A las ocho de la mañana, Pedro llegó al pabellón con la bolsa de
deporte, que contenía todo el material para la maratón deportiva. Era la semana
del deporte y todos los colegios de la zona participaban en la competición.
Sólo había tres disciplinas deportivas; fútbol, baloncesto y tenis. Los
participantes eran los profesores de los diferentes colegios que estaban
apuntados y la escuela que ganara en cada una de las tres actividades, se le
otorgaba una beca para obras que requirieran en su centro educativo. Se dirigió
a la recepción del recinto para ver los horarios y sus contrincantes. Allí se
encontró con Fran, profesor de matemáticas del colegio.
-Buenos días, Fran-. Lo saludó.
-Buenos días, Pepe. Oye vaya cara tienes. ¿No has dormido bien?
- Poco. He conseguido dormir un par de horas como mucho
- ¿Y eso? ¿Te encuentras mal? Puedo llamar a otro profesor para que te supla.
-No, estoy bien, sólo que ayer salí y no debí hacerlo.
-¿Al menos lo pasaste bien?-. Preguntó Fran, intentando buscar el lado positivo.
-Estuvo más que bien-. Contestó con una tímida sonrisa.
-¿Y la responsable de que fuera más que bien fue... una chica?-. Dijo Fran, alzando las cejas.
-Sí, una chica increíble-. Respondió Pedro, volviendo a visualizar el rostro de Paula.
-¿Una chica increíble?, y ¿cómo era? Aunque bueno, conociéndote, supongo que sería una rubia guapísima, con un cuerpo de escándalo… ¿o me equivoco?
-Te equivocas por completo-. En ese momento, le detalló cómo había conocido a esa chica y lo que vino después.
- Me alegro de que tu noche fuera genial, pero si no sabes nada más de esa chica, aparte de su nombre, me temo que lo tienes difícil para volver a verla.
-¿Quién te ha dicho que quiero volver a verla?-. Dijo Pedro sorprendido.
-Vamos Pepe, pues tú, en la forma de relatarme lo que pasó, en el modo en que me has hablado de ella. Y encima no es el tipo de chica con las que acostumbras a estar. ¿Te gustó verdad?
-Fran, ¿a quién no le gusta una noche de sexo?
-No me refiero al sexo, sino a la chica…a Paula.
Pepe se quedó pensando durante un instante. Sí, claro que le había gustado esa chica, pero no podía decírselo a su amigo. ¡Era una locura! ¿Cómo iba a estar pillado por una chica a la que no conocía y con la que sólo había tenido sexo? Él no era de los que se enamoran a primera vista, pero aquello fue….
-Sí, vale lo admito, me gustó esa chica, me gustó estar con ella-. Confesó Pedro.
-¡Ayyy, que mi machote se me ha enamorado!- . Sonrió Fran, abrazando a su amigo.
-¡Quita, quita!-. Dijo Pedro apartándose de ese abrazo-. Ves, no puedo contarte nada, no te he dicho que esté enamorado de ella.
-Ya, pero nunca me habías hablado así de una chica y menos de una con la que sólo has tenido sexo. Así que vigila machote, que estás a un paso de enamorarte de ella, si no lo estás ya. Tenemos que hacer lo posible para poder encontrarla.
-Pues creo que será más fácil que encuentre a Charlize Theron, que a Paula-. Dijo Pedro irónicamente.
-¡Pues cuando la encuentres la compartimos!-. Rieron los dos.
-Venga, hombre déjate de tonterías que será mejor que vayamos a cambiarnos, que nos toca jugar en una hora-. Concluyó la conversación.
-Buenos días, Fran-. Lo saludó.
-Buenos días, Pepe. Oye vaya cara tienes. ¿No has dormido bien?
- Poco. He conseguido dormir un par de horas como mucho
- ¿Y eso? ¿Te encuentras mal? Puedo llamar a otro profesor para que te supla.
-No, estoy bien, sólo que ayer salí y no debí hacerlo.
-¿Al menos lo pasaste bien?-. Preguntó Fran, intentando buscar el lado positivo.
-Estuvo más que bien-. Contestó con una tímida sonrisa.
-¿Y la responsable de que fuera más que bien fue... una chica?-. Dijo Fran, alzando las cejas.
-Sí, una chica increíble-. Respondió Pedro, volviendo a visualizar el rostro de Paula.
-¿Una chica increíble?, y ¿cómo era? Aunque bueno, conociéndote, supongo que sería una rubia guapísima, con un cuerpo de escándalo… ¿o me equivoco?
-Te equivocas por completo-. En ese momento, le detalló cómo había conocido a esa chica y lo que vino después.
- Me alegro de que tu noche fuera genial, pero si no sabes nada más de esa chica, aparte de su nombre, me temo que lo tienes difícil para volver a verla.
-¿Quién te ha dicho que quiero volver a verla?-. Dijo Pedro sorprendido.
-Vamos Pepe, pues tú, en la forma de relatarme lo que pasó, en el modo en que me has hablado de ella. Y encima no es el tipo de chica con las que acostumbras a estar. ¿Te gustó verdad?
-Fran, ¿a quién no le gusta una noche de sexo?
-No me refiero al sexo, sino a la chica…a Paula.
Pepe se quedó pensando durante un instante. Sí, claro que le había gustado esa chica, pero no podía decírselo a su amigo. ¡Era una locura! ¿Cómo iba a estar pillado por una chica a la que no conocía y con la que sólo había tenido sexo? Él no era de los que se enamoran a primera vista, pero aquello fue….
-Sí, vale lo admito, me gustó esa chica, me gustó estar con ella-. Confesó Pedro.
-¡Ayyy, que mi machote se me ha enamorado!- . Sonrió Fran, abrazando a su amigo.
-¡Quita, quita!-. Dijo Pedro apartándose de ese abrazo-. Ves, no puedo contarte nada, no te he dicho que esté enamorado de ella.
-Ya, pero nunca me habías hablado así de una chica y menos de una con la que sólo has tenido sexo. Así que vigila machote, que estás a un paso de enamorarte de ella, si no lo estás ya. Tenemos que hacer lo posible para poder encontrarla.
-Pues creo que será más fácil que encuentre a Charlize Theron, que a Paula-. Dijo Pedro irónicamente.
-¡Pues cuando la encuentres la compartimos!-. Rieron los dos.
-Venga, hombre déjate de tonterías que será mejor que vayamos a cambiarnos, que nos toca jugar en una hora-. Concluyó la conversación.
-¡Vamos Paula, por amor de Dios!-. Dijo exasperada Raquel-. Le dije a Fran que estaríamos en el pabellón antes de las diez ¿Te falta mucho?
