domingo, 15 de septiembre de 2013

Capitulo 4

Escuchó un ruido familiar. El de la puerta de la calle, que se abría desde fuera. Entraron dos figuras, también conocidas, que los miraban con los ojos abiertos como platos. Paula no podía levantarse del sofá, estaba rodeada por los brazos de Pedro. La estaba abrazando, con un brazo sobre su espalda y el otro, sujetando su cabeza. No quería moverse por si lo despertaba. Estaba muy bien con él. Aunque no podía moverse, si que saludó a sus amigos
-Buenos días, chicos.
-¡Y tan buenos!-. Dijo Raquel entusiasmada-. ¿Qué hacen dormidos en el sofá? ¿Qué ha pasado aquí?
-Ssshhhh, no grites-. Paula le hizo un gesto con la cabeza, señalando a Pedro, que seguía dormido, sin enterarse de nada-. Nos hemos quedado dormidos.
-Sí eso ya lo veo, pero ¿cómo es que estan juntitos?
Paula le contó lo que había pasado, que en realidad no era nada destacable, pero omitió el detalle de contarle que para ella había sido una noche que recordaría el resto de su vida.
En ese momento, Pedro emitió un gruñido, se movió debajo del cuerpo de Paula y entreabrió los ojos. Lo primero que vio fue el rostro de Pau, que le brindaba una tierna sonrisa a la vez que le daba los buenos días.
-Buenos días, dormilón
-Buenos días. ¿Qué hora es?
-Cerca de las diez-. Contestó Fran.
-¿Qué hago en tu casa?-. Se sorprendió Pedro, que a medida que formulaba la pregunta, iba recordando lo que pasó esa noche-. ¡Mierda, me quedé dormido!-. Dijo incorporándose de una manera un tanto brusca, apartando a Paula de su lado con un leve empujón. La miraba con una expresión desencajada en el rostro, como si aquello que le acababa de pasar fuese de lo más horrible.
 
A ella le había asustado ese acto, ese carácter no iba para nada con el Pedro que conocía, aunque lo conocía poco, se había comportado con ella de una manera totalmente opuesta a la que ofrecía esa mañana. Estaba algo molesta por la actitud que él había adoptado al darse cuenta de lo sucedido. Pau se levantó del sofá y se dirigió hacia la cocina, para preparar un poco de café.
-No pasa nada Pedro, no te preocupes-. Le dijo sin ningún rastro de la sonrisa que le había dedicado antes.
 
-Yo sólo venía a cambiarme de ropa. Fran y yo vamos a comer a casa de sus padres-. Dijo Raquel, que se encaminó hacia su habitación, seguida por su novio. Había visto la reacción de Pedro al despertar, y le pareció de lo más extraña. Él no era así, ni mucho menos. Tenía entendido que con todas las chicas con las que se había acostado, aparte de satisfacerlas sexualmente, las había tratado con dulzura y no de esa manera tan abrupta. Aunque tal vez, ahí radicaba el problema, que esa noche no había habido sexo. Pero Raquel sabía que ese no era el kit de la cuestión. Conocía muy bien a su amigo como para saber que ahí se estaba cociendo algo. Y como amiga y sobretodo, como mujer, luego le preguntaría.
Pedro seguía sentado en el sofá, cubriendo con sus manos su cara. Se sentía fatal por haberse quedado dormido, pero lo que más sentía era la manera en la que se había apartado de Paula. No se merecía el trato que le había dado hacía unos minutos. Ella se había portado muy bien con él, era todo un encanto y él se portó como un cretino. Miró hacia la cocina, donde estaba ella. Se levantó y se encaminó hacia allí.
 
-Paula, lo siento, lo siento mucho-. Pedro acarició la espalda de Pau.
-No tiene importancia, Pedro, te quedaste dormido-. Seguía enfadada y Pedro pudo notarlo por su tono de voz y porque se apartó de su mano.
-No te estoy pidiendo disculpas por eso, sino por cómo te he tratado antes.
Paula no dijo nada. Siguió de espaldas a él, con su taza de café en la mano. No se giró para mirarlo. No podía. No quería que viera la desilusión en su rostro.
 
