te vas a vivir con Pepe?
-Estoy decidida a hacerlo, así que se lo diré esta tarde-. Dijo sonriendo.
Sus compañeros se alegraron por ella. Ya era hora de que volviera a ser feliz al lado de alguien que la quería muchísimo. De eso no había duda. Salieron del edificio y cada uno se dirigió hacia sus respectivos vehículos. Pedro la estaba esperando fuera del suyo, ya que, como era habitual, no había sitio para aparcar y lo tenía en doble fila. Paula vio a su chico y fue hacia él.
-Hola guapo, ¿esperas a alguien?-. Le preguntó Paula sonriendo provocativamente.
-Estoy esperando a una rubia, con ojos azules, con un cuerpazo de infarto…pero como no la encuentro, me conformo contigo-.Le dijo Pedro socarrón, atrayéndola hacia él.
 
-¡Eh!-. Paula le dio un golpecito en el hombro con la mano-. Puedo teñirme el pelo y mis ojos no están nada mal, pero lo del cuerpo no puedo arreglarlo-.Paula le rodeó el cuello con sus brazos.
-Eres preciosa tal y como eres. No te cambiaría por nada ni por nadie-.Pedro buscó los labios de Paula para besarlos con dulzura -. Y bien, cuéntame eso del sábado-.Le dijo una vez separadas sus bocas y ya dentro del coche.
Paula le contó la visita de Alba a su trabajo y el motivo de las entradas. También le dijo que ella y Marc se habían ido a vivir al piso de su hermana. Pepe se quedó callado, pensando si ese sería un buen momento para sacar el tema, pero pensó que mejor una vez en casa. Paula tampoco dijo nada, así que se le pasó por la cabeza recoger toda la ropa posible de su apartamento y meterla en una maleta. Así cuando Pedro la viera, ataría cabos. Sonrió para sus adentros. Llegaron a casa de Paula y cómo ese era el día de suerte de Pedro, no encontró sitio para estacionar el coche, así que Paula se bajó del vehículo dejando a su chico dentro. Se encaminó hacia su portal y cuando llegó a la puerta vio que la cerradura estaba forzada y con ello la puerta abierta. No le dio más importancia, pensando en que algún vecino se había dejado la llave en casa. Cogió el ascensor, pensando, imaginando la cara de Pedro cuando la viera aparecer con equipaje. Abrió la puerta del elevador al llegar a su planta e introdujo la llave en la cerradura. Sólo dio una vuelta. Qué raro, siempre cierro la puerta con llave cuando salgo. Empujó la puerta hacia adentro con un leve movimiento de la mano. Algo no iba bien y estaba asustada. A medida que la puerta dejaba entrever el interior de su casa, pudo apreciar que su salón estaba destrozado. Su rostro se quedó pálido y su cuerpo se paralizó. De pronto, la puerta se abrió de golpe, desde dentro y lo último que recordó fue el sonido de su cabeza chocando contra el marco.
 

Pedro se estaba impacientando. Consultó su reloj y comprobó que llevaba quince minutos esperando a Paula dentro del coche. “Joder, mira que tarda para coger cuatro trapitos. Mujeres.” Las otras veces que la había acompañado a recoger algo de ropa no había tardado tanto. Era raro. En ese preciso instante, un coche que estaba aparcado justo a su lado, hizo maniobras para salir a la circulación de la ciudad, dejando libre un sitio para que Pedro pudiera aparcar. Una vez hecho, decidió ir en busca de Paula y averiguar el motivo de su tardanza. Se fijó en la cerradura de la puerta del edificio, estaba rota. Subió en el ascensor hasta la quinta planta y una vez allí, fue hacia el apartamento de su chica. Pulsó el timbre y esperó a que Paula le abriera. Esperó y esperó. Volvió a picar y volvió a esperar. Nada, Paula no contestaba. “Qué raro, es imposible que haya bajado por las escaleras viviendo en el último piso y además, cargada con alguna bolsa.” Decidió llamarla al móvil, a ver si así le contestaba. Buscó su nombre en la agenda y presionó el botón de llamada. Escuchó el primer tono y al oír el segundo un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Sonaba justo al otro lado de la puerta. Su móvil estaba allí pero ella no respondía. Eso ya no le gustaba y decidió aporrear la puerta con sus manos.
-¡Paula! ¿¡Estás ahí!?-. No había respuesta.
-¡Paula! ¿¡Estás bien!?-. Seguía el silencio detrás de la puerta.
 