-No, ya estoy y no grites por favor ¡Creo que no volveré a beber más! Tengo un dolor de cabeza de cojones.
-Pues creo que merece la pena que lo tengas. Anoche llegaste algo tarde. ¿O me equivoco?
-¿Llegué tarde?, no que va.
-¿Qué no? Mira corazón, estuve esperándote hasta las tres de la mañana, que me fui a la cama y a esa hora no estabas en casa. Así que no me tomes por tonta y dime que el dolor de cabeza que tienes merece la pena.
-Bueno….
-¿Bueno?, ¿Sólo se te ocurre decir bueno? Anda, mejor será que nos vayamos y por el camino me cuentas. Me cuentas todo, todo, todo.
-Eres igual que Helena, ¡una chafardera!
-¿A ella se lo has contado?, no me lo puedo creer. Pero vaya ya veo que no me quieres- .Respondió Raquel con un tono lastimero.
-Anda, tira para el coche que te detallo lo que pasó, a ver si así me dejas en paz con mi dolor de cabeza.
Ambas se dirigieron hacia el coche, donde Raquel estuvo atenta a todos los detalles que Paula le iba describiendo. Casi se salta un semáforo en rojo de lo asombrada que estaba de la historia. Encontraron una plaza de aparcamiento cerca de la entrada principal del pabellón. Bajaron del coche y entraron al recinto.
-¡Que te acostaste con un tío al que no conocías! ¡Joder Paula que fuerte!
-¡Raquel, baja la voz!- . La regañó Paula.
-¡Es que no me lo puedo creer! ¿Estás segura que te acostaste con ese tío? Lo digo por que como bebiste….
-¡No me fastidies Raquel! ¿Cómo no me voy a acordar de algo así? Sí, me acosté con un chico al que conocí esa misma noche y me sentí mejor que bien.
-¿Y de verdad ese chico te trató tan bien? Madre mía, ¿no tendrá un hermano para mí, no?
-Como voy a saberlo. Lo único que conozco es su nombre y su cuerpo-. Rieron a carcajadas.
Raquel y Paula tomaron asiento en las graderías, justo en el momento en que salían los profesores para jugar el primer partido de futbol. Después de dos partidos, les tocó el turno a los jugadores del colegio de Pedro y Fran. Ambos salieron al terreno de juego, dispuestos a ganar el encuentro junto con sus otros compañeros.
-¡Mira, ahí está Fran! Pero qué guapo que es mi pimpollo..ummm-. Susurró Raquel
-¡Tranquila fiera que no me he traído la fregona!-. Sonrió Paula.
El partido duraba media hora, lo suficiente para que Paula se diera cuenta de que uno de esos jugadores era el chico con el que pasó la noche. Parpadeó varias veces para confirmar que ese chico era él. Se quedó mirándolo, acompañándolo de un lado a otro con la vista. Iba vestido, una pena, pero su rostro era inconfundible. Recordaba aquellos ojos, aquellos labios con tanta claridad que le dio miedo. No, no podía ser él. Pero, era él. ¿Qué hacía allí?
-Paula, ¿estás bien? Te has puesto colorada.
-Voy un momento al baño. Enseguida vuelvo.
Pau salió hacía el pasillo y allí la chica de recepción le indicó el baño. Llegó a la pica y se echó agua fría en la cara, dándose unos golpecitos en las mejillas para despertarse. Tenía que haber dormido algo más. Estaba tan cansada que sus neuronas le estaban jugando una mala pasada. Cierto era que había tenido un sexo increíble y que el chico era maravilloso, pero de eso a verlo en el sitio menos esperado….no, no podía ser. No lo había visto nunca y ahora está aquí. Tenía que volver a su asiento y mirarlo de nuevo, seguro que no era él. Seguro que no era él. ¡Maldita sea, claro que es él! ¡Dios, qué vergüenza! Y encima es compañero de Fran, el novio de mi compañera de piso. ¡Hay que joderse! Uf, a ver como salgo de esta…
-Pau, ¿qué pasa?-. Preguntó Raquel, entrando en el baño y preocupada a ver la cara humedecida de su amiga.
-Que está ahí-. Contestó sofocada.
-¿Qué está ahí? ¿A qué te refieres?-. Raquel no entendía nada
-¡Al chico de anoche, el de la discoteca, al que me tiré!
-¡¿Qué está aquí?! Y ¿quién es? ¿Dónde lo has visto?
-Está jugando el partido
-¡¿Qué?! ¿Es profesor?
-Eso parece. Es compañero de Fran-. Raquel se quedó pensando un momento, haciendo memoria de los chicos que compartían pista con Fran. Al final, abrió los ojos como platos al saber de quién hablaba.
-¡Claro es Pedro, Pedro Alfonso!
-¿Lo conoces?-. Preguntó Paula muerta de curiosidad.
-¡Y todo el género femenino también! Es todo un mujeriego, y perdóname que te diga pero me choca que se haya acostado contigo.
-¡Joder, muchas gracias por llamarme fea!-. Dijo Paula algo molesta.
-No mujer, no te lo tomes a mal. Lo digo porque no eres su tipo. Él suele salir con tías algo más…llamativas.
-No me digas nada más, que lo estás arreglando. Anda, vámonos para fuera.
Pau pensaba en las palabras que su amiga le había dicho. Aunque le habían sentado mal, sin tener un motivo aparente, sabía que eran ciertas. Ella misma había pensado que un chico como él no salía, y mucho menos se acostaba, con una chica como ella, que era de lo más normal, sin tener nada destacable en su fisionomía. Pero el hecho estaba ahí. La noche anterior había mantenido sexo con ese chico, y aunque sabía que no era posible repetirlo, se sintió desanimada.
Cuando se dirigieron a sus asientos, se dieron cuenta de que el partido ya había finalizado y sus “chicos” ya no estaban a la vista. Decidieron ir a la cafetería a tomar un café y así hablar un poco de ellos. Se acomodaron en una mesa y al poco rato aparecieron Fran y Pedro.
-¡Hola amor!-. Dijo Fran abrazando y besando a su chica.
-Hola pimpollo-. Respondió Raquel correspondiendo a su novio-. Hola Pepe
-Buenos días, Raquel.
En ese momento Pedro se fijó en la chica que acompañaba a Raquel. Se quedó sorprendido, gratamente sorprendido. No podía ser cierto, la chica de anoche estaba allí, sentada frente a él y seguía estando igual de guapa que la última vez que la vio. Se puso tan nervioso que no supo cómo actuar delante de ella y de sus amigos. O bien, hacía ver que la conocía, o todo lo contrario. Estaba guapísima. Allí estaba, sentada, con un café entre sus manos y, sin saber muy bien por qué, envidió ese café.