-Creo que será mejor que me marche.
Pedro se dirigió hacia el perchero, donde había dejado su abrigo. Se lo puso y se quedó parado, mirando a Paula que vuelta hacia él, también lo miraba a los ojos. Él se acercó a ella, hasta que quedaron a escasos centímetros el uno del otro. Podía oler el aroma del café que desprendía su boca. Sus labios estaban tan cerca de los suyos, que se le hacía imposible no abalanzarse sobre ellos y besarlos como tanto ansiaba. Ninguno de los dos escuchó lo que Raquel les decía.
-Que digo, que nosotros ya nos vamos-. Volvió a repetir-. Fue hacia Paula y le dio dos besos en las mejillas-. Vendré por la noche, así que espérame para cenar y charlamos-. Pau asintió con la cabeza-. Adiós Pepe.
Fran también se despidió de ella y de su amigo y recogió su carpeta.
-Espérenme, me bajo con vosotros-. Les dijo Pedro, sin separar sus ojos de los de Paula. Se acercó un poco más a ella, le acarició una mejilla con la mano mientras besaba la otra-. Perdóname Paula, por favor-. Le susurró en el oído. Volvió a mirarla a los ojos y se marchó.
Pau se quedó sola en su piso. Y en su mente comenzaron a hervir los recuerdos que tenía de la noche y del día que había compartido con Pedro. ¿¡Se puede saber que le pasa a este chico!? Ayer estaba de lo más amable e incluso me invitó a comer y esta mañana, insoportable. Quizás es de esas personas que tienen mal despertar. Lo mejor será no pensar en eso ahora. Además, tampoco tiene que darme explicaciones, sólo hemos compartido una noche de sexo y un día de charlas con amigos, pero nada más, no existe ninguna relación entre nosotros. Pero sigo sin entender el motivo por el cual ha actuado así. ¿Tan malo había sido dormir conmigo? Pues al parecer sí, no había sido buena idea. Tal vez si me hubiese ido a mi cuarto a dormir, no habría pasado nada y esa mañana simplemente nos habríamos despedido como amigos. Pero está claro, la culpa ha sido mía. A Pedro no le ha gustado despertarse conmigo. Sí que le gustó follarme y fue amable cuando nos encontramos en el campeonato, pero nada más. Pero entonces, ¿por qué me acompañó hasta casa? Ya, claro, porque Fran y Raquel se fueron juntos y yo me quedé allí sola. Pero entonces, ¿por qué me dijo que no soy fea? Ya, claro, por cumplir, por ser agradable. Pero a ver Paula, ¿Qué pretendes? Sabes que Pedro es todo un ligón y tú no eres su tipo. ¿Por qué se acostó contigo? Porque no tenía nada mejor, o que te creías, ¿qué le gustabas? ¡Ja! ¡Mira que eres patética! ¿Tú lo has visto? ¿Y te has visto? Madre mía si es que Pedro está buenísimo, por delante y por detrás. Y yo, pues…soy yo. Así que no pegamos ni con cola. Será mejor así, que él siga con lo suyo, que siga tirándose a chicas despampanantes que yo seguiré con mi monótona vida. No necesito a un guaperas en mi triste existencia.
Pau había quedado para comer con su familia, así que mejor que fuese a cambiarse de ropa e intentar olvidar lo sucedido. Seguro que en compañía de sus padres lograba no sentirse tan sola. Siempre lograban sacarle una sonrisa, aunque ella estuviera vacía por dentro. Una vez arreglada, cogió su coche y antes de ir a casa de sus padres, hizo un alto en el camino y entró en la tienda de Ana, a comprar unos bombones para el postre.
 
-Buenos días, Ana.
-¡Hola, buenos días Pau! ¿Cómo estás?
-Bien, gracias. Venía a que me des una caja de esos bombones capaces de levantar el ánimo. Creo que necesitaré dos docenas-. Pau le dedicó una pequeña sonrisa.
-¡Uy!, ¿qué te pasa? ¿Hombres?
-¡Qué sino!. Podrían decirnos que vienen sólo con una neurona y que encima está medio gastada-. Ambas rieron.
-Pau, eres joven, no te preocupes por eso. Además, si ese chico no sabe valorarte, es que no te merece. Él se lo pierde-. Le habló Ana cariñosamente.
-Gracias Ana.
Paula salió del establecimiento con su caja de bombones, eso sí de doce unidades. Llevaba todo un arsenal para una tarde de domingo en buena compañía. Entró en su coche y ahora sí, fue camino a casa de sus padres.
 