-¡Pau, por favor, contéstame!-. Pedro empezaba a ponerse muy nervioso y sabía que algo no iba bien.
-¡Paula!-.Pedro golpeó con más fuerza el pórtico-. ¡Paula, abre la puerta!
 
-¡Paula, abre la jodida puerta!-.Pedro estaba fuera de sí, gritando e intentando abrir la puerta, golpeándola con su cuerpo.
-Pepe…- susurró levemente Paula.
 
-¡Pau! ¿Te encuentras bien? Abre la puerta, por favor-. La voz de Pedro sonó aliviada al escucharla pero seguía preocupado por no saber cómo estaba.
-Espera… ¡joder mi cabeza!-. Sollozó Paula.
-Vamos, peque, déjame entrar, quiero estar contigo. Por favor, la puerta...
En ese momento, Paula, que se había levantado del suelo, sujetándose a cualquier cosa que la pudiera mantener de pie, abrió lentamente la puerta. Vio a Pepe con el rostro desencajado, respiraba agitadamente y estaba completamente tenso. Se lanzó a sus brazos. Pedro la acogió en un agradable y tranquilizador abrazo.
-¡Peque! ¿Estás bien?-. Pedro cogió la cara de Paula con sus manos y le regaló pequeños besos por todo el rostro-. ¿Qué ha pasado?
-Creo que han entrado a robar. Cuando he llegado aquí, he visto que la puerta estaba abierta y que había alguien dentro de mi casa. Me ha empujado y me he golpeado la cabeza-. Mientras hablaba, los ojos de Paula se llenaron de lágrimas que brotaron por sus mejillas.
-Shsss, ya pasó peque, tranquilízate-. Le dijo Pedro con dulzura. La acercó de nuevo hasta su cuerpo, abrazándola, acariciando su cabeza, besándola para calmarla.
 
Pedro intentaba serenarse ahora que tenía a Paula con él. Estaba bastante asustada, pero a simple vista no tenía ninguna herida. Por suerte ese tipo que había entrado en su casa no le había hecho daño, pero aún así, la llevaría al hospital. Echó un vistazo al piso y más que robar parecía que había habido una guerra. Estaba todo patas arriba. Pedro acompañó a Paula a sentarse en el suelo del rellano para poder llamar a la policía e intentar que se relajara. De hecho, llamó a su cuñada para que vinieran a inspeccionar el piso, a tomar huellas. Ellos se quedaron allí, esperando la llegada de la policía que no tardó mucho en aparecer. Cuando Lorena apareció junto con sus compañeros de la científica, vio que Paula estaba sentada encima de las piernas de Pedro y que éste no dejaba de abrazarla.
 
-Hola chicos, ¿cómo están?
-Yo estoy bien-. Dijo Pedro-. Pau está asustada y algo nerviosa. Ha sido ella la que se ha encontrado el piso tal y como lo ves.
-Paula, cuéntame qué ha pasado-. Lorena le habló con tono sereno, acariciándole la espalda.
Paula separó su cara del pecho de Pedro. Miró a Lorena con los ojos hinchados de llorar y el rostro cubierto de lágrimas. Se limpió la nariz con la manga de su abrigo. Pedro continuaba abrazado a ella cuando comenzó a relatarle a su cuñada lo que había visto.
-¿Y no reconociste al tipo que salió de tu casa?-. Preguntó Lorena.
-No, lo único que pude ver es que iba vestido de negro y la cara la llevaba cubierta por un pasamontañas y gafas de sol. Así que no pude verlo.
 