-Hola Paula-. La saludó Fran. Los presento. Pau el es mi amigo Pedro. Es profesor de educación física en el colegio. Y esta chica es Paula, compañera de piso de Raquel.
-Encantada de conocerte, Pedro-. Dijo Paula sonrojándose.
-Es un placer-. Le dijo mirándola fijamente a los ojos y besando sus mejillas.
Paula, si todavía era posible, se sonrojó más. Sintió el roce de sus labios y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Había salido de la ducha y olía a un aroma limpio y fresco.
-Voy a desayunar algo, estoy muerto de hambre-. Dijo Fran.
- ¿Me pides un café Fran por favor?-. Pidió Pedro.
Fran y Raquel fueron hacia la barra a pedir, dejando solos a Pedro y a Paula en la mesa.
-Qué casualidad encontrarnos aquí. ¿Qué tal estás?-. Preguntó Pedro, intentando mantener una conversación.
-Bien, gracias, ¿qué tal tú?
-Algo cansado. Ayer me acosté tarde y hoy me ha tocado madrugar-. Sonrió.
-Espero que el hecho de trasnochar fuera por placer y no por negocios-. Le devolvió Paula la sonrisa.
-Exactamente fue por eso, por placer.
Ambos se quedaron en silencio. Paula no sabía cómo interpretar esa última frase. Placer, por acostarse con ella, o simplemente por haber tenido sexo con una chica. Se sentía un poco incómoda al encontrarse allí con él, a solas, sin saber muy bien de qué hablar. Se rompió el silencio por la voz de Pedro.
-Me gusta volver a verte-. La voz de Pepe sonó sincera.
En ese momento llegaron a la mesa Raquel y Fran con los cafés e irrumpieron sus palabras. Los cuatro desayunaron y conversaron animadamente. Fran y Pedro hablaban del partido que habían jugado, contando algunas anécdotas del encuentro. Ambos reían y hacían partícipes a las chicas de sus risas. Pau no podía dejar de mirar a Pedro cuando éste sonreía. A pesar de que se le veía cansado, su cara se iluminaba cuando soltaba alguna carcajada. Podía ver mejor su rostro. Ahora con la luz del día podía apreciar sus ojos de un color avellana, que transmitían seguridad. Una mirada intensa, las facciones bien marcadas, y unos labios muy tentadores. Realmente era atractivo. Muy atractivo ¡estaba buenísimo!.
-Bueno chicas, tenemos que volver a jugar nuestro último partido de la mañana. Si ganamos, nos enfrentamos esta tarde a la final. ¿Les parece que comamos los cuatro juntos?-. Les preguntó Fran.
-¡Buena idea!- . Exclamó Pedro.
-Me parece una idea estupenda, cariño ¿Qué dices Pau, puedes quedarte?
-Bueno es que….
-Perfecto. No se hable más. Quedamos aquí en la cafetería a eso de las dos-. Sentenció Fran.
Ambos se levantaron y se despidieron de las chicas. Fran le plantó un beso a Raquel en los labios y besó en la mejilla a Paula. Pedro primero se acercó a su amiga y la besó en la cara. Pasó a despedirse de Pau, obsequiando a sus mejillas con el roce de sus labios. De una manera sensual le susurró al oído.
-Me encanta que comamos juntos. Así podré estar un rato más contigo y conocerte mejor. No te eches atrás-. Y se marchó con Fran.
Pau se quedó quieta, mirando cómo se alejaba de su lado. No esperaba aquello. Quería pasar más tiempo con ella. Se puso a pensar en la historia con Pedro. La noche anterior había estado con él en la cama. Esta mañana habían compartido desayuno y ahora iban a comer juntos. ¡Joder, esto había empezado al revés!
-Hey, Pau te has quedado muy callada- . Articuló su amiga.
-Es que todo esto es muy raro, muy extraño. ¿Sabes que me acaba de decir?, pues le apetece que comamos juntos. A este chico le falta un hervor. ¡Que sólo compartimos sexo!
- ¿Y qué? A lo mejor le gustó tanto que no pierde la oportunidad de hacérselo otra vez contigo. Además, no me niegues que te gusta…vamos Paula, se te nota en la cara.
-Está muy bueno, pero ahí queda todo. No tengo ganas de volver a complicarme la vida.
-Venga Pau, Pedro no es como el tarado de tu ex. Tienes que pasar página y rehacer tu vida. No te cierres a encontrar a alguien que te haga sentir especial. Tú, más que nadie se merece ser feliz. Además, creo que a él también le gustas. ¿Has visto como te mira?
-¡Tú siempre tan romántica! pero creo que el hecho de que estés enamorada no te deja ser objetiva, aunque claro, que si yo tuviera un chico como Fran a mi lado también me sentiría especial.
-Si quieres te lo presto.
-No gracias, lo tienes muy usado y no quiero tus sobras- . Rieron las dos.
Se dirigieron a sus asientos en las gradas, donde dentro de unos minutos daba comienzo el último partido. Los dos amigos miraron hacia los espectadores con la intención de encontrar a sus chicas. Las localizaron y saludaron. Ellas devolvieron el saludo. Pau y Pepe se miraron y sonrieron. Ella no pudo evitar que esa sonrisa la sonrojara. ¡Joder, estaba todo el día colorada! Y todo por ese chico. Le vino a la cabeza lo que había hablado minutos antes con Raquel. El tema de su ex. Hacía dos años que lo habían dejado, pero no podía dejar de pensar en el daño que le hizo. Se enamoró de él de una manera que nunca había creído posible. Y ahora, después de aquello, estaba segura de que no sería capaz de amar a nadie. Era también profesor, en este caso de idiomas, y había trabajado en el mismo colegio que Pedro. La había utilizado para obtener la plaza, y luego la dejó. La dejó porque nunca la había querido, la había engañado y ella, ilusa, se dejó engañar. Cuando le dijo que la dejaba, no sólo se conformó con dejarla, sino también la humilló, la hizo sentir inferior con sus hirientes palabras. Y con sus hechos. Si ya es difícil recomponer tu corazón cuando te abandonan, recoger tu autoestima del suelo, pesa más. Mucho más. Cuando acabó el curso escolar, su ex pidió el traslado a otro centro. Pero eso, no hizo que Paula se sintiera mejor. Pedro no tiene por qué ser igual que mi ex. ¡No claro que no!