-¿Por qué has tratado así a Paula?-. Le recriminó Raquel, un tanto enojada y mientras bajaban los tres en el ascensor.
-No, no lo sé. Creo que me he alterado al ver que me había quedado dormido en su casa….
-¿Pero qué tontería es esa? ¿No te asusta el acostarte con una chica la primera noche que la conoces y te alteras por dormir con ella?-. Fran reía. Sabía lo que le pasaba a su amigo-. ¿Te gusta verdad? Y no me refiero a que sólo te gusta físicamente, porque eso está claro. Me refiero a que te gusta de otra forma algo más..ummm..., como lo diría, más personal.
-¡Que no! ya te lo he dije ayer, pasé un rato muy agradable con ella pero nada más, no me gusta como tú insinúas. Además, ¿cómo podría, si apenas la conozco?-. Refunfuño Pedro.
-Te acostaste con ella y en la comida de ayer estuviste muy atento, aparte de que no le quitabas los ojos de encima. Eso ya dice algo, y es que te gusta. ¡Venga Pedro! Tú no te metes en la cama con una tía si no te atrae su fachada. Además, ayer me dijiste que te gustaba, que el poco rato que estuviste con ella, estuvo muy bien, por lo que también te gusta interiormente. A mí no me mientas.
-Déjalo ya por favor, no me apetece hablar de este tema-. Pedro estaba confundido y no quería decir nada de lo que pudiera arrepentirse-. Raquel, ¿me darías el número de teléfono de Paula?
-¿De verdad lo quieres? ¿Para qué? ¿Para qué vuelvas a tratarla como a un trapo? -. Contestó su amiga algo molesta.
-¡No!-. Pedro se apoyó en la pared del ascensor, cerró un momento los ojos y apretó la mandíbula, conteniendo la rabia-. Sólo quiero disculparme con ella, solo eso.
Fran y Raquel se quedaron atónitos ante la actitud de su amigo. Definitivamente esa mañana se había levantado con el pie izquierdo. ¡Qué humor! Raquel sacó un papel de su bolso y anotó con un bolígrafo el número de Paula. Se lo dio a Pedro, recordándole que como le hiciera algo, se las vería con ella. Y Raquel era de armas tomar. Llegaron al piso inferior y salieron del ascensor. Fran y Raquel se fueron en una dirección y Pedro en la opuesta. Ellos dos quedaron en encontrarse al día siguiente en el centro escolar.
 
Pedro entró en su coche y apoyó los brazos y la cabeza en el volante. Estaba tan confundido que no era capaz de razonar. No podía dejar de pensar en Paula, en que había pasado la noche con ella, durmiendo, y que cuando despertó la tenía entre sus brazos. Había sido un buen despertar. Algo bonito el poder despertarse todas las mañanas con esa chica entre sus sábanas. Tampoco dejaba de visualizar la forma en que la apartó de su lado. ¡He sido un completo imbécil! ¡Por Dios, Pedro, tú no eres así, no te comportas de esa manera! Paula está enfadada conmigo y no le faltan motivos. No dejo de ver la cara que puso cuando me levanté de su lado. ¡Mierda!, la he asustado. Y no me ha gustado nada verla así. Ella se ha portado tan bien conmigo. Me podía haber echado de su casa cuando vio que me quedé dormido, pero no lo hizo. Es más, hizo todo lo contrario y me dejó dormir en su sofá. Es una chica fantástica, es estupenda. Y sí, he de reconocerlo, me gusta. No es la clase de chica con la que me meto en la cama la primera vez que la conozco, pero cuando la vi me atrajo de una manera desconocida. Y nunca me había pasado sentir esa atracción. Es algo nuevo, pero me gusta esa sensación. Es tan diferente a todo lo que he conocido. Y Fran tiene razón, no sólo me gusta físicamente. Así que debo hacer algo, no puedo dejar las cosas así. Tengo que arreglar el marrón que he ocasionado. Mejor la llamo esta noche y me disculpo con ella, estarán las aguas más tranquilas. Ese será el primer paso y que luego decida ella si me perdona. Espero que así sea, pero ¿y si no me perdona?, pues me lo mereceré...
Arrancó el coche y se puso en marcha. Iba hacia su casa, que quedaba a unos diez minutos de distancia. Tenía que dejar su mochila y cambiarse de ropa. Su hermano y su cuñada lo habían invitado a comer. Hacía una semana que habían vuelto de su luna de miel y todavía no se habían visto.
 