-No te preocupes Pau, nosotros nos encargaremos de averiguar algo más-. Lorena acarició una de las manos de Paula con cariño.
-Lorena, si no nos necesitas, me llevo a Paula al hospital para que le echen un vistazo-. Dijo Pedro levantándose del suelo y ayudando a su chica a incorporarse.
-Pepe, no voy a ir al hospital, estoy bien.
-Te has golpeado la cabeza y sí, vas a ir al hospital. Fin de la discusión-. El tono de Pedro era tajante.
-Paula, Pepe tiene razón-. Añadió Lorena-. Aquí no puedes hacer nada, no puedes entrar en tu casa hasta que tomemos huellas. Ve al hospital a que te miren ese golpe en la cabeza y cuando tengamos alguna prueba, yo les aviso. Y cuando te encuentres con fuerzas, vienes a la comisaría a poner la denuncia.
 
Paula no tenía ganas de discutir, así que hizo caso de Pedro y dejó que la llevara a urgencias. Se despidieron de Lorena y bajaron en el ascensor hasta la planta baja. Cuando llegaron al coche y antes de subir, Paula se paró, apoyando su espalda contra la puerta del copiloto.
-Pepe, por favor, abrázame-. Le suplicó Paula.
 
Pedro la abrazó encantado, transmitiéndole todo el amor y todo el cariño que sentía por ella en ese abrazo. Quería calmarla, quería que se relajara, pero ella continuaba sollozando sobre el pecho de él. La abrazaba con más fuerza, le besaba la sien con una ternura dolorosa, no podía soportar verla llorar, el dolor que sentía en el alma era tan terrible que se sentía culpable por haberla dejado sola.
 
-Debí subir contigo a tu casa. No debí dejarte sola-. La miró a los ojos. Pedro hablaba con tono de culpabilidad.
-No, Pepe, tú no tienes la culpa de lo que ha pasado-. Paula le acarició las mejillas.
-Si hubiera subido contigo, no habría permitido que te lastimara-.Pedro seguía con su tono de voz.
 
-Pepe, por favor, no te culpes, estoy bien-. Paula le regaló un dulce beso en los labios-. Y para que te quedes tranquilo, voy a dejar que me lleves al hospital-. Esta vez, Paula le regaló una sonrisa. Pedro se la devolvió.
-Eres una mujer fantástica, increíblemente fuerte. Y te quiero-.Pedro volvió a besarla con suavidad.
Pedro cada vez estaba más enamorado de su chica. Aún siendo ella la que se había encontrado en una situación desagradable y peligrosa, conseguía calmarlo con sus palabras. Ricardo tenía razón, su hija era una persona valiente. Se separaron del beso y Pedro le abrió la puerta a Paula para que entrara en el coche. Por fin había dejado de llorar, pero sus ojos seguían inflamados. Todo su rostro estaba dolorido y su cabeza iba a estallar de un momento a otro. Seguro que el llanto le había avivado el malestar que sentía en esa parte de su cuerpo. Durante el trayecto, Pedro le mantenía cogida la mano izquierda y sólo se separaba de ella cuando cambiaba de marchas. Y cuando se detenía en un semáforo, se dedicaba a obsequiarla con pequeños besos. Llegaron al hospital donde trabajaba el padre de Pedro y que esa noche tenía guardia. Dejó el coche en el parking y subieron hasta la recepción de urgencias. La enfermera que los atendió conocía a Pedro. Al principio, Paula pensó que lo conocía por ser el hijo de uno de los cirujanos del hospital, pero no, estaba equivocada. Lo conocía de otra forma, cómo más íntima. Se dirigía a Pedro con una coquetería que no dejaba lugar a que se equivocara. Y si encima, añadía la manera tan despectiva en que la miraba, la cosa era obvia. Se la había follado. Y al parecer quedó encantada y con ganas de repetir. ¡Será posible! Esta tía no se corta ni un pelo. ¡Guapetona, que estoy aquí y soy yo la que se lo cepilla! Pero la situación no podía ser más cómica; Pedro manteniendo el tipo con esa lagarta que no paraba de insinuársele. La enfermera le entregó a Pedro la hoja de visita y entraron por una puerta lateral hacia urgencias. Paula quiso hacer un comentario sobre la “enfermera lagarta”, pero en ese momento apareció Nicolás por el pasillo de urgencias, que los miró asustado.
-Hijo, Pau, ¿qué hacéis aquí? ¿Ha pasado algo?-. Nicolás se acercaba a ellos preocupado.
Pedro le contó lo sucedido a su padre y se llevó a Paula a uno de los box. La sentó en la camilla y comenzó a explorarle la cabeza y a hacerle preguntas.
 