-¡Pau, que nos ha dedicado Pedro el gol!- . Se emocionó Raquel.
-¿¡Qué!?
-Nena, ¿dónde estás? ¿Te pasa algo?
Pau le dedicó una tímida y forzada sonrisa a Pedro, que la miraba alegre.
-Estaba pensando. Raquel… ¿de verdad crees que Pedro no es como que mi ex?
-¿A qué te refieres, a si quiere conseguir algo de ti?- .Pau afirmó con la cabeza.
-No, Pepe no se parece para nada a tu ex, pero sí que quiere algo de ti…. ¡sexo!-. Rió.
-Ja, ja, ¡eres una cachonda! ¡Me parto contigo!
-Vale, vale, no te alteres. Si quieres mi opinión, no, no son iguales. Sí que es cierto que Pedro se ha tirado a todo lo que se le ha cruzado por el camino, total, no tiene que dar explicaciones a nadie. Pero de ahí a que te utilice, a que sea capaz de hacerte daño intencionadamente, no lo creo. Hace años que lo conozco, es más, él empezó a trabajar cuando tu padre buscaba a otro educador físico cuando quedó libre la vacante, así que la plaza es suya. Pau, créeme, Pedro es un buen chico y si no quisiera, como mínimo ser tu amigo, no se habría molestado ni en saludarte esta mañana. Es un chico con las ideas claras, y si una persona no le conviene, la aparta de su lado. Prefiere tener pocos y buenos amigos, que estar rodeado de falsedad.
-Tú lo conoces mejor que yo.
-Sí, pero tú lo conoces de una manera más íntima -. Raquel sonrió a su amiga.
Pau estaba un poco más relajada después de hablar con Raquel. Siempre podía contar con ella, siempre estaba ahí para escucharla, para ofrecerle su hombro, para decirle las cosas tal y como eran. Tenía suerte de haberla conocido.
Había finalizado el partido y como en el anterior, el equipo de Pepe y Fran había ganado, lo que conllevaba que después de comer, se enfrentarían a sus adversarios en la final. Ellos volvieron al vestuario, a ducharse de nuevo y cambiarse de ropa. Cuando estuvieron listos, se dirigieron hacia la cafetería, donde les esperaban dos chicas hambrientas. De comida, claro. Se encaminaron hacia un pequeño restaurante del barrio, que estaba ubicado a dos manzanas del pabellón, y donde por suerte servían menú. Se sentaron, ojearon la carta y pidieron sus platos.
-Oye Pau, ¿tu padre no va ha hacer acto de presencia?-. Le preguntó Fran.
-Hablé ayer con él. Me dijo que tenía que ayudar a mi madre en la librería por la mañana, pero que después de comer vendrían para aquí. Los tres.
-¿No me digas que Carla viene? Joder, hace tanto tiempo que no la veo. Estará enorme- .Dijo Raquel emocionada.
-Ha crecido un montón. Además está guapísima.
-Menos mal que en eso no se parece a ti-. Guiñó un ojo Fran a Paula.
-¡Serás asqueroso!-. Paula hizo una pelota con una servilleta y se la tiró a la cara. Eso sí, con una sonrisa.
Pedro no acababa de entrar en la conversación. No tenía ni idea de quién era el padre de Paula, ni por qué tenía que venir. ¿Y quién era esa Carla? Tenía esas preguntas en la cabeza, pero lo que realmente le interesaba era ver el buen ambiente que había en la mesa. Estaba claro que entre ellos tres había una buena relación. Eran buenos amigos. Y seguro que se querían muchísimo. Cada minuto que pasaba con ellos, se daba cuenta que los tres formaban un bloque con buenos cimientos. Y si sus amigos apreciaban a Paula, no podían equivocarse a la hora de afirmar que era una chica increíble. Él también lo creía. No, no lo creía, estaba seguro. Terminaron de comer y cuando llegó la cuenta, Pedro no lo dudó un instante e invitó a Paula. Ella al principio se opuso, pero él, cabezota como era, no dio su brazo a torcer. Ella le susurró al oído un gracias, haciendo que Pedro se estremeciera, no por esa palabra, sino por sentirla tan cerca. Salieron del restaurante y los cuatros caminaban en dirección al pabellón. Al girar la esquina, se encontraron con los padres de Paula y su hermana Carla. La pequeña fue la primera en verlos.
-¡Hola Pau!-. Gritó la pequeña, que salió corriendo a los brazos de Paula
-¡Hola bombón!-. Contestó ella con una amplia sonrisa y alzando a su hermana en brazos, que le dio un fuerte beso. La pequeña siguió abrazada a ella, mientras avanzaban en dirección a sus padres. Raquel y Fran saludaron a Ricardo y a María, los padres de Paula. Ricardo saludó a Pedro, que ya se conocían del colegio y le presentó a su mujer.
-Es un placer conocerla, María-. Saludó Pedro.
-Hola ma, hola pa-. Dijo Pau salidando a sus padres.
-Hola cariño, ¿cómo estás? Pareces cansada-. Preguntó su madre.
-Estoy bien ma, no te preocupes.-. Ay, las madres, siempre preocupándose más de la cuenta de sus hijos.
-¿Sabes una cosa Paula?-. Interrumpió su hermanita. Esta mañana en la librería ¿a qué no sabes qué había? ¡Un montón de libros nuevos de las monsters girls!
-¡Uy, si ya lo creo!, pero ¿has podido ojearlos?, mira que la dueña de
la tienda no deja hacer esas cosas…
-¡Pero qué tonta eres!, ¡si la dueña de la tienda es mama! ¡Pues claro que me ha dejado verlos!-. Contestó la niña, sin entender la ironía del comentario de su hermana. -¿Tú eres el novio de mi hermana?-. Preguntó Carla dirigiéndose hacia Pedro, que se quedó algo parado ante la pregunta de la niña.
-Eh, pues verás…
-No, bomboncito, Pedro no es mi novio-. Sentenció Paula.
-¿Por qué no? ¿No te gusta mi hermana? ¿Es fea?-. Miró Carla a Pedro, esperando una respuesta.
“Joder, con la niña”.
-Muy bien señorita, así que soy fea. ¡Pues ahora te vas a ver!-. Paula empezó a hacerle cosquillas a su hermana. Ésta no paraba de soltar carcajadas. -Vamos a ver si es verdad eso que dices- .Paula y Carla se pararon delante del retrovisor de un coche que había aparcado-. A ver, listilla, nos miramos en el espejo y me dices quien de las dos es más guapa-. Carla no lo dudó.