A Paula le encantaba ir a comer a casa de sus padres. A parte de que su madre cocinaba de maravilla, le alegraba ver que tenía una familia, algo que durante muchos años, solo fueron su madre y ella. Llegó a casa de sus padres y allí se los encontró junto a su hermana pequeña, Carla. Su otra hermana, Alba, la mayor, no fue a comer con ellos ya que por culpa de su trabajo se privaba de la compañía familiar. Se sentaron los cuatro a la mesa a degustar la deliciosa paella de María y como postre, unas natillas caseras y los estupendos bombones de Ana. Tenía que reconocer que estaban buenísimos. Mientras duró la comida, Pau le preguntó a su padre por Pedro, de donde venía, como consiguió la plaza en el colegio… y no quería preguntar cosas algo más íntimas porque sus padres la conocían demasiado bien y no era plan de que le empezaran a preguntar el motivo por el interés mostrado en ese chico. Aunque su madre sabía lo que había pasado entre ellos. Gracias a su amiga Raquel, claro. Cuando acabaron de comer, Pau se puso a jugar con su hermana Carla. Tenía una imaginación increíble a la hora de inventarse juegos nuevos. Era una niña adorable y Paula se divertía con ella, aunque siempre acababa agotada después de los juegos. A eso de las seis de la tarde, Paula se marchó hacia su casa. Tenía que preparar las cosas del trabajo para el día siguiente. Y había quedado con Raquel para cenar.
La comida de Pedro fue bastante bien. Su hermano y su cuñada le contaron todo acerca del viaje a Kenia, del safari, le enseñaron fotos, videos. Venían encantados. Y aunque Pedro intentaba mostrar el máximo interés en todos los detalles que les explicaban, no podía dejar de pensar en lo estúpido que había sido esa mañana. Y su cara lo delataba, sólo un poquito, pero lo suficiente para que su hermano se diera cuenta de que había algo que lo preocupaba.
-Bien Pepe, ¿y tú que tal todos estos días, alguna novedad?-. Le preguntó su hermano Bruno, esperando que le dijera el motivo por el que estaba afligido.
-Nada, todo igual que siempre. Papá y mamá están de viaje y regresan en unos días.
-¿Y de mujeres que tal? ¿No has conocido a ninguna chica que te haya robado el corazón?-. Curioseó su cuñada Lorena.
 
Pedro se quedó un rato callado sin saber qué contestar. Ese silencio fue peor que las palabras que no dijo.
-¡Sí que hay una chica!-. Dijo la pareja al unísono.
-Bueno, yo no diría tanto, pero sí, he conocido a alguien-. Declaró Pedro.
-¡Bien! Ahora cuenta, ¡vamos!-. Lo incitó su cuñada.
 
Como mujer que era Lorena, era curiosa, y mejor sería que comenzara a cantar antes de que se pusiera pesada. Además, su hermano estaba de parte de su mujer, así que no tenía escapatoria. Les detalló todo lo acontecido desde que conoció a Paula. Ambos se quedaron asombrados de la historia.
 
-¿De verdad que te tiras a tías la primera noche que las conoces? ¡Joder  Pedro, no pensaba que hacías eso!-. Preguntó Lorena sorprendida.
-Pues sí, lo hago bastante a menudo, siempre que salgo de fiesta y se me presenta la ocasión.
-Pepe, pero ¿tomas precauciones verdad, no vas a lo loco?
-¡Vamos Lorena, no tengo dieciocho años! Sé lo que hago-. La tranquilizó Pedro.
 
-Vale, vale, está bien. No voy a echarte la bronca, pero ten cuidado.- Pepe sonrió.
-Dejamos ya esta tonta conversación y vamos a lo importante. Esa chica, Paula, ¿tú le gustas?-. Las ansias en la voz de su hermano lo delataba.
-Pues no lo sé, no se lo he preguntado. ¿Cómo se sabe eso?
-¿¡Qué cómo se sabe!?¡No me lo puedo creer! ¡El ligón de mi cuñado no sabe cuando le gusta un chico a una mujer!-. Rió Lorena.
-Oye, ¡no te burles de mí! Sé que le gustó estar conmigo, se que esta mañana hemos amanecido abrazados y recuerdo que, cuando me quedé dormido, estaba solo. Cuando me he despertado me ha sonreído, no le ha importado que me quedara dormido en su casa. Y creo que, si la hubiera besado, no me habría apartado.
-¡Pues ahí lo tienes! ¿Necesitas más pruebas?-. Su cuñada lo miraba asombrada.
 