-¡Ay!-. Exclamó Paula cuando Nicolás le tocó el chichón que se había hecho en la sien.
-¡Menudo golpe te has dado! Tienes un buen chichón. ¿Te duele la cabeza?
-Sí, bastante-. Contestó ella.
-Bien, voy a llevarte a hacer un escáner. Quítate la ropa y ponte esta bata-. Nicolás sacó esa prenda de uno de los cajones de un armario-. Estoy afuera con Pedro. Cuando estés, me avisas. Y Paula, no te preocupes-. Nicolás le acarició el mentón y salió fuera.
 
-Voy a llevar a Paula a hacer un escáner-. Le dijo su padre.
-¿Un escáner? ¿Por qué? ¿Qué le pasa?-. Pedro estaba alarmado.
-Tranquilo hijo, no pasa nada. Sólo la llevo para descartar cualquier traumatismo-. Su padre le acarició ambos brazos para calmarlo.

-Sara, ¿estás lista?-. Preguntó Nicolás al otro lado. Ella afirmó.
 
Cuando llegaron a la habitación ella y Nicolás entraron y Pedro se quedó fuera, esperando. Al cabo de unos minutos interminables, Paula y su padre salieron de la sala, conformes de que en la cabeza de su chica no había ninguna lesión más que la inflamación del lado izquierdo, que era donde tenía el chichón. Era una lesión menor, así que lo que Nicolás le indicó a Paula era que hiciese reposo durante los próximos dos días, poner un poco de hielo en la zona hinchada y tomar un antiinflamatorio para el dolor de cabeza. Advirtió a su hijo que la vigilara durante esos días y que si notaba algún síntoma extraño, que volviera a llevarla al hospital. Le agradecieron a Nicolás su atención cuando Pedro y Paula salieron del hospital, una vez vestida ella con su ropa. Pedro estaba algo más relajado, pero ahora le quedaba vigilarla. Algo difícil, porque conociéndola no se iba a tomar el reposo al pie de la letra. Llegaron a casa después de pasar por la farmacia a comprar el medicamento. Había sido un día para olvidar. Pero dejó a Paula en el sofá con una bolsa de hielo presionando su sien, impidiéndole que lo ayudara a preparar unos sándwiches para cenar, cena que Paula se tomó a regañadientes, pues no tenía nada de hambre. Si no cenaba, no había pastilla, le dijo Pedro. Así que no le quedó más remedio. Después de cenar y tomar la medicación, Pedro preparó un baño calentito.  Se metieron dentro del agua y estuvieron unos minutos callados, sin decirse nada, sólo Pedro se dedicaba a hablarle con sus caricias.
-Me gusta que me cuides, que me mimes tanto. Me siento querida estando a tu lado-. Dijo Paula con un susurro.
-Siempre voy a cuidarte. Siempre voy a mimarte. Siempre voy a quererte-. Pedro la abrazó y besó su cuello.
 
Salieron del baño y fueron directos a la cama. Paula estaba agotada y enseguida que puso la oreja en la almohada, se le cerraron los ojos. Pedro la miraba con un cariño desmesurado, viendo como todo su mundo había sucumbido al sueño, allí, a su lado.
 


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Creo que es un milagro que suba dos días seguidos, ahq JAJA

Espero que les guste! :)

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