-Yo
-¡Estoy de acuerdo! He de reconocer que soy fea. Has ganado
-Pero a mí no me importa que seas fea, yo te quiero igual- .Todos escucharon la confesión que hizo la niña y no pudieron evitar sonreír tiernamente. Paula notaba que se emocionaba. Quería a su hermana con locura y le encantaba que fuera tan sincera y que dijera abiertamente todo lo que se le pasaba por la cabeza. Es lo bueno que tienen los niños, que no ocultan sus sentimientos.
-Yo también te quiero mucho, bomboncito- . Le dio un beso-. Pero ahora bájate y camina, que me estás destrozando la espalda.
Entraron en el recinto, donde en pocos minutos daría inicio el partido final. Fran y Pedro se despidieron y se dirigieron hacia la pista para empezar el encuentro. Ricardo se marchó también, para hablar con el encargado de la organización del evento. Así que se quedaron las mujeres solas. Y claro, la curiosidad mató al gato. O en este caso a María.
-Bueno, chicas, cuéntenme ¿y ese caramelito de Pedro de dónde ha salido? Y ya sé que es compañero de Fran, pero quiero otros detalles-. María hizo el signo de comillas con sus dedos para señalar estas dos últimas palabras.
-¡Mamá!-. Se escandalizó Paula.
-¡¿Qué pasa?! ¿No me negarás que está muy bien esculpido el muchacho?
-¡No me puedo creer lo que estoy oyendo! ¿Desde cuándo hablas así?-.Paula estaba alucinando.
-¡Ay, hija que antigua eres! –. Sonrió María, que la escena le divertía.
Para arreglar la cosa estaba Raquel, la que faltaba.
-Pues yo te cuento María. Anoche tu hija conoció y se acostó con ese muchacho bien esculpido, como tú lo llamas. Y dos veces. Y, casualidades, él está hoy aquí.
-¡Joder Raquel, muchas gracias por la brevedad de la historia! ¡Qué está mi hermana pequeña, por Dios!-. Paula se sentía desnuda ante aquella confesión de su amiga. Vale que tuviera confianza con su madre, pero decirle que se había acostado con un chico la primera noche que lo conocía, no era buena idea.
-¡Pero qué tonta eres!, ¡si la dueña de la tienda es mama! ¡Pues claro que me ha dejado verlos!-. Contestó la niña, sin entender la ironía del comentario de su hermana. -¿Tú eres el novio de mi hermana?-. Preguntó Carla dirigiéndose hacia Pedro, que se quedó algo parado ante la pregunta de la niña.
-Eh, pues verás…
-No, bomboncito, Pedro no es mi novio-. Sentenció Paula.
-¿Por qué no? ¿No te gusta mi hermana? ¿Es fea?-. Miró Carla a Pedro, esperando una respuesta.
“Joder, con la niña”.
-Muy bien señorita, así que soy fea. ¡Pues ahora te vas a ver!-. Paula empezó a hacerle cosquillas a su hermana. Ésta no paraba de soltar carcajadas. -Vamos a ver si es verdad eso que dices- .Paula y Carla se pararon delante del retrovisor de un coche que había aparcado-. A ver, listilla, nos miramos en el espejo y me dices quien de las dos es más guapa-. Carla no lo dudó.
-Yo
-¡Estoy de acuerdo! He de reconocer que soy fea. Has ganado
-Pero a mí no me importa que seas fea, yo te quiero igual- .Todos escucharon la confesión que hizo la niña y no pudieron evitar sonreír tiernamente. Paula notaba que se emocionaba. Quería a su hermana con locura y le encantaba que fuera tan sincera y que dijera abiertamente todo lo que se le pasaba por la cabeza. Es lo bueno que tienen los niños, que no ocultan sus sentimientos.
-Yo también te quiero mucho, bomboncito- . Le dio un beso-. Pero ahora bájate y camina, que me estás destrozando la espalda.
Entraron en el recinto, donde en pocos minutos daría inicio el partido final. Fran y Pedro se despidieron y se dirigieron hacia la pista para empezar el encuentro. Ricardo se marchó también, para hablar con el encargado de la organización del evento. Así que se quedaron las mujeres solas. Y claro, la curiosidad mató al gato. O en este caso a María.
-Bueno, chicas, cuéntenme ¿y ese caramelito de Pedro de dónde ha salido? Y ya sé que es compañero de Fran, pero quiero otros detalles-. María hizo el signo de comillas con sus dedos para señalar estas dos últimas palabras.
-¡Mamá!-. Se escandalizó Paula.
-¡¿Qué pasa?! ¿No me negarás que está muy bien esculpido el muchacho?
-¡No me puedo creer lo que estoy oyendo! ¿Desde cuándo hablas así?-.Paula estaba alucinando.
-¡Ay, hija que antigua eres! –. Sonrió María, que la escena le divertía.
Para arreglar la cosa estaba Raquel, la que faltaba.
-Pues yo te cuento María. Anoche tu hija conoció y se acostó con ese muchacho bien esculpido, como tú lo llamas. Y dos veces. Y, casualidades, él está hoy aquí.
-¡Joder Raquel, muchas gracias por la brevedad de la historia! ¡Qué está mi hermana pequeña, por Dios!-. Paula se sentía desnuda ante aquella confesión de su amiga. Vale que tuviera confianza con su madre, pero decirle que se había acostado con un chico la primera noche que lo conocía, no era buena idea.
Acabó el partido, con empate, así
que se disputó la prórroga. No consiguió ningún equipo marcar un gol para
deshacer el empate, y pasaron a los penaltis. Al final ganaron sus chicos. En
las otras disciplinas, la de baloncesto y tenis, no tuvieron tanta suerte.
Ricardo, como director del centro escolar, recogió el cheque que había ganado
el equipo de fútbol y se marcharon. Quedaron en llevar al cine a la pequeña. Se
despidieron de la familia de Paula y Fran y Pedro, otra vez, se fueron hacia
las duchas. En las gradas quedaron Raquel y Paula, esperando poder irse ya de
allí. Habían pasado todo el día en aquel sitio y ahora, a las siete de la
tarde, Pau estaba agotadísima, no por el hecho de haber madrugado, sino de
todas las emociones y sorpresas que le había reparado el día. Llegaron los
chicos, ya duchados y con sus bolsas de deporte, dispuestos a salir de aquel
sitio.
-Y bien, cariño, ¿vienes a pasar la noche conmigo? Ayer me dejaste solito y hoy no te escapas-. Suplicó Fran a Raquel.
-Me gusta tu propuesta, pero he de llevar a Pau a casa. Hemos venido con mi coche.
-Por mí no te preocupes, Raquel, yo cojo el metro para ir a casa. En serio, no pasa nada.