-¿Tú crees? ¿Crees que le gusto?
-Mira Pepe, no conozco a esa chica, pero no creo que se fuera contigo a la cama sino le gustaras. Al menos físicamente. Y si encima repetisteis polvo…. ¡pues ya te digo si le gustas! Si no le gustara todo tu conjunto y por ello me refiero a cara, cuerpo y a tus meneos amatorios, al acabar el primer asalto te habría dejado tirado. Además, por lo que cuentas, por la mañana no estaba nada arrepentida de que te quedaras dormido en su casa. ¿Dónde está el problema?
-El problema es que esta mañana me he portado como un completo idiota con ella. Al darme cuenta de que me había quedado dormido en su casa, no sé lo que me ha pasado que me he asustado y la he tratado como si ella hubiera sido la culpable de que me quedara dormido. La he cagado y seguro que no quiere saber nada de mí. Sus ojos me miraban con melancolía, como si hubiera descubierto que no soy como ella pensaba, como si la hubiera decepcionado. Y no me ha gustado nada que me mirara de ese modo. Me he sentido despreciable.
-Pues lo que tienes que hacer es hablar con ella y disculparte. ¡Pero ya!, no pierdas el tiempo. ¡Vamos Pepe, lánzate! Si te gusta, y tú le gustas, sal con ella, conócela mejor y espera a ver qué pasa.
Su cuñada tenía razón. Pero antes tenía que pedirle disculpas y averiguar si él realmente le gustaba. Porque sí, volvió a repetirse, Sara le gustaba. Mucho. Mucho más de lo que creía. Después de la charla y ya entrada la noche, Pedro se despidió de su hermano y de su mujer y se fue hacia casa. Estuvo pensando en todo lo que le dijo su cuñada, en esas señales femeninas que él no sabía interpretar. Y quizás ningún hombre sabía hacerlo. Estaba completamente decidido a averiguarlo. Llegó a su casa y antes de ponerse manos a la obra y llamar a Paula, se metió en la ducha para despejar su cuerpo y su mente e intentar concentrarse en lo que le diría para justificar su comportamiento matutino. Salió de la ducha y se colocó el pijama. Empezó a pasearse por el salón, con el móvil en una mano y el papel con el número de Paula en la otra. Lo primero que hizo fue grabarlo en su teléfono. Vale, ya estaba. Ahora quedaba pensar bien las palabras del discurso. Pensaba en llamarla, disculparse e invitarla un día de estos ¿A comer? ¿A tomar unas copas? ¿A cenar y unas copas? Sí, esa última opción era la más válida, la que le permitiría pasar más tiempo con ella. Sólo faltaba que ella aceptara. Bien, ya lo tenía decidido, así que pulsó su nombre en el móvil y tocó el botón de llamada. El teléfono daba tono. Dos tonos. Sonó un tercero. Llegó el cuarto. Y en el quinto tono saltó el buzón de voz. Colgó. Al cabo de unos minutos, Pedro volvió a llamarla, pero obtuvo la misma respuesta que la vez anterior. Nada. Así que por esa noche desistió en su intento y tiró el teléfono en el sofá. Se sentó a su lado, esperando a que Paula contestara a su llamada. Y entre espera y espera, se quedó dormido.
Paula ya estaba en casa. Había llamado para pedir un par de pizzas y estaba esperando a su compañera. Mientras llegaban las pizzas y su amiga, se puso cómoda y dejó su móvil en la mesita de noche, con la alarma conectada para el día siguiente. Llamaron al timbre de la puerta y Paula fue a abrir. En ese momento sonó su teléfono, pero no pudo atenderlo, estaba con el pizzero, que a su parecer, no estaba nada mal. Le entregó la cena y la dejó en la mesa, que ya estaba preparada. Por suerte Raquel no tardó en llegar, sino se habría comido la cena ella sola.
 
-¡Hola Pau! ¿Qué tal tu día?-. Le dijo dejando sus cosas en el perchero.
- Bien, y tú ¿qué tal con los suegros? Suena bien, ¿eh?
-Yo no entiendo ese tópico de la suegra. La mía es muy agradable y el suegro también-. Sonrió-. ¿Puedo preguntarte una cosa?
-Sí claro, dime-. Paula ya sabía por dónde iban los tiros.
-¿Qué ha pasado esta mañana con Pedro?
 