-Si no te importa, puedo acercarte yo. Tengo el coche aquí fuera aparcado-. Comentó Pedro, con ansias de que Paula le dijera que sí, y así, compartir un rato más con ella.
Raquel no la dejó contestar.
-¡Muy buena idea Pepe! , problema resuelto. Bueno chicos, nos marchamos-. Fran y Raquel se despidieron, no sin antes, decirle ésta última algo a su amiga.
-¡Se buena!
Se quedaron solos y se encaminaron hacia el coche de Pedro. Subieron y Paula le indicó la dirección. Acto seguido se pusieron en camino.
A pesar de haber pasado unas horas con él durante todo ese día, se sentía incómoda, sin saber cómo actuar, ni qué decir. Pepe podía notar el malestar que a ella le producía quedarse a solas con él. Habló para intentar tranquilizarla y romper ese molesto silencio.
-Paula, no te sientas incomoda conmigo.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Te noto tensa. Llevas así todo el día, excepto cuando has estado con tu hermana. En ese momento te he visto relajada, siendo tú misma-. La descubrió Pedro.
-Me ha sorprendido mucho encontrarte aquí hoy después de lo que pasó anoche entre nosotros. No sé cómo comportarme, como tratarte. Nunca me había pasado.
-Trátame como a un amigo, como haces con Fran, aunque sé que acabamos de conocernos. Y en cuanto a ti, pues sé tú misma. Me gusta la Paula que he visto juguetona con su hermana. No tienes que ser otra persona. Sólo sé tú.
No había perdido el encanto que la cautivó la noche pasada. Cuando hablaba con ella lo hacía con un tono suave, y eso la tranquilizaba y la estremecía.
-Tienes razón. Lo siento.
-No te disculpes. Ha sido un día largo.
-Y raro. Y lleno de casualidades-. Dijo ella intentando suavizar el ambiente.
-¡Ya lo creo! A ver si lo he captado. Tu padre es mi jefe-. Afirmó ella con la cabeza-. Fran es mi compañero de trabajo y a la vez es el novio de tu compañera de piso-. Volvió a afirmar.
-Veo que eres listo, lo has entendido a la primera-. Sonrió Paula.
-Sí, pero me falta encajar a tu madre y a tu hermana.
-Pues mi hermana estudia en otro colegio y mi madre es la dueña de una librería.
-Se acabaron las coincidencias-. Comentó Pedro. Pau movió la cabeza en un gesto afirmativo.
En ese momento sonó el teléfono de Pedro. Era Fran quien llamaba. Como iba conduciendo, puso el manos libres.
-Hola Fran, dime
-Hola Pepe. Oye, ¿ya has dejado a Paula en su casa?
-No, vamos en el coche, de camino. ¿Por qué?
-Te lo digo porque me dejé en su casa la carpeta con los horarios de clase de la semana que viene y los necesito. Creo que está en la habitación de Raquel. ¿Te importaría llevártelos a tu casa y me los das el lunes por la mañana?
-De acuerdo, ningún problema.
-Así tienes excusa para subir a su casa y estar un rato más con ella y…-. Fran no pudo terminar la frase, su amigo lo cortó.
-Fran, llevo el manos libres y te recuerdo que Paula va conmigo en el coche.
-¡Hola Fran!-. Lo saludó Pau
-Hola Paula-. Dijo Fran algo avergonzado-. Bueno, antes de meter más la pata, los dejo, que mi chica me espera impaciente
-Buenas noches, Casanova.
-Buenas noches parejita-. Y colgó el teléfono.
Se produjo otro momento de silencio. Igual de incómodo que el anterior, pero en este caso, Pau no pensó en lo que había dicho su amigo, sino en pasar un rato más junto a Pedro. Sabía que si subía a casa, le entregaría la carpeta y él se iría enseguida. No había de qué preocuparse. ¿O sí? Paula fue la que habló en ese momento.
-Puedes subir a casa si quieres mientras busco la carpeta de Fran. Conociendo a Raquel y cómo tiene su habitación, es posible que tarde horas en encontrarla.
-¡Vaya! Hace tiempo que conozco a Raquel y no sabía que el desorden formara parte de su vida.
-Ella dice que es su orden desordenado. Pero no voy a enseñártelo cuando subas. Su habitación puede estar convertida en un campo muy peligroso. Una zona de alto riesgo-. Rió Paula.
Pedro giró la cara hacia su copiloto y también rió. Se alegraba de que ella lo hubiese invitado a subir a su casa y no le diera más importancia. Ahora la notaba mucho más relajada, más cómoda con su presencia, e incluso se atrevía a hacer bromas y sonreír. Pudo admirarla de perfil. Era una chica guapa. Mirándola de frente, de perfil, su rostro era bonito. Un rostro dulce, delicado, que iba acompañado de unos ojos intensos y una mirada arrolladora. Se podría pasar el día entero mirándola, sin hacer nada más. No comprendía nada de lo que le estaba pasando, pero cada vez le gustaba más estar con ella. Y aunque ella se mostraba con él un tanto distante, notaba que el hielo se iba derritiendo.
Llegaron a la calle donde vivía Paula y tuvieron suerte de encontrar un aparcamiento, ya que en ese momento salía un coche que estaba aparcado justo enfrente del portal de su casa. Pedro dejó allí el coche y acompañó a Sara a su piso. Abrió la puerta del portal y se dirigieron hacia el ascensor.
-Vivo en un quinto piso, así que mejor cogemos el ascensor.
-Buena idea. No creo que pueda subir ni un peldaño más.
-Has tenido un día agotador con tanto partido y ahora te mereces un descanso-. Pau le habló en tono suave.
Llegó el ascensor y subieron. Iban los dos solos. Sus miradas se encontraron y Pedro no pudo evitar decir lo que hacía rato le rondaba por la cabeza.
-No eres fea- . Soltó
-¿Cómo dices?- . Dijo Pau sorprendida.
-No eres fea-. Volvió a repetir-. Tu hermana me ha preguntado esta mañana si eres fea. Esa es mi respuesta, no, no eres fea. En absoluto-. Paula se puso como un tomate.
-Gracias por el cumplido-. Dijo finalmente.
-No es un cumplido, es la verdad.
El ascensor sonó cuando llegó a la quinta planta y ambos lo abandonaron. Paula abrió la puerta y accedieron a su piso. Pedro se quedo mirándola. Era un piso pequeñito, no como el suyo, que era demasiado espacioso y más para una sola persona. La entrada daba directamente al comedor con cocina americana de madera, equipada y recogida. El comedor era un espacio acogedor, con un sofá de color azul. Había un gran cuadro de Nueva York colgado encima del sofá. Era una foto que había tomado Pau cuando fue de vacaciones con Raquel. Una foto hecha desde el Rockefeller Center y desde donde se podía apreciar el famoso Empire State y al fondo la figura de la Estatua de la Libertad. Añoraba mucho ese lugar, ¡le había encantado! Y quizás algún año volvería a repetir la experiencia. Un minúsculo mueble albergaba el televisor. Encima, había un estante lleno de libros, todos del mismo género, de novela negra.
-Son todos míos-. Le dijo Paula al ver que Pedro los miraba
-¿A sí?, ¿y ya has descubierto cómo es el asesinato perfecto?
-Todavía no, pero si quieres mostrarte voluntario para el experimento…-. Sonrió Paula, a la vez que le guiñaba un ojo.
-Creo que he captado la indirecta- . Le devolvió el guiño.
Pau colgó su bolso y su chaqueta en un perchero que había en la entrada. Pepe hizo lo mismo con su abrigo. Iba a dirigirse hacia la habitación de Raquel, para buscar la carpeta de Fran, pero antes le dijo a Pedro que se pusiera cómodo. La vio desaparecer por el pasillo, mientras él tomaba asiento en el sofá, que encontraba cómodo y se relajó un poco. Empezaba a notar que esa relajación le estaba haciendo efecto porque le costaba horrores mantener los ojos abiertos. “¡Mierda, Pedro, no te duermas!” Pero entre que Paula tardaba en regresar, o eso creía, y lo a gusto que estaba, sucumbió al cansancio y cerró los ojos.
Pau seguía en el cuarto de su compañera, buscando la dichosa carpeta que no encontraba por ninguna parte. Miró encima de la cama, en la mesita, en los cajones, en el escritorio, y nada. Le dio por mirar debajo de la cama y ¡allí estaba! ¡¿Cómo cojones había llegado hasta ahí?! Mejor no pensarlo. Así que la cogió y fue directa al comedor.
-¡La he encontrado!- . Exclamó alzando el trofeo.
No obtuvo respuesta. Se acercó hacia el sofá, donde estaba Pedro y lo vio durmiendo plácidamente. No quiso despertarlo. Era tan tierno verlo ahí, dormido, que le daban ganas de abrazarlo y dormir junto a él. ¿Y por qué no hacerlo?, total, estaba en su casa. Cogió la manta que tenía al lado y se la pasó por encima, tapando su cuerpo. Antes de dormir con él, Pau fue hacia el baño, se duchó y se puso unos pantalones de deporte con una sudadera. Esperaba no haberlo despertado con el ruido del baño. Cuando se acercó, comprobó que seguía dormido como un bebé. Con mucho cuidado, se tumbó a su lado, y se acurrucó bajo la manta. Le pasó un brazo por la cintura, quedando así abrazada a él. Podía escuchar los latidos de su corazón, su respiración regular, oler el aroma de su piel. Creo que puedo acostumbrarme a esto.
Y, como la noche anterior, volvió a dormirse pensando en el. Aunque esta vez, él estaba con ella.
-Y bien, cariño, ¿vienes a pasar la noche conmigo? Ayer me dejaste solito y hoy no te escapas-. Suplicó Fran a Raquel.
-Me gusta tu propuesta, pero he de llevar a Pau a casa. Hemos venido con mi coche.
-Por mí no te preocupes, Raquel, yo cojo el metro para ir a casa. En serio, no pasa nada.
-Si no te importa, puedo acercarte yo. Tengo el coche aquí fuera aparcado-. Comentó Pedro, con ansias de que Paula le dijera que sí, y así, compartir un rato más con ella.
Raquel no la dejó contestar.
-¡Muy buena idea Pepe! , problema resuelto. Bueno chicos, nos marchamos-. Fran y Raquel se despidieron, no sin antes, decirle ésta última algo a su amiga.
-¡Se buena!
Se quedaron solos y se encaminaron hacia el coche de Pedro. Subieron y Paula le indicó la dirección. Acto seguido se pusieron en camino.
A pesar de haber pasado unas horas con él durante todo ese día, se sentía incómoda, sin saber cómo actuar, ni qué decir. Pepe podía notar el malestar que a ella le producía quedarse a solas con él. Habló para intentar tranquilizarla y romper ese molesto silencio.
-Paula, no te sientas incomoda conmigo.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Te noto tensa. Llevas así todo el día, excepto cuando has estado con tu hermana. En ese momento te he visto relajada, siendo tú misma-. La descubrió Pedro.
-Me ha sorprendido mucho encontrarte aquí hoy después de lo que pasó anoche entre nosotros. No sé cómo comportarme, como tratarte. Nunca me había pasado.
-Trátame como a un amigo, como haces con Fran, aunque sé que acabamos de conocernos. Y en cuanto a ti, pues sé tú misma. Me gusta la Paula que he visto juguetona con su hermana. No tienes que ser otra persona. Sólo sé tú.
No había perdido el encanto que la cautivó la noche pasada. Cuando hablaba con ella lo hacía con un tono suave, y eso la tranquilizaba y la estremecía.
-Tienes razón. Lo siento.
-No te disculpes. Ha sido un día largo.
-Y raro. Y lleno de casualidades-. Dijo ella intentando suavizar el ambiente.
-¡Ya lo creo! A ver si lo he captado. Tu padre es mi jefe-. Afirmó ella con la cabeza-. Fran es mi compañero de trabajo y a la vez es el novio de tu compañera de piso-. Volvió a afirmar.
-Veo que eres listo, lo has entendido a la primera-. Sonrió Paula.
-Sí, pero me falta encajar a tu madre y a tu hermana.
-Pues mi hermana estudia en otro colegio y mi madre es la dueña de una librería.
-Se acabaron las coincidencias-. Comentó Pedro. Pau movió la cabeza en un gesto afirmativo.
En ese momento sonó el teléfono de Pedro. Era Fran quien llamaba. Como iba conduciendo, puso el manos libres.
-Hola Fran, dime
-Hola Pepe. Oye, ¿ya has dejado a Paula en su casa?
-No, vamos en el coche, de camino. ¿Por qué?
-Te lo digo porque me dejé en su casa la carpeta con los horarios de clase de la semana que viene y los necesito. Creo que está en la habitación de Raquel. ¿Te importaría llevártelos a tu casa y me los das el lunes por la mañana?
-De acuerdo, ningún problema.
-Así tienes excusa para subir a su casa y estar un rato más con ella y…-. Fran no pudo terminar la frase, su amigo lo cortó.