-Empezamos a cenar y te lo cuento, ¿vale?-. Dijo Paula, abriendo las cajas de pizza. Le contó desde que ambos llegaron al piso, con todo detalle.
-¡Si al final mi desorden va a resultar provechoso! Fíjate, si no hubieras tardado tanto en encontrar esa carpeta, no se habría dormido…y tú ¡no habrías aprovechado la oportunidad!
-Ya, pero no estés tan contenta. La idea de quedarme dormida con él fue muy buena. Lo malo vino cuando se despertó-. Dijo Paula, dando un mordisco a su trozo de pizza barbacoa.
-Lo sé. Lo vi. Está un poco raro, nunca lo había visto así. Pero ¿sabes que es lo bueno? Que el problema de que esté así, eres tú.
-¿Qué por mi culpa esta raro? ¡¿Y eso es bueno?!-. Se sorprendió Paula
-¡Claro que sí! ¿No lo ves?
-Pues no, perdóname pero no llevo las gafas y no veo el lado bueno a todo esto.
-¡¿Pero es que los dos sois tontos o es que eso de follar juntos los ha churruscado las neuronas?! -. Raquel no daba crédito. ¡Está así porque le gustas!
 
-¡¿Qué le gusto?! ¿De dónde has sacado esa ridiculez?
-De él. Se lo dijo a Fran. Y aunque él dice que no hay nada más, yo no lo acabo de creer. Mira Sara, Pedro no ha salido nunca con ninguna chica, al menos no en serio. Nunca se ha comprometido lo suficientemente. En fin, que no ha tenido nunca novia. Ha tenido amores de una noche, como mucho de un par de semanas, sobre todo cuando estaba en la universidad, pero ya está. Eso si, como ligón, se lleva la palma, pero no se ha complicado la vida con nadie. Y estoy segura de que, contigo, estaría encantado de complicársela.
Pau se quedó atónita ante las palabras de su amiga. ¡Que Pedro le había dicho a Fran que le gustaba! No se lo podía creer.
-No sé, Raquel ¡Es que es tan extraño cómo se comporta a veces conmigo! El viernes por la noche, fue todo dulzura y no sabes hasta que punto me imaginé enamorándome de un chico como él. O de él, da igual. Cuando comimos juntos estaba indeciso entre si me conocía o no, aunque he de reconocer que yo también estaba un poco descolocada. Y esta mañana, ¡puf! un auténtico engreído.
-Ya te digo yo que eso es porque le gustas, y no sabe cómo comportarse contigo. No es nada personal. Simplemente es algo que no le había pasado nunca.
-Eso espero. ¿Sabes que había pensado? Que es de la clase de persona que tiene mal despertar-. Las dos amigas rieron.
-Podríais intentar salir alguna vez juntos. Seguro que se siente fatal por lo que ha pasado y no tardará en compensarte. Y para que sepas le he dado tú teléfono.
-¿¡Qué le has dado mi número?! Bueno, no importa. ¿Te lo ha pedido él?-. Curioseó Paula
-¡Sí! ¿Es un comienzo no?
-Un buen comienzo. ¿Sabes?, creo que tenías razón cuando me dijiste eso de volver a estar en el mercado. ¡Y qué mejor que empezar por la parada de Pedro!
Acabaron de cenar y Raquel se fue hacia su habitación, a mirar su correo electrónico y a chatear con Fran, para informarle sobre lo que había hablado con Paula sobre lo ocurrido esa mañana. Pau, por su parte, se quedó recogiendo las cosas de la cena, pero con la cabeza puesta en los momentos que había pasado con Pedro. Hacía tres días que se conocían, se habían acostado, habían hablado, él se había enfadado. ¡Parecía una relación en toda regla! Terminó de limpiar la cocina y se dirigió a su cuarto. Se preparó la ropa para el día siguiente, así podía dormir un poco más. Pero no se acordó de mirar su móvil para ver quién era la persona que la había llamado antes. Al meterse en la cama, volvieron a su mente los recuerdos de Pedro.
 

1 comentario:

  1. Hola! Tu nove me ha encantdo,por fsvor no dudes en pasarmela! :D te lo ruego (? Mi TW es @mylifearepyp_ ♥ MUCHAS GRACIAS

    AMO COMO ESCRIBES Y MAS ASI EN ESPAÑOL o sea como hablan los españoles :P

    BESOS Y ESPERO EL PROXIMO CAPITULO :D

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