-Fran, llevo el manos libres y te recuerdo que Paula va conmigo en el coche.
-¡Hola Fran!-. Lo saludó Pau
-Hola Paula-. Dijo Fran algo avergonzado-. Bueno, antes de meter más la pata, los dejo, que mi chica me espera impaciente
-Buenas noches, Casanova.
-Buenas noches parejita-. Y colgó el teléfono.
Se produjo otro momento de silencio. Igual de incómodo que el anterior, pero en este caso, Pau no pensó en lo que había dicho su amigo, sino en pasar un rato más junto a Pedro. Sabía que si subía a casa, le entregaría la carpeta y él se iría enseguida. No había de qué preocuparse. ¿O sí? Paula fue la que habló en ese momento.
-Puedes subir a casa si quieres mientras busco la carpeta de Fran. Conociendo a Raquel y cómo tiene su habitación, es posible que tarde horas en encontrarla.
-¡Vaya! Hace tiempo que conozco a Raquel y no sabía que el desorden formara parte de su vida.
-Ella dice que es su orden desordenado. Pero no voy a enseñártelo cuando subas. Su habitación puede estar convertida en un campo muy peligroso. Una zona de alto riesgo-. Rió Paula.
Pedro giró la cara hacia su copiloto y también rió. Se alegraba de que ella lo hubiese invitado a subir a su casa y no le diera más importancia. Ahora la notaba mucho más relajada, más cómoda con su presencia, e incluso se atrevía a hacer bromas y sonreír. Pudo admirarla de perfil. Era una chica guapa. Mirándola de frente, de perfil, su rostro era bonito. Un rostro dulce, delicado, que iba acompañado de unos ojos intensos y una mirada arrolladora. Se podría pasar el día entero mirándola, sin hacer nada más. No comprendía nada de lo que le estaba pasando, pero cada vez le gustaba más estar con ella. Y aunque ella se mostraba con él un tanto distante, notaba que el hielo se iba derritiendo.
Llegaron a la calle donde vivía Paula y tuvieron suerte de encontrar un aparcamiento, ya que en ese momento salía un coche que estaba aparcado justo enfrente del portal de su casa. Pedro dejó allí el coche y acompañó a Sara a su piso. Abrió la puerta del portal y se dirigieron hacia el ascensor.
-Vivo en un quinto piso, así que mejor cogemos el ascensor.
-Buena idea. No creo que pueda subir ni un peldaño más.
-Has tenido un día agotador con tanto partido y ahora te mereces un descanso-. Pau le habló en tono suave.
Llegó el ascensor y subieron. Iban los dos solos. Sus miradas se encontraron y Pedro no pudo evitar decir lo que hacía rato le rondaba por la cabeza.
-No eres fea- . Soltó
-¿Cómo dices?- . Dijo Pau sorprendida.
-No eres fea-. Volvió a repetir-. Tu hermana me ha preguntado esta mañana si eres fea. Esa es mi respuesta, no, no eres fea. En absoluto-. Paula se puso como un tomate.
-Gracias por el cumplido-. Dijo finalmente.
-No es un cumplido, es la verdad.
El ascensor sonó cuando llegó a la quinta planta y ambos lo abandonaron. Paula abrió la puerta y accedieron a su piso. Pedro se quedo mirándola. Era un piso pequeñito, no como el suyo, que era demasiado espacioso y más para una sola persona. La entrada daba directamente al comedor con cocina americana de madera, equipada y recogida. El comedor era un espacio acogedor, con un sofá de color azul. Había un gran cuadro de Nueva York colgado encima del sofá. Era una foto que había tomado Pau cuando fue de vacaciones con Raquel. Una foto hecha desde el Rockefeller Center y desde donde se podía apreciar el famoso Empire State y al fondo la figura de la Estatua de la Libertad. Añoraba mucho ese lugar, ¡le había encantado! Y quizás algún año volvería a repetir la experiencia. Un minúsculo mueble albergaba el televisor. Encima, había un estante lleno de libros, todos del mismo género, de novela negra.
-Son todos míos-. Le dijo Paula al ver que Pedro los miraba
-¿A sí?, ¿y ya has descubierto cómo es el asesinato perfecto?
-Todavía no, pero si quieres mostrarte voluntario para el experimento…-. Sonrió Paula, a la vez que le guiñaba un ojo.
-Creo que he captado la indirecta- . Le devolvió el guiño.
Pau colgó su bolso y su chaqueta en un perchero que había en la entrada. Pepe hizo lo mismo con su abrigo. Iba a dirigirse hacia la habitación de Raquel, para buscar la carpeta de Fran, pero antes le dijo a Pedro que se pusiera cómodo. La vio desaparecer por el pasillo, mientras él tomaba asiento en el sofá, que encontraba cómodo y se relajó un poco. Empezaba a notar que esa relajación le estaba haciendo efecto porque le costaba horrores mantener los ojos abiertos. “¡Mierda, Pedro, no te duermas!” Pero entre que Paula tardaba en regresar, o eso creía, y lo a gusto que estaba, sucumbió al cansancio y cerró los ojos.
Pau seguía en el cuarto de su compañera, buscando la dichosa carpeta que no encontraba por ninguna parte. Miró encima de la cama, en la mesita, en los cajones, en el escritorio, y nada. Le dio por mirar debajo de la cama y ¡allí estaba! ¡¿Cómo cojones había llegado hasta ahí?! Mejor no pensarlo. Así que la cogió y fue directa al comedor.
-¡La he encontrado!- . Exclamó alzando el trofeo.
No obtuvo respuesta. Se acercó hacia el sofá, donde estaba Pedro y lo vio durmiendo plácidamente. No quiso despertarlo. Era tan tierno verlo ahí, dormido, que le daban ganas de abrazarlo y dormir junto a él. ¿Y por qué no hacerlo?, total, estaba en su casa. Cogió la manta que tenía al lado y se la pasó por encima, tapando su cuerpo. Antes de dormir con él, Pau fue hacia el baño, se duchó y se puso unos pantalones de deporte con una sudadera. Esperaba no haberlo despertado con el ruido del baño. Cuando se acercó, comprobó que seguía dormido como un bebé. Con mucho cuidado, se tumbó a su lado, y se acurrucó bajo la manta. Le pasó un brazo por la cintura, quedando así abrazada a él. Podía escuchar los latidos de su corazón, su respiración regular, oler el aroma de su piel. Creo que puedo acostumbrarme a esto.
Y, como la noche anterior, volvió a dormirse pensando en el. Aunque esta vez, él estaba con ella.
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